
Luis Molina, un abogado costarricense de 27 años que estudia en Barcelona, tuvo que refugiarse en su departamento ante el estado de alarma declarado en España, el sábado anterior, por el covid-19.
Los comercios están cerrados, mientras que las fuerzas policiales y de emergencia tomaron las calles para vigilar que españoles y residentes cumplieran con la medida de emergencia. En otras regiones, también se sumó el ejército.
Solo pueden salir las personas cuando necesitan hacer compras en el supermercado o asistir a las farmacias. También pueden transitar los trabajadores de las pocas empresas que se mantienen en operaciones y cuyos puestos no se prestan para el teletrabajo.
Molina vive junto con una española y un alemán en un edificio ubicado en casco antiguo de Barcelona. Sin embargo, ambos tomaron sus maletas y se devolvieron con sus familias ante la crisis.
Entonces, el tico quedó solo para hacerle frente a la emergencia sanitaria, lejos de su familia, su novia, sus amigos y compañeros de universidad. Solo se comunica por medios electrónicos con ellos.
Desde el balcón de su departamento, ha visto cómo se apagó una ciudad llena de vida nocturna y se transformó en una ciudad desolada.
También ha visto a las autoridades sanitarias entrar a su edificio, quizás el momento más crítico que ha presenciado en esta emergencia.
“Hace tres noches, estaba trabajando en mi computadora y escucho un burumbúm en las escaleras del edificio. Me asomo por el huequito de la ventana y veo a seis policías. Como a los dos minutos bajaron. Yo me quedé como ‘qué raro, qué estará pasando’.
“Como a los 20 minutos regresaron otros seis policías con guantes, mascarillas y dos paramédicos con trajes amarillos. Subieron, se quedaron como 10 minutos como dos pisos más para arriba y bajaron con una señora (…), no sé si es que está contagiada.
“Entonces yo me he quedado en la casa, yo ni siquiera he abierto la puerta que va a las gradas del edificio”, contó Molina.
Sin embargo, ya escasea la leche y los huevos, por lo que Molina tendrá que salir de compras al supermercado.
Al ser las 22h Barcelona aplaude a su personal médico #COVIDー19 #StayHuman pic.twitter.com/Q51uFO9svo
— L. Molina (@lmch09) March 14, 2020
El abogado afirma no tener miedo, pese al nivel de alerta que se vive en el país europeo.
Con 17.395 casos y 803 muertes registradas, hasta la mañana de este jueves, España es el segundo país del Viejo Continente más golpeado por esta enfermedad, solo por detrás de Italia.
‘Todo cambia muy rápido’
Una de las cosas que más le impresionaron al costarricense que vive en Barcelona, fue cómo evolucionó la enfermedad en España.
“La cosa con este virus es que todo cambia muy rápido. En Madrid, hace dos semanas, todo estaba bien. Inclusive, lunes o martes de la semana pasada, todo estaba muy bien.
"Tengo una buena amiga con la que estudié en la universidad que está haciendo un máster en Madrid; ella me contaba que todo estaba muy bien hasta que los mandaron a todos para la casa.
“Ella me contó que en los dos primeros días pasó lo que está pasando ahorita en Costa Rica, que la gente se volvió loca y empezó a acaparar cosas.
“El jueves pasado tuvo la última clase y ahí nos dijeron que iban a cerrar la Universidad de Barcelona hasta después de Semana Santa, por lo menos.
“Yo salí el viernes a hacer unas últimas compras y, desde ese día, no he salido. El sábado decretaron estado de alarma. Y entonces aquí estamos, esto no es fácil porque me quedé solo”.
Molina reconoce que cuando sus compañeros de apartamento se fueron, pensó también en regresar a Costa Rica, pero su última decisión fue quedarse por sus estudios.
“Mi familia no me ha pedido que me devuelva, mi novia sí. Cuando decretaron el estado de alarma yo pensé en irme, los vuelos estaban baratísimos, me costaba $420. Pero me puse a pensar que si esta cosa sigue así el problema no era irme sino regresar.
“La Unión Europea dijo que no aceptará a ningún extracomunitario por 30 días y si yo me iba simplemente no podía regresar a defender tesis”.
El joven costarricense insiste en que lo más difícil de esta experiencia es estar en aislamiento social, pues afirma que en el supermercado hay suficientes productos y que el Internet funciona para sus clases virtuales.
Balcón multicultural
Para distraerse un poco un día, Molina decidió pasar un rato en el balcón. Ahí conoció a sus vecinos.
“Dentro de las cosas buenas que uno puede sacar del aislamiento es conocer gente que vive alrededor tuyo y que no conocías. Salí al balcón y conocí a mis vecinos. De un balcón para otro, salimos, empezamos a hablarnos. Ahora nos hablamos un rato todos los días.
“Es muy particular porque en el balcón del frente tengo un vecino alemán, en el balcón de al lado a una chica de Andalucía, en el balcón diagonal vive una noruega con otro español, en el piso de arriba hay un chileno que vive con una turca (…). Entonces es muy bonito porque es bastante multicultural. Todos nos hablamos en español”, cuenta Molina.
Además, relata que todas las noches, a las 8 p. m., salen a sus balcones a aplaudir el esfuerzo que hacen las autoridades de emergencia para resguardar la salud de la población.
#dia2 de encierro en #Barcelona. Aprovechando la hora y media de sol que tengo en el balcón. Leyendo y socializando con los vecinos. Ella es arquitecta, dice que trabaja hasta el miércoles y luego desde casa.#COVIDー19 #unTicoenBarcelona pic.twitter.com/6I58ok5HdE
— L. Molina (@lmch09) March 15, 2020
España está en la fase 1 de su estado de alarma por 15 días, pero según las noticias en ese país, el periodo deberá ser ampliado por el Congreso. Con eso se agudizarían las medidas a los ciudadanos para hacerle frente a la pandemia.
Luis Molina se quedará en Barcelona hasta junio próximo, cuando culmine su maestría en Economía.
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