Juan Diego Córdoba González. 20 marzo
Algunos negocios en San José siguen abiertos. Johan Usme (iz)q y Lester Mezade la tienda Todo a Mil y Más usan guantes y mascaras para atender los clientes. Foto Jeffrey Zamora
Algunos negocios en San José siguen abiertos. Johan Usme (iz)q y Lester Mezade la tienda Todo a Mil y Más usan guantes y mascaras para atender los clientes. Foto Jeffrey Zamora

Tienen temor de enfermarse, pero la necesidad de llevar el sustento a sus hogares lo supera.

Son dependientes de locales, comerciantes, choferes taxi, vendedores de lotería y hasta trabajadores de plataformas digitales de entrega de comida.

Algunos no tienen seguro ni sueldo mínimo, son del sector informal. Sin embargo, también hay asalariados de instituciones públicas o de empresas privados, pero que tienen puestos no teletrabajables.

En esas condiciones se encuentran operadores de manufactura, oficiales de seguridad y encargados de servicio al cliente. Ellos dependen de las directrices de sus jefes directos, de sus patronos o de las empresas que intentan no apagar su producción ante la afectación económica que eso representaría.

Algunos de estos trabajadores que salen pese al llamado de permanecer en casa para evitar contagios del nuevo coronavirsus,cuentan su realidad y las medidas que toman.

Enrique Granera es administrador de la tienda TyN en avenida segunda de San José. Según él, no cerrarán la tienda hasta que no haya una orden sanitaria, pues del trabajo sale el salario diario de todos los colaboradores. Fotografía: Jeffrey Zamora
Enrique Granera es administrador de la tienda TyN en avenida segunda de San José. Según él, no cerrarán la tienda hasta que no haya una orden sanitaria, pues del trabajo sale el salario diario de todos los colaboradores. Fotografía: Jeffrey Zamora
Enrique Granera - administrador de tienda

“Sería muy grave cerrar, porque usted sabe que de los clientes nosotros sacamos el salario de todos y tenemos que tener abierto hasta que, quizás, den la orden de un cierre o algo así.

“Nosotros tratamos de llevar esto con calma, protegiendo a nuestros clientes y a nuestros empleados.Le estamos aplicando gel antibacterial a los clientes que entren a la tienda. Igual el personal está con mascarillas y nos aplicamos el gel antibacterial, así para evitar cualquier contagio e incluso para proteger a nuestros clientes”.

Kimberly Montoya es vendedora de lotería en San José. Asegura sentir temor, pero se mantiene en su puesto pues necesita llevar comida a su casa. Fotografía: Jeffrey Zamora.
Kimberly Montoya es vendedora de lotería en San José. Asegura sentir temor, pero se mantiene en su puesto pues necesita llevar comida a su casa. Fotografía: Jeffrey Zamora.
Kimberly Montoya - vendedora de lotería

“Aquí constantemente me lavo las manos, me aplico alcohol en gel, verdad. Ya no me expongo a comer mucho afuera, prefiero traer mi comida desde la casa, para evitar comprar comida que pueda estar contaminada. Acá tenemos comunicación con la gente, pero ya no tenemos el afecto de antes.

“Obvio que me preocupa y me asusta. Uno está muy expuesto pero, o sea, nosotros no podemos llevar el teletrabajo a la casa, pero tenemos que llevar el sustento a nuestra casa. De querer, diay, yo quisiera estar en mi casa, pero allá cuatro personas dependen de mí. La Junta de Protección Social (JPS) dice que es un bien social para las personas, pero no está haciéndole un bien social al vendedor de lotería”.

Edwin Flores de 65 años piensa cerrar la semana entrante si se eleva la alerta, pero sostiene que necesita los ingresos de su trabajo para mantener su hogar. Fotografía: Jeffrey Zamora
Edwin Flores de 65 años piensa cerrar la semana entrante si se eleva la alerta, pero sostiene que necesita los ingresos de su trabajo para mantener su hogar. Fotografía: Jeffrey Zamora
Edwin Flores - comerciante

“Si no vengo a trabajar ¿cómo hago para pagar la casa, la luz y el agua? Entonces tengo que estar viniendo. Yo tengo 65 años y de mí dependen mi esposa y un hijo.

“Tengo que confesarle que creo que el lunes ya no vengo más, porque si la alerta se incrementa uno no va a poder venir a trabajar, porque de todas maneras nos van a cerrar el negocio”.

A diferencia de otros trabajadores, el repartidor Ricardo Monge afirma tener más ingresos ante la emergencia pues, según dice, las personas tienen temor de salir a las calles por comida y prefieren pedir servicio exprés. Fotografía: Jeffrey Zamora
A diferencia de otros trabajadores, el repartidor Ricardo Monge afirma tener más ingresos ante la emergencia pues, según dice, las personas tienen temor de salir a las calles por comida y prefieren pedir servicio exprés. Fotografía: Jeffrey Zamora
Ricardo Monge - repartidor de comida

“Si paro ¿cómo comemos? Si el Gobierno hiciera algo por uno menos mal, pero así no podemos parar de trabajar. Para mí está bien que pusieran la cuarentena, pero uno ve lo buses repletos de gente, si alguien estornuda ahí a uno le llega la enfermedad.

“Uno sale a trabajar con tal de ganarse el cinquito. Yo prefiero mil veces que lo toque a uno que no morirse de hambre, es que esa es la verdad. Sé que muchos estamos arriesgándonos pero ¿qué le queda a uno?

“Sobre la situación, la verdad es que para nosotros está buena. Yo llevo menos de dos horas y ya llevo dos viajes. La gente está pidiendo más exprés por lo que está pasando. Ahora fui a dejar un viaje y la mujer estaba muy muy cerca del restaurante. Eso quiere decir que la gente prefiere no salir y no arriesgarse”.

El taxista Michael Segura asegura que la baja presencia de trabajadores en San José por la emergencia nacional le provoca una afectación a su bolsillo, pues los ingresos mermaron desde entonces. Fotografía: Jeffrey Zamora.
El taxista Michael Segura asegura que la baja presencia de trabajadores en San José por la emergencia nacional le provoca una afectación a su bolsillo, pues los ingresos mermaron desde entonces. Fotografía: Jeffrey Zamora.
Michael Segura - taxista

“Es algo lógico que sigamos trabajando. Pero la realidad es muy dura porque si la situación estaba mala ahora, con el coronavirus, peor. Esto es algo increíble. Estamos hablando de que yo empiezo a trabajar a las 12 mediodía y me voy a las 3 a. m. para hacer ¢7.000. O sea es muy duro, no hay gente muy duro, el trabajo se fue completamente.

“Lo poquito que se está haciendo es para sobrevivir, pero dejar de trabajar es lo último en lo que uno piensa, nada más tener cuidado con el alcohol que uno anda acá, estarse limpiando las manos y todo eso, pero dejar de trabajar jamás, no se puede.

“La verdad es que sí he sentido miedo. Me da miedo andar en la calle montando clientes, pero como le digo, es imposible dejar de trabajar, yo tengo familia y dependen de mí”.