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Familia vivió drama en balsas para rescatar a 100 personas y 50 perros

Su objetivo y el de su familia era salvar a unos cuantos animales, pero, al llegar, vieron personas con el agua en el cuello necesitadas de ayuda

Furia, indignación y tristeza le dejaron a Andrea Martínez, vecina de Puerto Viejo de Sarapiquí, el no poder rescatar a todos los perros y animales abandonados que estaban intentando guarecerse de la inundación que ocurrió el viernes en el barrio Naranjal.

Ella, su padre, hermano, cuñada y dos amigos decidieron ir al lugar, luego de los cientos de pedidos de ayuda que recibieron en Facebook tras poner a disposición sus cabinas para albergar mascotas o personas mientras pasaba la inundación.

Llevaron al lugar varias balsas de la empresa de rafting Green Rivers, de su cuñado, para los rescates. Decidieron ir a ayudar cuando les enviaron una foto de cuatro perros subidos en una silla en peligro de morir ahogados por la inundación.

Martínez comentó que llegaron a las 2:30 p. m. del viernes, cuando el agua llegaba al nivel de la cintura de las personas, pero el trabajo se torno tan agotador que finalizaron a la medianoche de ese día; a esa hora, el agua ya llegaba a los techos de la casas. La balsa pasaba por encima de los camiones que estaban estacionados bajo el agua.

Inicialmente, pensaron que iban a rescatar a unos cuantos perros, pero, para su sorpresa, al llegar eran muchos los animales que necesitaban ayuda.

Unos perros estaban amarrados en sus casas, otros subidos en los techos, ladrando asustados, pues el nivel del agua había subido demasiado; había unas gallinas metidas en un tipo de encierro, una vaca en un segundo piso de una vivienda y unos cerdos cuyo dueño les pidió ayuda para sacarlos.

Sin embargo, a pesar de que su objetivo era sacar a los animales, no pudieron centrarse en ellos ni pudieron rescatarlos a todos. Personas, con el agua hasta el cuello, avanzada la noche, les pedían ayuda para sacarlas de las casas.

En total, rescataron a cerca de 50 perros y 100 personas de la inundación del barrio Naranjal.

“Inicialmente, con la balsa, seguimos una dirección que nos dio el muchacho donde estaban los cuatro perros subidos en la silla, pero, en ese trayecto, empezamos a ver personas en el agua y perritos. Había un perro en unos escombros, en la planta baja de una casa de dos pisos. También, nos salió una señora con un montón de bolsas atravesando el río y tuvimos que montarla y sacarla. Tardamos mucho en llegar adonde estaban los cuatro perros en la silla, nos dijeron que dos de ellos murieron ahogados” relató Martínez, quien tiene 21 años

En ese lugar, Martínez rescató a los dos perros que quedaron vivos y a otros dos que se encontraban cerca.

La balsas son solo para cinco personas, pero la necesidad era tal que, en cada viaje que hacían de entrada y salida a la comunidad para llevar a las personas y animales a tierra firme, llevaban hasta 10 personas, algunas pertenencias, y a los animales.

“Seguimos navegando, nos fuimos para la derecha, vimos un perro encima de un arbusto, nos dijeron que el dueño lo dejó abandonado. Mordió al muchacho que lo iba a sacar, pero lo pudimos meter a la balsa.

“En ese mismo lugar, salió un hombre que había rescatado a dos perritos y nos dijo que había más; solo nos pudimos llevar a uno porque teníamos muchos perros en la balsa, fuimos a dejarlos a la entrada. Le dijimos al hombre que íbamos a regresar, pero no pudimos. Nos llamaron que había una familia que no quería evacuar porque tenían 15 perros que no los querían dejar abandonados.

“Llegamos y los perros estaban arriba de unas mesas pegadas al techo, el agua estaba a la altura de los árboles. Los montamos a la balsa, ellos asustados querían morder, se querían tirar de la balsa, pero le dijimos a uno de sus dueños que nos acompañará para que los cuidara en la entrada en tierra firme”, relato.

Personas necesitadas de ayuda

Las personas comenzaron a pedir ayuda para salir cuando vieron que el nivel de agua comenzaba a subir y subir: adultos mayores y otras personas que querían sacar pertenencias para llevarlas al albergue.

“Nos metimos adentro del barrio, había una American Stafford amarrada, no había nadie en la casa, ella tenía mucho miedo, pero era muy dócil, usted nota el miedo, tiemblan no solo del frío, sino de no saber qué está pasando. Encontramos personas muy nerviosas pidiendo que los sacáramos, vimos gente con perros en los techos, pero no pudimos ir por ellos. Había tanto que hacer, llevamos cuatro botes, pero no dimos abasto”, contó la joven.

Para hacer los rescates contaban con solo la luz del celular y algunas luces de unos postes. En una casa, avanzada la noche, rescataron a cuatro adultos y rescataron cerca de ocho niños, incluida una bebé, durante el trayecto.

“Dos personas con el agua hasta el cuello no quisieron ser rescatadas. Fuimos pensando que podría haber perros abandonados en la inundación, pero, al final, no pensábamos que tanta gente iba a necesitar ayuda. Me siento triste, es mal de mi parte decirlo, pero la gente tuvo mucho tiempo para salir; desde las 2 p. m., el nivel de agua llegaba a la cintura, pero esperaron al último momento. Yo digo que el tiempo que invertimos sacando gente pudimos usarlo rescatando animales que esa gente dejó abandonados; a la gente que no abandonó a sus perros es a la que admiro”, explico Martínez.

La joven lamenta que los perros no tenían lugar a donde llevarse, ya que no los permiten en los albergues. Solo podían ayudarlos llevándolos a tierra firme.

“Lastimosamente para los animales no hay protocolo que los ampare de este tipo de tragedias. Esto es decepcionante, sin embargo, lo más decepcionante es saber que ningún protocolo se necesitaría si tan solo los dueños se hicieran responsables”, dijo.

La familia se llevó a su casa a cinco perros para cuidarlos mientras encontraban su dueño. Este sábado y domingo regresaron a la comunidad a alimentar a los perros, el agua ya había bajado.