Ángela Ávalos. 29 octubre, 2016

(Video) Filas por una cita en Heredia

Pasaban las 4 a. m. del martes 25 de octubre, y una mujer que se identificó como Karla acumulaba más de cuatro horas acampando para sacar citas a gente que previamente llegó hasta su casa, en Cubujuquí de Heredia, a solicitarle el favor.

A su lado, un tío, un primo y su mamá, bien cobijada, reposaban sobre espumas o cartones desde la noche anterior.

Karla carga un folder y dentro de él varias autorizaciones que le dan los asegurados –con copias de cédula– para que les saque cita, en el Área de Salud Heredia–Cubujiquí. Ella niega que cobre por estos servicios.

Ese martes, dijo, solo venía a sacar cita para uno de sus hijos. Sin embargo, varias de las personas que, poco a poco, comenzaron alargar la fila, la identifican como parte del grupo que vende campos en ese centro de salud de Heredia.

La venta de espacios ahí dificulta a los asegurados lograr uno de los 80 cupos diarios disponibles si no pueden pagar de ¢5.000 a ¢10.000 por ese “servicio”.

En la clinica del Seguro de Heredia se forman largas filas y venta de campos desde muy temprano de la madrugada. Un grupo organizado se adueña de los primeros campos para luego venderlos en ¢10 mil.
En la clinica del Seguro de Heredia se forman largas filas y venta de campos desde muy temprano de la madrugada. Un grupo organizado se adueña de los primeros campos para luego venderlos en ¢10 mil.

Así lo denunció recientemente una asegurada en las páginas de opinión de este diario. Se llama Ileana Venegas.

“Necesito asegurarme con el beneficio familiar y en la Clínica de Heredia centro, para hacerlo, el Departamento de Registro solamente atiende lunes y martes, y únicamente entregan 50 fichas. Desde hace cinco semanas vamos a hacer fila de madrugada. La primera semana fuimos a las 5 a. m. los dos días y no alcanzaron las fichas. Las dos siguientes fuimos entre 4:20 y 4:30 a. m. y tampoco. Acudimos a la Contraloría y esperamos de 7 a. m. a 1 p. m. y nunca nadie llegó.

”Cinco personas, familia entre sí y con total anuencia y conocimiento de los guardas y del Departamento de Registro, toman los primeros cinco campos de la fila y venden 10 campos cada uno en ¢8.000, así se utilizan las 50 fichas. Si uno reclama lo amenazan. Volvimos a intentar con la Dirección y la Contraloría, pero la respuesta que recibimos fue que no se puede hacer nada, que eso pasa fuera de la clínica y que no les corresponde”.

Aparentemente, el grupo también hace trámites, que incluye la renovación de carnés y el aseguramiento.

El martes 25 de octubre, un equipo de este diario fue testigo de que, además de la familia mencionada por los asegurados, un grupo de unos 10 alcohólicos de la zona son usados para guardar campos. Esto hace que, si una persona madruga para estar lo más adelante posible en la fila, conforme se acerca las 6 a. m. se verá más alejada de su objetivo pues la hilera de gente se comenzará a llenar con otros que no madrugaron como ellos porque los campos estaban “reservados” con antelación.

Laura Garita Pérez reconoció que ella se ha visto obligada a pagar ¢5.000 para que le saquen cita: “Sí he pagado a esa señora que está ahí (y señaló a Karla) porque necesito el campo y me urge. Tengo laringitis y trabajo en un call center. El jueves no me dieron cita porque no cogí campo. No tengo cómo comprobar que estoy enferma porque no logré conseguir cupo”, manifestó.

Aunque hay un sistema para sacar citas por Internet este no funciona, denunció Luis Solís, quien intentó en, al menos cinco ocasiones, sacar un campo por esta vía. Hizo la prueba frente a un equipo de La Nación y el mensaje que salía le informaba de que todos los cupos estaban llenos.

Esta situación la conoce la directora del Área de Salud, Flory Murillo Sánchez, quien admitió que “es una historia vieja de nunca acabar”.

De alguna forma, Murillo tiene razón: estas filas se repiten hace varios años.

Lo que llama la atención es que se sigan dando en momentos en que la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) anuncia la automatización de sus servicios; incluyendo el expediente digital, que debería estar listo para el primer nivel (Ebáis) en diciembre.

Murillo aseguró que luego de una investigación de la Caja, se concluyó “que de la puerta para afuera no podemos hacer nada; de la puerta para adentro sí”.

Este diario le preguntó si alguna vez había ido personalmente a confirmar lo que se daba a las puertas de su centro de salud, y dijo que no.Prometió que, si alguien le pone la denuncia con nombres y apellidos, ella no dudará en investigar y “en despedir a quien haya que despedir” si se comprueba alguna irregularidad que comprometa a personal de salud.

La directora regional de la Dirección Regional de Servicios de Salud Central Norte (a la cual pertenece Heredia), Marcela Chavarría Barrantes, admitió estar muy preocupada. Chavarría –quien tomará este caso como una denuncia y lo investigará–, giró órdenes a este centro para que, entre otras cosas, habilite más días de atención para trámites.

La funcionaria no niega que lo mismo que se está dando en Heredia-Cubujuquí suceda en otras cabeceras del área que cubre esta dirección, como Alajuela. Explicó que, en parte, esto se puede deber a que las cabeceras de las grandes ciudades en todo el país no tienen el número de Ebáis que realmente necesitan. Solo Heredia, requiere cuatro, y esto ejerce presión sobre los servicios y se presta para que se den situaciones como la venta de campos.

“Si le ofrezco a la gente sacar citas por web o por teléfono, reduzco la posibilidad de esta venta de campos. Si le facilito los procedimientos, igual le reduzco la posibilidad a otra gente de que interfiera en el proceso”, garantizó Chavarría.