
El Coco es una comunidad a orillas del mar en Sardinal (Carrillo, Guanacaste) que se volvió un imán para turistas locales y extranjeros, en parte porque allí los atardeceres son de ensueño gracias a la suave curva de una playa de casi tres kilómetros frente a la bahía, por donde se oculta el sol.
Desde esa arena, pueden verse las olas encendidas en tonos naranja y amarillo con cada ocaso frente a la mirada perdida en el horizonte de excursionistas bañados en la misma luz. Sin embargo, pocos advierten el vertedero de residuos al fondo de esa misma bahía en cuyas aguas todos se divierten.
Quienes sí lo notan son los vecinos en Playa del Coco quienes hace años colaboran entre sí para ayudar con la limpieza del lecho marino.
Este 30 de abril, 40 buzos certificados darán su aporte voluntario con el retiro de parte de esos escombros gracias al trabajo hormiga de uno de los hijos de este pueblo costero.
Rolbin García Méndez, de 39 años, es un buzo quien se dedica a brindar paseos privados de buceo y quien ha vivido toda su vida en El Coco. Dice que siempre soñó con ser astronauta pero terminó ligado a otro tipo de ingravidez como instructor de buceo profesional.
“Mi familia es de las primeras que vino a El Coco, hablo de hace como cuatro generaciones. Mis raíces están aquí; y allá por el 2014 se me ocurrió atraer a otros buzos a realizar limpieza submarina”, explicó.

La idea vino por inspiración de las jornadas de limpieza en la playa que hace la Asociación de Desarrollo Integral de la Comunidad de Playas del Coco (Adicoco). Sin saberlo entonces, su impulso individual conectó con el corazón comunitario de otros.
“Aquí todos somos pobres pero siempre nos ayudamos”, contó en referencia a un trabajo logístico complejo y retador el cual no sería posible sin las personas que lo conocen.
Una vez por año, García Méndez toca la puerta de centros de buceo locales y otros comercios para pedirles prestados tanques y equipos de buceo para los buzos voluntarios, así como otros suministros. Hace años, eran él y otras cuatro personas haciendo las inmersiones, este domingo tiene a 40 voluntarios confirmados.
“Unas personas me regalaron 30 sacos para usarlos mañana y sacar los residuos y en la panadería Ticos me dan unos sándwiches para ofrecer a quienes participan. Aquí no se cobra nada, es puro apoyo de la gente porque cuidar el ambiente es un buen negocio que da de comer a nuestras familias”, explicó en referencias a los paseos que ofrece a turistas.
Este domingo, tiene apuntados en la faena a varios buzos de la brigada de rescate de la Cruz Roja y calcula que, entre todos, llenarán todos esos sacos.

Del 2014 a la fecha, ha hecho nueve inmersiones al fondo de la bahía de Coco donde suelen topar con residuos de actividades pesqueras como cajas y hieleras para guardar carnada, cuchillos o implementos de pesca abandonados, e incluso botellas y vasos caídos de embarcaciones privadas o metidas en actividades de turismo.
“Hemos sacado hasta baterías de carro y una refrigeradora pequeña. En el 2017, sacamos casi dos toneladas porque extrajimos partes de una embarcación que se había hundido”, agregó.
La limpieza siempre se hace en sitios distintos a aquellos donde los buzos locales llevan a los turistas a conocer la exuberancia marina. Casi siempre, contó, es en Playa del Coco pero también se ha realizado en playa Hermosa y Ocotal donde vecinos y comercios de ahí facilitan los suministros a la brigada.
“El mar me ha enseñado que la vida es bonita y que la naturaleza hay que cuidarla, es justo retribuirle un poco por todo cuanto nos da”, aseguró García Méndez cuyos planes incluyen transmitirle a otros el mismo mensaje.
Según dijo, su abuelo Roque García Romano lo sensibilizó para ayudar al pueblo y a su gente. Por eso, él y otros buzos formaron la Asociación de Buzos Recreativos de Playas del Coco, entre cuyos anhelos está enseñarle a los niños de la Escuela El Coco a bucear y ser en el futuro activistas y, si así lo quieren, convertirse en buzos recreativos.

