Armando Mayorga. 2 septiembre

No se coma el cuento de una página en Internet con el eslogan “La información veraz e inmediata es un derecho. ¡No pague por ella!”. Farsa. Mentira.

En esta era de medios digitales, los ingresos por publicidad difícilmente dan para costear todas las operaciones —y lo remarco— de un medio de comunicación profesional con información veraz.

En Costa Rica, en América, en Europa, casi ningún medio de comunicación digital, insisto, de prestigio, se financia solo con anuncios. Lo hacen, paralelamente, y principalmente, con el modelo de suscripción, mediante el cual el lector paga con la promesa de recibir, a cambio, información de excelente calidad.

¿Se acuerda cuando comenzó CNN? ¿Quién dijo que era o es gratuito? Desde 1980, hace 40 años, solo quien pague la suscripción a un proveedor de TV accede a su información. Quien no esté suscrito está fuera del mundo CNN.

The Wall Street Journal comenzó a cobrar suscripciones en 1996; The New York Times, en el 2011, y le siguieron The Washington Post y más medios reconocidos que cobran porque ese es el sustento del periodismo independiente, crítico, veraz y profesional.

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No más ensayos

El diario español El País, por muchos años gratuito, dio el paso el 1.° de mayo del 2020. Cobra un euro el primer mes y 10 a partir del siguiente, y fue claro al explicar por qué: “Con el objetivo de hacer sostenible para el futuro un periodismo profesional, de alta calidad y con alcance global”.

En América Latina la estrategia comenzó en México en el 2003, con Reforma; pasó a Brasil, en el 2011 con Folha de S. Paulo; y llegó a Costa Rica, en el 2015, con La Nación.

Lo remarco: hacer buen periodismo cuesta dinero, y la publicidad digital es insuficiente para costear salarios de profesionales en periodismo, fotografía, diseño e informática. Igualmente, la innovación, exclusividad y, sobre todo, la denuncia y la independencia, valen el pago.

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Favorcitos a sectores

Además, en esta era de medios digitales, el financiamiento debe ser diáfano. En ese sentido, el cobro por suscripción transparenta la operación porque el lector tiene claro quién financia.

Cuando no hay cobro, cuando hay mensajes panfletarios —como “no pague por ella”—, ponga en duda quién está detrás. Es una farsa.

amayorga@nacion.com