Carlos Segura tenía 19 años cuando el 10 de diciembre de 1972, hace 50 años, fue a comprar un entero a “gallo tapado” que le trajo la fortuna.
En aquel entonces, no había tanta desconfianza y esas historias no se mantenían en reserva como ahora. Por eso no es extraño que este vecino de Asís de Cartago le contara toda la historia del feliz suceso a La Nación y se dejara fotografiar con su familia y los compañeros de trabajo a los que él les sirvió de ángel.
Como quedó consignado en las páginas de este diario, el muchacho compró el entero al chancero Otto Solís Esquivel, quien se lo entregó un miércoles en un sobre cerrado, para que no viera el número.
Carlos trabajaba en el bar y restaurante Sacsa, ubicado en la parada de camiones de Cartago, en San José. “Así, con el sobre cerrado, le propuse a mi patrón Mardoqueo Sánchez, y a mis compañeros de trabajo que se jugaran medio entero para quedarme yo con el otro”, narró en aquella época.
“Ellos accedieron y me pagaron 20 colones por cada pedacito y cerrado, como estaba el sobre, se lo entregué a mi patrón quien lo guardó en una gaveta con llave”, detalló.

Golpe de suerte ‘¡El 89 gritamos todos!’
“Cuando el domingo pasado supe que había caído el mayor en 89, me jalé el pelo porque yo no había comprado ese número y para peores penas, el equipillo que dirijo había perdido y eso me indispuso tanto”, contó Carlos al periodista de La Nación.
Sin embargo, su indisposición iba a cambiar, como él mismo lo relató, luego de llegar al restaurante a eso de las 2:30 p. m.
“Le dije al patrón que si podíamos abrir el sobre, pero él me dijo que no, hasta que llegó su hijo Rafael Ángel, quien era uno de los que compartían el medio enteró que yo les había vendido”.
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“A eso de las 4 p. m., apareció Rafael Ángel y entonces sí, estando allí, don Mardoqueo abrió la gaveta, sacó el sobre, lo abrimos, sacamos el entero y lo extendimos”.
“¡El 89 gritamos todos! y nos abrazamos por haber pegado, según nosotros ¢2.400. Sin embargo, uno de los muchachos se fijó en una pizarrita donde siempre se anotaban los números favorecidos con lotería y chances. De repente, lanzó un grito diciendo que también pegamos la serie. Hubo segundos de silencio, comparamos y, entonces sí, aquello fue de locos. Habíamos pegado el premio mayor de la lotería de Navidad”, relató.
Así se dividieron los ¢2 millones
El número 89 con la serie 651 hizo ganar ¢2 millones a los cinco compañeros del restaurante y al jefe.
Carlos Segura, con medio entero, se aseguró ¢1 millón e hizo ganar ¢200.000 a cada uno de sus compañeros de trabajo con el medio entero que les vendió. Los favorecidos fueron Rafael Ángel Sánchez, vecino de Guadalupe; Mario Rivas, de 16 años, vecino de Cartago; Rodolfo Mora Navarro, de Curridabat; Carlos Gómez Sánchez, de Heredia; y Mardoqueo Sánchez, propietario del restaurante.
La noticia

Cuando se supo quién era el ganador del Gordo, La Nación tuvo acceso a la dirección del millonario Carlos Segura, quien era el cuarto de 13 hijos del hogar de Raúl Segura Cortés y María Rosa Segura.
Era un muchacho extremadamente sencillo, pero muy accesible. Cursó hasta el sexto grado de escuela primaria y entre algunos trabajos que tuvo, antes de irse a trabajar a San José, fue distribuidor de La Nación en Cartago.
En el bar y restaurante Sacsa, donde llevó la suerte, ganaba 115 colones semanales. “Doy gracias a Dios porque con mis compañeros de trabajo compartí este golpe de suerte, porque todos somos pobres. A uno de ellos Mario Rivas, le conseguí trabajo hace dos meses, allí en el restaurante”, compartió el joven.
Con respecto al dinero, Carlos dijo que construiría una casa para sus padres y hermanos.
“Seguiré trabajando en el restaurante un tiempo, ya que mi patrón es muy bueno y no lo voy a dejar solo, contribuiré para la construcción de un parque infantil en mi barrio y sobre todo ayudaré a la cocinera que no participó en el sorteo de medio entero y daré una propina al vendedor”.

La Nación hizo llamados a números registrados bajo ese nombre, pero no logró dar con Carlos, quien hoy tendría 69 años.
