
“No solo los pacientes necesitamos más espacio, sino también todos los familiares que siempre nos acompañan. Eso lo noté desde que vine por primera vez a la clínica, hace tres meses... Creo que la estructura está, además, bastante averiadita”.
Las palabras de María del Carmen Bonilla Garita, de 86 años de edad, resumen las impresiones de otros pacientes y médicos sobre la estrechez de espacio con que se trabaja en el Centro de Control del Dolor y Cuidados Paliativos.
Dicho centro médico opera en las viejas instalaciones de la antigua Clínica Central del Hospital Calderón Guardia.
De acuerdo con el director médico, Isaías Salas, no es casualidad que el Cuerpo de Bomberos y la Comisión Nacional de Emergencias les hayan llamado la atención por el mal estado de la estructura y el evidente hacinamiento en el sitio.
Justo en uno de los pequeños consultorios recibió atención Bonilla, quien se considera una paciente “nueva”.
Desde marzo pasado, ella recibe atención para aliviar “un dolor muy intenso cerca de la ingle”, según dijo.
Mientras la examinaban, esta vecina de Cinco Esquinas de Tibás habló de otro detalle del edificio.
“¿Sabe usted que he notado que en ningún salón donde he estado, ni siquiera en los pasillos, hay ventanas que tengan vista al exterior? Aquí no entra luz por ningún lugar”, apuntó la paciente.
Edith L. de Behm, tesorera de la Fundación Pro Clínica del Dolor, una entidad que brinda colaboración y dona equipos al centro médico, explicó que, debido a la antiguedad del lugar, son pocas las mejoras que se pueden implementar.
La voluntaria también urgió de nuevas instalaciones, “en especial por el tipo de paciente que atiende la clínica, muchos de los cuales están en fase terminal”. comentó.
Pese a todo, Bonilla, luego de su consulta, agradeció el esmero de los médicos y su consideración con los pacientes, aun en medio de las dificultades de espacio.
Según ella, eso se debe “al don de atender y a la gran misericordia para atender casos complicados”.