Juan Fernando Lara. 12 noviembre, 2017

Angustia, temor, impotencia... Esta es la atmósfera que envuelve a las familias que dependen de unos 40 negocios aledaños al volcán Poás, en Alajuela. Las erupciones que obligaron a cerrar el acceso al coloso hace siete meses, también alejaron a la mayor fuente de ingreso de estos establecimientos: los excursionistas.

En los últimos kilómetros de ascenso hacia el Parque Nacional Volcán Poás, la ruta 120 luce como una solitaria alfombra de asfalto. Pasan tan pocos vehículos por allí que entre 10 y 15 comercios decidieron cerrar entre semana y ahora solo abren los fines de semana con la esperanza de atraer visitantes.

Otros locales, en cambio, tiraron la toalla poco tiempo después de las erupciones más fuertes ocurridas en abril pasado a inicios de la Semana Santa.

La mayoría son negocios familiares con más de una década de operar. La escasez de turistas los tiene al borde de la crisis y los obliga a hacer malabares para cubrir costos fijos como deudas bancarias, tributos, salarios, cargas sociales e insumos.

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A inicios de octubre pasado, los esposos Fernando Espinoza Castro y Mercedes Rojas Jiménez, dueños de la pulpería Mercedes, ubicada en Poasito, tuvieron que cerrar su negocio luego de tenerlo abierto durante 11 años.

"Los proveedores fieles han seguido pasando por semana, pero ya se venían cansando. No hemos podido comprar producto nuevo. El que ya teníamos se venció”, explicó Rojas mostrando con la mano el interior de una refrigeradora atiborrada de productos lácteos y bebidas expiradas.

Entre estantes despoblados y más refrigeradoras (vacías), su esposo, de 68 años, declara que van a vender fresas, golosinas y adornos para sobrevivir. "Una cosa mínima, lo demás ya no, no se puede", aseveró el hombre.

A unos metros de la pulpería, el restaurante El Volcán luce desierto. Los esposos Enrique Vega y Carmen Arias ahora solo abren cuatro horas entre semana cuando antes tenían jornada continua de 7 a. m. a 5 p. m. Incluso tuvieron que despedir a tres colaboradores.

"Un día, tuve que ir a pedirles un diario a los evangélicos de la iglesia más abajo para dejar el poquito de plata que había para el alimento de las truchas que vendemos. Para que no se murieran de hambre ellas y tal vez venderlas", afirmó Arias al borde de lágrimas.

Un estudio de dos investigadores universitarios estima que el cierre del Parque Nacional ocasionará un impacto económico de ¢7.100 millones al año, por concepto de ingresos no percibidos, salarios sin depositar, insumos sin comprar, pago congelado de deudas y otros.

“Lo que genera más incertidumbre es que no tenemos información clara y eso impide decidir a futuro para una u otra dirección. Estamos muy esperanzados de que los turistas vengan a la zona por algo más que el volcán, porque hay mucho hermoso que ver acá, pero por ahora no la estamos pasando mal”, Freddy Vargas, dueño del restaurante Freddo Fresas.

La investigación fue realizada por el doctor Juan Antonio Aguirre González, de la Universidad Latina, y la doctora Sindy Chaves Noguera, directora de Investigación de ese mismo centro académico.

En su análisis, publicado en junio pasado, ambos señalaron: "Estaríamos hablando de 456 personas quienes podrían entrar antes de cuatro meses en una situación crítica de falta de recursos para sus necesidades mínimas con pocas o ningunas alternativas de empleo en sus áreas de origen. La crisis humana puede ser más seria de lo esperado para estas familias".

El volcán Poás es el segundo parque nacional más visitado de Costa Rica, después de Manuel Antonio. Dicha área recibió 402.000 visitantes el año pasado, de los cuales 214.000 fueron nacionales y 188.000 extranjeros.

Parque Nacional Volcán Poás
Parque Nacional Volcán Poás
Seguridad, el límite inflexible

Mientras la debilitada economía de los alrededores del volcán Poás hace esfuerzos desesperados para sobrevivir, las autoridades siguen inflexibles en cuanto a la posibilidad de reabrir el principal imán turístico de la zona.

"No podemos exponer a las personas a lugares donde hay una condición evidente de riesgo. Hay sismos y hace solo dos días (7 de noviembre) hubo erupciones. Por eso, el cierre sigue y seguirá de forma indefinida", recalcó Lidier Esquivel, jefe del área de Investigación y Análisis de Riesgo de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE).

Esquivel es el delegado de la CNE en el Comité Asesor Técnico de Vulcanología que integran especialistas de la Red Sismológica Nacional (RSN), el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori) y el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE). Sin su visto bueno, el parque no se abre.

Ni siquiera los administradores del parque ven posibilidad alguna de volver a recibir visitantes, por ahora.

"Siempre tenemos la expectativa de reabrir, pero la actividad volcánica es impredecible. Nos gustaría que la gente regrese pero debemos primero confirmar que es seguro. Nadie desea cargar con responsabilidad por accidentes o víctimas fatales", enfatizó Rady Conejo, director del Parque Nacional Volcán Poás.

Desde que se adoptó la medida, el programa Tejiendo Desarrollo, del Despacho de La Primera Dama, Mercedes Peña, coordina ayudas para los afectados en conjunto con instituciones, sociedad civil, cámaras de comercio y gobiernos locales .

Ese despacho creó tres comisiones: una de comunicación y publicidad para atraer gente a la zona; otra de levantamiento detallado de datos de los afectados; y otra para el desarrollo de ferias y actividades deportivas, para la atracción de visitantes.

"No queremos limosnas, ni lástima. Solo que nos flexibilicen los pagos que hay que hacer. Quienes abrimos lo hacemos solo por el sustento al personal y mantener una cierta imagen pero esto no es negocio. Muchos andamos atrasados con los pagos de la luz, del agua y otros servicios", Manuel Ardón, propietario del restaurante Jaulares.

Sin embargo, los comercios siguen cerrando mientras los empresarios locales claman por una declaratoria de estado de emergencia para, al menos, aliviar la presión económica por unos meses mientras entra la temporada alta de turismo.

Según la Ley Nacional de Emergencias y Prevención del Riesgo (Ley 8488), el Gobierno podría emitir una declaratoria de estado de emergencia en casos de "riesgo" que, según esa normativa, se define como "probabilidad de que se presenten pérdidas, daños o consecuencias económicas, sociales o ambientales en un sitio particular y durante un período definido".

Sin embargo, el Gobierno también muestra mucho recelo sobre esta posibilidad.

"Es importante mencionar que el cierre del Parque, no es suficiente para hacer una declaratoria de emergencia, al no haber vidas humanas en peligro. Si bien es cierto que la situación económica se ha desmejorado, el trabajo que estamos construyendo junto con las organizaciones y gobiernos locales, responde a un plan de mediano y largo plazo", indicó el despacho de La Primera Dama ante consultas de este diario.

Leonel Araya Guzmán, presidente de la Asociación Turismo Poás, sostiene que la indefinición sobre si se abre o no el parque es lo que más complica la toma de decisiones.

"Estamos esperando a ver qué pasa con esta temporada alta a ver si tomamos decisiones drásticas", confesó el también propietario de La Casona de Doña Julia.