Juan Fernando Lara Salas. 10 junio
El padre Francisco Flores en una de sus rondas en el Hospital San Juan de Dios. Cuando no está ahí, trabaja en la iglesia del Carmen, en el centro de San José. Los fines de semana colabora con la parroquia de Tres Ríos, en La Unión. / Fotografía: Cortesía
El padre Francisco Flores en una de sus rondas en el Hospital San Juan de Dios. Cuando no está ahí, trabaja en la iglesia del Carmen, en el centro de San José. Los fines de semana colabora con la parroquia de Tres Ríos, en La Unión. / Fotografía: Cortesía

En los pasillos del Hospital San Juan de Dios, se escucha varias veces al día el llamado: “Padre capellán, por favor presentarse en el salón… Padre capellán, por favor presentarse en el salón…”.

La frase desde los altavoces rebota en las paredes hasta dar con su destinatario; el sacerdote Francisco Flores quien desde el inicio de la pandemia camina sin pausa esos corredores para acompañar a pacientes y funcionarios en sus momentos de más dolor e incertidumbre.

“Es muy frecuente sobre todo cuando una persona está por fallecer”, explicó Teresita Chinchilla, coordinadora de la central telefónica del centro médico, en referencia a la solicitud de la presencia del padre Chico.

La llegada de la covid-19, hace 15 meses, despertó inmensos temores tanto en los pacientes como en el personal de salud que el sacerdote procura aliviar con sus palabras, oraciones y compañía.

Todos los lunes, miércoles y viernes, el padre Chico llega a las 6 a. m. al hospital para celebrar misa a las 6:15 a. m. Por el resto del día, su misión es tratar de preservar el espíritu de lucha, la esperanza y la fe.

(Video) El padre Chico y sus rondas hospitalarias

“A veces nos da temor o incertidumbre de que estamos a merced de algo que no podemos controlar. Todo está en el plan de Dios, sea que vayamos a quedarnos en este mundo o que vayamos a partir. Hay que verlo con calma, sin desesperarnos, y seguir amándonos unos a otros”, expresó el religioso, con 34 años de sacerdocio.

En sus recorridos, su mayor desvelo es por los que están más delicados pero en todos observa temor, ese que suele hundirlos en el hermetismo.

En esos casos, dice, hay que comprender la diferencia entre el distanciamiento social debido la enfermedad y el aislamiento por la falta de personas quienes brindan compañía.

“Hay que evitar lo segundo o nos enfermamos. Es muy importante dar este apoyo porque se crean espacios de comunión, que ahorita no podemos tenerlos físicamente, pero que son indispensables para la salud mental”, explicó en declaraciones divulgadas este jueves por el área de prensa de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

Él puede ser requerido en cualquier salón, sea de atención de covid-19 o no. Cuando es en áreas para covid-19, el personal de enfermería le facilita el equipo de protección.

El cura primero se lava las manos y procede a colocarse las botas, luego se lava las manos de nuevo y se coloca bata descartable,  la mascarilla, los lentes de seguridad y el gorro. Ahí cuando otra vez se lava las manos (la tercera vez). Después de secárselas, se coloca los guantes y es en ese momento cuando está listo para ingresar al cubículo donde el paciente lo espera.

De forma respetuosa, el padre Chico se acerca a la cama del paciente cuando el personal de enfermería se lo indica. En forma pausada, camina hasta la persona y se presenta. Si está despierta, conversan, si no, el padre Chico reza junto a su lecho.

Con frecuencia, otros pacientes del salón lo llaman para que también los acompañe.

Alivio y paz

“El paciente siempre le enseña a uno algo, incluso cuando está en condición grave y delicada. Esto es una oportunidad de brindarles acompañamiento y paz cuando más lo necesitan. Porque en estos momentos, además de soportar la dolencia, también sufren la soledad del aislamiento”, explicó.

La cercanía que les brinda, asegura, les transmite fortaleza, lo que es “importantísimo”.

Sin embargo, dice el padre Chico, en estas experiencias él es el agradecido, porque cada visita lo hace sentirse útil, sobre todo, si consigue llevar alivio.

“Uno trata de ayudarlos a hallar un sentido en la vida, cuando usted tiene eso, usted puede luchar y superar dificultades. El problema es cuando solo sienten que se les cierran las puertas, ahí es donde, con el apoyo de la fe, procuramos animarlos a ver más allá y evitarles sentir que su proyecto de vida se frustrará”, expresó.

Sus visitas a los salones con pacientes covid-19 por lo general ocurren entre 7 p. m. y 10 p. m., pero si un paciente de esta área lo necesita en otro momento; ahí estará sin importar qué hora marquen los relojes.