Yeryis Salas. 8 marzo
Los hogares costarricenses registraron durante el 2019 uno de los consumos promedio de energía más bajos de los últimos 23 años. Foto: José Cordero
Los hogares costarricenses registraron durante el 2019 uno de los consumos promedio de energía más bajos de los últimos 23 años. Foto: José Cordero

El año anterior, la tarifa eléctrica de María, quien vive con tres personas más en San Rafael de Heredia, alcanzó una suma exorbitante. Su hogar paga ¢68.000 mensuales en promedio, pero no se explica por qué.

“Hemos tomado medidas como cambiar todos los bombillos a luces led, disminuir el uso de lavadora y secadora, tratar de hacer tandas de comida de una sola vez ”, relató la mujer.

"Plancho como cada dos semanas las camisas de mi esposo, pero no duro ni hora y media, apagamos las luces que no se usan, duramos menos en la ducha, hemos hecho varias cosas, pero el recibo nunca baja”, agregó.

María, quien solicitó mantener su identidad protegida, es parte de la creciente legión de abonados que en los últimos años se viene esforzando por disminuir el consumo de energía y bajar su recibo mensual.

Esta tendencia se hizo especialmente notoria entre el 2017 y 2019, mismo periodo en que las tarifas eléctricas en general experimentaron un leve incremento.

De hecho, en el 2019 el consumo de luz se acercó al punto más bajo que se ha registrado desde 1997, según datos de la Autoridad Reguladora de Servicios Públicos (Aresep).

En 1997, los hogares en Costa Rica consumieron un promedio de 217 kilovatios hora (kWh) al mes. La cifra aumentó de forma gradual hasta alcanzar 238 kWh en el 2006, pero a partir de ese año inició el descenso.

El año anterior, la demanda fue de 208,41 kWh al mes, una disminución de un 12,43% con respecto al pico de 13 años antes. Este uso eléctrico fue casi idéntico al punto más bajo de 208,04 kWh, registrado en el 2014.

Si se divide el dato por empresas de distribución eléctrica, no todas se han comportado de la misma manera.

Por ejemplo, en la última década los usuarios de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL) bajaron su consumo en un 10%: pasaron de consumir 258 kWh al mes en el 2010, a 232 kWh en el 2019.

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Mientras tanto, los abonados de Coopeguanacaste consumieron un 17% más de electricidad en ese mismo plazo, al de pasar de 259 kWh al mes a 303 kWh.

A pesar de los datos, Aresep evita afirmar que exista un cambio en el comportamiento de los abonados, pues alega que no hay estudios que comprueben tal hipótesis.

“La investigación tiene un costo elevado. Lo estamos valorando, podría ser uno de nuestros proyectos para el próximo año. Un estudio a profundidad, que nos diga por qué ha disminuido, genera una inversión importante que en este año no está dentro de nuestros proyectos”, afirmó Jorge Espinoza, de la sección de información de la Intendencia de Energía.

No obstante, el funcionario sí mencionó algunas posibles causas.

Una de ellas, indicó Espinoza, es que en el país se ha extendido el uso de tecnología que busca eficiencia energética.

“Tenemos lavadoras y refrigeradoras que consumen menos energía, ya no usamos lámparas incandescentes sino que usamos led, se usa muchísimo gas. Por otro lado, los hogares ahora están implementando paneles solares", comentó.

Una mayor conciencia en cuanto a ahorro de electricidad, así como la disminución en la cantidad de personas que viven por hogar, podrían ser otros factores que influyen en el fenómeno.

Explicaciones similares fueron brindadas por funcionarios de la Empresa de Servicios Públicos de Heredia (ESPH) y de la Junta Administrativa de Servicios Eléctricos de Cartago (Jasec) consultados por La Nación.

Tarifas subieron, luego se estabilizaron

Si bien el consumo de energía en los hogares de Costa Rica llegó a los niveles más bajos en las últimas décadas, las tarifas no siguen la misma tendencia.

Los datos de Aresep, que van de 1997 al 2019, muestran que los costos residenciales llegaron a un máximo de ¢100 por kWh en el 2013. Esta cifra se alcanzó tras un incremento del 22,5% con respecto al 2012, el más alto en dicho periodo.

En aquel momento de alarma entre la población, las industrias analizaban el traslado de operaciones.

Además, el Programa de Energías Limpias del Instituto Tecnológico de Costa Rica atribuía los altos precios a una menor demanda, pocas lluvias para generación hidroeléctrica, ineficiencia en el uso de las plantas del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y el abuso de hidrocarburos para generación térmica de energía.

Desde entonces, el mercado se estabilizó, y los precios promedio del 2019 (¢90 por kWh) se acercan a los del 2010 (¢91,5 por kWh). No obstante, el año anterior hubo un segundo aumento consecutivo, luego de que en el 2017 se llegara a ¢85,8 por kWh.

Los incrementos en las tarifas obedecen, en parte, a los proyectos hidroeléctricos en los que invierten las empresas, con el propósito de disminuir sus costos de producción frente a una población creciente.

José Francisco Hidalgo, director de Energía Eléctrica y Alumbrado de la ESPH, explicó que “del 2000 al 2010 hubo un resurgimiento en temas de generación en este país, donde varias empresas empezaron a desarrollar proyectos de generación”.

“Nosotros estábamos desde hace muchos años con solamente un proyecto, que era la planta Jorge Manuel Dengo, que se construyó en 1948 y se terminó en 1952. Pero posterior a eso, en los años 2000, vemos el nacimiento de nuevos proyectos y necesidades”, señaló.

Después del punto álgido del 2013, el país incrementó el uso de energía eólica y logró estabilizar los precios al evitar la más costosa energía térmica, afirmó Rubén Zamora, asesor legal y vocero de la Cámara de Empresas Distribuidoras de Energía y Telecomunicaciones (Cedet).

En los costos tarifarios también existen diferencias entre las empresas distribuidoras.

En el 2019, las tarifas para los usuarios del ICE fueron en promedio de ¢99,39 por cada kWh, mientras que para los de Jasec fueron ¢76,34 por kWh.

Si se consideran los bloques de consumo en los que las empresas cobran la electricidad, un abonado del ICE que utilizó 208 kWh debió pagar ¢17.892, mientras que en el mismo escenario, un cliente de Jasec desembolsó ¢14.912 por kWh, es decir, un 20% menos.

Estas diferencias se deben, según el ICE, a que su servicio debe alcanzar zonas rurales con menos población y donde la instalación de infraestructura eléctrica resulta más costosa.

“Al comparar las tarifas residenciales del ICE con las de otras empresas distribuidoras –con más concentración y menor cobertura geográfica– deben tomarse en cuenta los factores mencionados, ya que los montos de inversión y de mantenimiento de la red son mayores".

Adicionalmente, debe considerarse que el consumo promedio de los clientes residenciales del Instituto es menor a los 200 kilovatios hora por mes, lo que incide en la factura final de los consumidores", indicó la oficina de prensa del ICE.