
En el distrito de Brixton, en el corazón multicultural de Londres, entre puestos de comida callejera, ventas de artículos vintage, ropa y productos de todo el mundo, se siente el latido de la única soda de comida costarricense casera en la capital de Inglaterra y Reino Unido.
El menú incluye gallo pinto, enyucados, empanadas fritas en sartén (de queso, queso con frijoles o carne), tamales y casados.
Sin embargo, los platillos parecen llenar tanto el estómago como el corazón, ya que los clientes, después de algunos mordiscos, lloran, se ponen nostálgicos, invocan recuerdos y llaman a familiares para contarles qué están comiendo. Algunos incluso les envían fotos por el celular.
Pura Vida Costa Rica Rest es el nombre del local, abierto en febrero por la familia de Nuria Azofeifa Méndez, Luis Alberto Villalobos Agüero, y sus hijos Jeffrey, Angie y Luis Gustavo Villalobos Azofeifa.
Ellos residen desde hace 12 años en Brixton, adonde viajaron con el sueño de que Luis Gustavo cursara una carrera universitaria (estudia Quiropráctica).
En Costa Rica, tenían una venta de ceviche y luego alquilaron una soda en Pocora sur de Limón, pero decidieron venderla porque los ingresos no les permitían brindar una mejor oportunidad a sus hijos. El matrimonio ha vendido colchas, perfumes y comida, por el bienestar de sus hijos.
Doña Nuria lo pone en términos claros: “No nos arrugamos frente al trabajo y, con el sudor de nuestra frente, hemos sacado a nuestros hijos adelante”.
Fue ella quien tomó la iniciativa de venderlo todo y volar a Londres. Su hermana Elsa hipotecó su propia casa para prestarles ¢2 millones, hace más de una década.
En la capital británica, doña Nuria cocina e imprime el sabor costarricense, aunque toda la familia colabora en la cocina.
Explicó que la idea surgió al notar que la oferta gastronómica en Brixton, en su opinión, no es tan rica como la de Costa Rica, o no tiene el distintivo sabor tico.
“Nuestra sazón destaca y, gracias a Dios, nos llegan clientes de muchas nacionalidades. Todos los días llega un tico de Manchester, o algunos que anda de paseo o está estudiando”.
Relató este domingo que el truco es encontrar los ingredientes para que los platillos tengan ese sabor auténtico que conmueve a todos. La embajada británica en Costa Rica incluso los presentó como “la única soda costarricense en todo el Reino Unido” en una reciente publicación en sus redes sociales.
La nostalgia por la comida es una emoción poderosa que conecta a quien saborea un platillo con personas y lugares. Los recuerdos asociados a un platillo o sabor particular pueden provocar fuertes sentimientos, y eso es lo que parece ocurrir en Brixton.

Lágrimas sobre el plato
A poco de inaugurar el local, las primeras visitas casi se ponían a llorar y les sacaban lágrimas a los propietarios, contó doña Nuria.
“Vino una muchacha que incluso llamó por celular a su mamá para contarle que se había acordado de la abuela. Hasta nosotros casi nos ponemos a llorar. Ayer vino una mujer nicaragüense y me dijo que el gallo pinto le sabía como en su casa; estaba emocionada”, explicó.
Doña Nuria aseguró que ellos mismos se han conmovido. Recordó el caso de un muchacho que llevaba tres años sin comer chifrijo. Cuando se le sirvieron, se trabó y no sabía qué hacer.
“Primero, se puso a mandarle fotos a la familia, y audios diciéndoles que no podía creer que tuviera ese chifrijo en frente, luego no sabía si comérselo o seguir haciéndole fotos. Estaba realmente emocionado, casi nos ponemos a llorar”, contó ella.
Doña Nuria sí admitió que ella es “muy llorona” y esas expresiones de sus clientes la afectan, como el caso de un señor mayor que se sintió como si estuviera en un taburete en el Mercado Central de San José por algo que comió en Londres.
El local es pequeño (apenas siete puestos), pero es un imán que atrae y captura. La madre explicó que quizá sea un asunto de distancia.
Citó el caso de comensales ingleses que ahora los visitan porque han ido a Costa Rica y les gustó mucho la comida. Van al local para recordar sabores y evocar buenos recuerdos.
O el caso de ticos y otros latinoamericanos distanciados de sus hogares por razones de estudio o trabajo que, entre bocados, parecen acercarse un poco a la tierra donde nacieron.
“Acabo de conseguir hojas de yute de Costa Rica porque localicé un sitio donde las venden y no puedo explicarle la felicidad que siento porque le dan el sabor justo. Aquí, el punto es conseguir los ingredientes necesarios”, aclaró.
Doña Nuria dice que distanciarse de la familia o la patria imprime otro significado a la sensación de sentirse identificado con algo propio.
Quizás eso explique que los platillos más vendidos en Pura Vida Costa Rica Rest sean el chifrijo, los tamales típicos de Costa Rica con un chorrito de salsa Lizano y las empanadas. “Es que es lo que comemos los ticos”.

