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582.000 hogares peligran por mal manejo de gas  

Estudio de Aresep revela que 82% de familias que cocinan con gas tienen el cilindro dentro de la casa o la misma cocina. Además, entidad advierte que mayoría de válvulas en uso son las menos seguras

La alarma se declaró en una cuartería en el centro de la ciudad de Alajuela. Cuando los bomberos llegaron, se sorprendieron: en cuatro cuartos, cada uno de los cuatro adultos mayores que los habitaban tenían un cilindro de gas para cocinar.

Era marzo y el incidente no pasó a ser más que una fuga de gas, que pudo ser mortal si hubiera ocurrido una explosión.

Ese mismo riesgo de estallido se repite a diario en el 82% de los 710.000 hogares de Costa Rica donde se utiliza gas para cocinar.

Se trata de 582.000 familias que tienen el cilindro dentro de la misma vivienda o la cocina, descubrió una encuesta de la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep), realizada entre octubre y noviembre del 2020.

El agravante se da porque el 78% de los 1,2 millones de cilindros que se usan en el país tienen válvula de acople, considerada la más peligrosa pues es propensa a las fugas.

Solamente el 22% tienen válvula de rosca, la cual es mucho más segura, confirmó el ingeniero Alexander Davis Barquero, coordinador de Calidad de Energía de la Aresep.

Las 710.000 familias que usan gas representan el 45% de hogares del país, pues de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) había 1.581.000, para finales de 2020.

El peso del uso de gas y las condiciones de manejo explican por qué los bomberos atendieron 22.800 incidentes relacionados con cilindros de gas, entre el 2015 y el 2020.

Se trata, en promedio, de 3.800 emergencias anuales o de 10 por día. En total, dejaron 103 lesionados en el quinquenio, informó Allen Moya Solano, jefe de Ingeniería de Bomberos. Esas salidas confirman la alta exposición de algunos usuarios.

Se incluye en esa lista de incidentes una atendida en diciembre de 2019, en Tibás, San José.

Ahí, una ama de casa decidió hacer tamales en el centro de la sala. Como su cocina era muy pequeña para el tamaño de la olla, apartó un poco los muebles para situar un quemador y un cilindro de gas.

“Los unió con una manguera de jardín. Cuando subió la temperatura, las patas de metal del quemador tocaron la manguera, que se derritió. Hubo una enorme fuga porque la válvula de acople no permitió cerrar el cilindro. El fuego quemó los muebles y casi la casa”, recordó Josué Araya Durán, uno de los jefes de Bomberos.

Válvulas de rosca

En la mayoría de los incidentes (95%) se trató de fugas en válvulas de acople rápido, que son más riesgosas respecto a las válvulas de acoplamiento de rosca, recomendadas tanto por Bomberos como por Aresep.

De acuerdo con Alexander Davis, el impulso hacia esa tecnología más segura se dio desde mayo del 2018, cuando el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae) y la Presidencia de la República emitieron los decretos ejecutivos N° 41150-MINAE-S y N° 41150-MINAE.

Se trata de un reglamento general y otro técnico que establecen mayores requisitos de seguridad y fijan responsabilidades para empresas y personas que manejan, transportan y consumen GLP.

Las normas se crean luego de más de una década de advertencias y llamados, principalmente de Bomberos.

El cambio de dispositivo cobró fuerza luego de la explosión de un cilindro en una soda de Alajuela, en enero del 2013. El suceso cobró la vida de cinco mujeres y detonó un fuerte debate sobre la seguridad de las válvulas de acople.

En un principio, se valoró sustituir el acople en todos los cilindros que estaban en circulación. No obstante, luego se consideró más conveniente cambiar cilindro y válvula al mismo tiempo, en vez de instalar acoples de rosca nuevos en cilindros cuya vida útil iba ya avanzada y que quedarían pronto en desuso.

“El proceso (de cambio) sigue, pero por esto es crítico que los usuarios tengan mucho cuidado y en particular cuando el cilindro está en la casa”, advirtió Davis.

El peligro es latente.

Riesgo bajo techo

El gas de cocina o gas licuado de petróleo (GLP) consiste en una mezcla de propano y butano incolora y altamente inflamable que posee un olor característico, como a podrido, pero sin ser tóxico.

Como es más pesado que el aire, en caso de fuga, el gas se acumulará en partes bajas de la casa (en particular en la cocina), explicó Allen Moya Solano, jefe de Ingeniería de Bomberos.

De fugarse suficiente gas, esto puede derivar en una combustión súbita que puede causar quemaduras y cuya onda expansiva golpea a las personas. Sin embargo, el mayor problema es que el aire se caliente rápidamente debido a la explosión.

“Los pulmones humanos no soportan respirar aire caliente y esto puede ser fatal”, dijo.

Moya fue enfático en que el gas es una fuente segura de energía, siempre y cuando se utilice con una instalación adecuada, donde el cilindro esté fuera de la casa.

El especialista dijo que el riesgo con las fugas es dejarlas desatendidas, pues llega un momento en que las partes bajas acumulan suficiente gas y luego, el encendido de un interruptor de luz, un cigarrillo o una candela, puede ocasionar la deflagración.

El estudio

La encuesta sobre usos del GLP en hogares, realizada por Aresep entre octubre y noviembre del 2020, forma parte de los estudios de calidad que debe llevar a cabo la entidad.

La muestra incluyó 2.300 entrevistas efectivas, con un margen de error de los resultados de 2% y un nivel de confianza de 95%, a nivel nacional.

Aresep descubrió que solo 16% de estos consumidores califican de “muy buena” la instalación de su sistema de gas, mientras otro 57% la calificó de “buena”. La inquietud es que 24% no tiene certeza de si es segura.

Otro hallazgo es que al menos 28% de hogares ha experimentado fugas y 51% de los entrevistados admitió desconocer cuáles son las características de seguridad deseables en la instalación de un sistema de gas doméstico.

Para minimizar la exposición a fugas, Bomberos de Costa Rica tiene una serie de consejos para distintas situaciones en la manipulación de gas.

Juan Fernando Lara Salas

Juan Fernando Lara S.

Redactor en la sección Sociedad y Servicios. Periodista graduado en la Universidad de Costa Rica. Ganó el premio Redactor del año de La Nación (2012). Escribe sobre servicios públicos, infraestructura, energía y telecomunicaciones.