
El parásito que vive en la babosa, conocido como Angiostrongylus costaricensis , ha enfermado de gravedad a 42 niños en los últimos cinco años.
La víctima más reciente fue una bebita de año y tres meses de edad, vecina de Alajuela, quien murió el 15 de enero en el Hospital Nacional de Niños producto del daño que este parásito le ocasionó a su intestino.
La menor se comió la babosa. Esto le provocó un problema abdominal severo que acabó con su vida luego de dos semanas de estar hospitalizada luchando contra la infección en terapia intensiva.
De los 42 casos tratados desde el 2003, 16 son niñas y 26 varoncitos menores de 14 años, según los datos del departamento de Documentos Médicos y Estadística del Hospital Nacional de Niños.
La babosa transmite el parásito luego de tener contacto con el excremento de las ratas. Su baba infecta alimentos como verduras y frutas, y objetos que son tocados por los niños.
Los menores más afectados tienen edades entre los 12 meses y los nueve años y viven en San José y Alajuela.
En ese grupo, hay 27 menores entre uno y cuatro años de edad que fueron infectados desde el 2003. El otro grupo son los chiquitos entre los cinco y nueve años: 11 enfermaron desde el 2003.
Progresión. Cuando el parásito ingresa al organismo a través del torrente sanguíneo, es capaz de llegar e invadir el intestino delgado en un período de 21 días desde el primer contacto.
La invasión obstruye las venas que dan sangre a este órgano y, en los casos más graves, produce la muerte de tejido, explicó el cirujano Orlando Urroz Torres, subdirector del Hospital de Niños.
En situaciones críticas se requiere operar para eliminar el tejido intestinal muerto. Cuando la invasión de parásitos es grande, puede dejar al intestino del niño sin capacidad para absorber los nutrientes de los alimentos.
Esto es lo que se conoce como síndrome del intestino corto, que obliga al hospital a internar a estos menores por meses y hasta años, mientras se logra algún nivel de recuperación intestinal que permita al menor ir a casa.
No hay cura para las complicaciones causadas por este parásito, descubierto en 1967. Lo único posible es tener a los pacientes bajo observación clínica, explicó Urroz.
Se calcula que el parásito es frecuente en Costa Rica, y es la causa de hasta un 20 por ciento de las inflamaciones de apéndice que se tratan en este hospital pediátrico.
El Angiostrongylus costaricensis fue descrito en Costa Rica hace 42 años por Pedro Morera y Rodolfo Céspedes (q.d.D.g.)
Síntomas. El principal síntoma del Angiostrongylus costarricensis es el dolor abdominal.
Mediante la realización de un examen de sangre se determina si el menor presenta niveles excesivos de eosinófilos (glóbulos blancos), que se vuelven activos ante reacciones alérgicas o infecciones como la causada por este parásito.
Los niños que logran salvarse de las secuelas más destructivas deben pasar bajo vigilancia médica varios meses.
La familia debe ser sometida a exámenes para ver si hay otros contagiados. Por lo general, manifestó Urroz, los estudios ayudan a encontrar a otro miembro del hogar infectado por la babosa.
Los médicos aconsejan a los padres extremar la higiene en la casa. Sobre todo, eliminar la presencia de las ratas, cuyas heces son el origen primario del parásito.
Estudios hechos en el país, encontraron que, al menos, el 50% de las babosas están infectadas.
