
La apertura gradual, autorizada por el Gobierno en pleno ataque a la pandemia por covid-19, lanzó a cientos de turistas a visitar Prusia, ese frío y enigmático paraje del Parque Nacional Volcán Irazú.
Este domingo, decenas de vehículos formaban una larga fila en el ingreso hacia esta área protegida, que cuenta con 16 kilómetros de planicies y montañas, llenas de pinos, cipreses, eucaliptos, lana barba de viejo y maravillosas vistas del valle oriental.
Desde alguno de sus senderos incluso es posible divisar el gigantesco deslizamiento que se trajo abajo más de 25 millones de metros cúbicos de la parte alta del Irazú, el macizo más alto del país, a 3.432 metros sobre el nivel del mar.
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Sin embargo, si la espera y las restricciones de ingreso frenaron el objetivo de entrar al área protegida, otros tantos se estacionaron a la vera del camino y con manteles y emparedados disfrutaron del aire fresco y el paisaje verde de esa zona ubicada a 22 kilómetros de la cabecera cartaginesa.
Otros, maravillados por las laderas de campos amarillos, desembolsaron ¢1.000 de parqueo y otros ¢1.000 por persona para tomarse una foto en los sembradíos de nabos o mostacillas, ese “monte” que prolifera cuando no hay cosechas de papa en la región.
Don Luis Víquez, un agricultor de Chicuá, recuerda que además de mala hierba, el nabo también se come, pero eso sí, bien “tiernito”, en picadillo de papa. Dios libre probarlo como está ahora, ya florido, porque el experimento lo puede dejar bien enchilado.



