Ángela Ávalos. 29 diciembre, 2019
Rodrigo Marín Rodríguez es director de Vigilancia de la Salud y responsable de la lucha contra el dengue. Foto: Alonso Tenorio/Archivo
Rodrigo Marín Rodríguez es director de Vigilancia de la Salud y responsable de la lucha contra el dengue. Foto: Alonso Tenorio/Archivo

Más de dos millones de enfermos y 1.200 muertes dejó el dengue en el 2019.

El escudo que Costa Rica ha montado con control de los zancudos, recolección de desechos y vigilancia de casos febriles, evitó que se produjeran muertes aquí, como las que llenaron de luto a países hermanos de Centroamérica, especialmente, Honduras.

Sin embargo, Costa Rica acumuló 8.723 enfermos, más de tres veces la cantidad registrada un año antes.

Rodrigo Marín Rodríguez coordina, desde hace varios años, la lucha de control vectorial en Costa Rica. Desde hace pocos meses, está a cargo de la Dirección de Vigilancia de la Salud, en el Ministerio de Salud, donde se ven estos casos.

"Somos un país muy expuesto. En Nicaragua, hay más de 160.000 casos y con una población flotante de aproximadamente un millón de personas que van y vienen a nuestro territorio”.

Marín no está conforme, dice, porque el riesgo sigue ahí. Él esperaba que este año fuera todavía más fuerte de lo que finalmente fue. Pero la amenaza de la muertes está a la vuelta de la esquina. Porque el dengue mata.

El siguiente, es un resumen de la entrevista sostenida con Marín el 10 de diciembre.

– Costa Rica todavía no tiene muertes reportadas por dengue a pesar del aumento exponencial de casos este año.

– Entre los países de más alta incidencia en Latinoamérica están Brasil, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala. De los cinco países con más alta incidencia, cuatro son hermanos nuestros. La heroicidad será mantener las buenas cifras en el 2020, porque nos tocaba en el 2019. No estoy contento con más de 8.000 casos, pero comparado con la emergencia por dengue en otros países y teniendo en cuenta el registro de Costa Rica, ni siquiera se acerca a los peores años de la historia.

– ¿Cómo lo lograron? Porque, además, la gente no reacciona para prevenir el dengue.

– Nos estamos preparando desde 2016 para combatir el brote de tres enfermedades por arbovirus (zika, chikunguña y dengue). Se compraron equipos, insecticidas de primer mundo, hicimos pruebas de resistencia y susceptibilidad y acuerdos de trabajo con instituciones como la Universidad de Costa Rica (UCR). Hay un grupo nacional de dengue que se reúne una vez al mes. Fuimos capaces hasta de donar productos a Honduras en la emergencia que tuvieron. El país nunca ha estado sin provisiones de equipos o insecticidas. Tenemos un taller para las máquinas desde el 2016. Los funcionarios están capacitados.

– Parece que eso, hasta ahora, ha sido suficiente.

– No, porque tenemos 8.723 casos.

– Pero no hay muertos.

– Pero tenemos 8,723 casos. Suficiente no. Ha funcionado. Que se puede mejorar, sí. Es el reto. Y que Costa Rica no caiga en un brote de dengue de la cola de los países centroamericano. Porque somos un país muy expuesto. En Nicaragua, hay más de 160.000 casos y con una población flotante de aproximadamente un millón de personas que van y vienen a nuestro territorio.

– Y ahora, se van por fin de año y regresan para el año nuevo.

– Hay una población flotante de hermanos nicaragüenses muy grande, que va y viene en épocas de transmisión muy grande. Nicaragua no ha parado la transmisión. Por eso, hemos fortalecido el trabajo en frontera.

– Desde 2016, vienen trabajando y esto ha permitido blindar de alguna manera al país. Pero el riesgo de muertes siempre existe.

– El riesgo está. Costa Rica tiene una población flotante de nicaragüenses de aproximadamente un millón de personas, que va y viene, visitando allá zonas con transmisión activa en este momento.

– Además de lo que ya están haciendo, ¿qué más falta por hacer?

– Lo importante es que la gente sepa que la principal forma de combatir el dengue es eliminando los criaderos. Tenemos que mejorar la comunicación, esto a todo nivel: cómo le podemos llegar a la gente para que entienda que el dengue mata, que ha matado niños. Esto podría pasar perfectamente aquí. Tenemos al mosquito Aedes aegipty y el Aedes albopictus.

– Han encontrado en las actuales autoridades de Salud el apoyo necesario para continuar con el presupuesto para continuar con esa estrategia.

– Nosotros tenemos en este momento suministros para los dos próximos años. Aproximadamente, entre ¢600 y ¢1.000 millones al año en equipos, máquinas insecticidas, insumos para los funcionarios de control de vectores (equipos de protección). No nos podemos quejar desde el punto de vista del apoyo. Para Salas (Daniel Salas Peraza, ministro de Salud), quien dirigió Vigilancia de la Salud, es una prioridad el tema de las enfermedades transmitidas por vectores.

– Estos 8.723 casos están diciendo algo.

– Están diciendo ‘tenga cuidado’. Los casos de dengue son cíclicos. Yo pensaba que el bombazo sería este año, y no. Comparado con otros países, 8.723 casos es un año relativamente malo en Costa Rica. Pero sin muertos, con solo diez casos de dengue grave y con cuatro de los cinco países con más alta tasa de incidencia en Latinoamérica, también es un logro, pienso yo.

– ¿Cuánto le ha costado esta atención al país?

– Es un dato un poco difuso, complejo de sacar. Sí tengo datos de que el peor año en la historia, 2013, costó alrededor de $120 millones, con casi 50.000 enfermos, con 220 casos de dengue grave y una defunción y la circulación de tres serotipos. Solo en control de vectores ese año se gastaron $10 millones, lo cual es muchas veces mayor al $1,8 millones de la actualidad.