David Vargas Chacón, colaborador. 16 octubre
El Santamaría ya no se ve abarratotado. En la fila hacia los counters es notable la distancia entre cada viajero, como parte del protocolo implementado para reanudar operaciones Foto: David Vargas.
El Santamaría ya no se ve abarratotado. En la fila hacia los counters es notable la distancia entre cada viajero, como parte del protocolo implementado para reanudar operaciones Foto: David Vargas.

Viajar a Estados Unidos en octubre del 2020 no se puede considerar como una actividad recreativa en este momento. Con 7,3 millones de personas infectadas, 208.000 muertes y 40.000 casos nuevos cada 24 horas, uno podría comparar este viaje de negocios a la nación del norte con un deporte extremo.

Originalmente, resolver asuntos legales en Missouri (en el centro del país) lo programé para la primera semana de abril. Pero un mes antes se detectó el primer caso de covid-19 en Costa Rica (precisamente importado por dos estadounidenses) y el 19 de marzo se cerraron nuestras fronteras. El trámite urgente tuvo que esperar… y esperar, y esperar hasta que en agosto se dieron los primeros indicios de que era factible tomar un vuelo hacia Estados Unidos.

Las interrogantes para hacer el viaje eran muchas: ¿cuál era la mejor forma de llegar a Columbia, Missouri, un estado con casos en aumento? ¿Con cuáles restricciones sanitarias me enfrentaría? ¿Podría cruzar fronteras estatales sin problemas o cuarentena obligatoria? ¿Habría vuelos directos para llegar a este pequeño pueblo? ¿Sería seguro y conveniente estar encerrado en varios aviones y circular por aeropuertos en diferentes estados?

Las respuestas a las interrogantes varían de estado a estado y cambian semana a semana. Era prácticamente imposible resolver todo desde Costa Rica.

Pero la suerte estaba echada. La fecha de partida la fijé para el 1.° de octubre y encomendé el desarrollo del viaje “a la mano de Dios”. Armado con los documentos por autenticar, 25 cubrebocas desechables, dos mascarillas lavables, varias botellas de alcohol en gel, un certificado de prueba PCR negativa (por aquello) y mis efectos personales, salí del Juan Santamaría en vuelo de United Airlines hacia Nueva Jersey.

Al llegar a la sala de espera, son notables las bancas marcadas para que no se usen y asegurar distancia. Los viajeros acatan sin problema la instrucción. Foto: David Vargas
Al llegar a la sala de espera, son notables las bancas marcadas para que no se usen y asegurar distancia. Los viajeros acatan sin problema la instrucción. Foto: David Vargas
Primeros filtros

Los controles en el aeropuerto fueron tan estrictos como uno esperaría de cualquier edificio en Costa Rica con alto tránsito: mascarilla obligatoria para todos, toma de temperatura, y guardas de seguridad que cuidan la entrada para que solo viajeros ingresen.

Una vez adentro, el movimiento se asemeja casi a una cierta normalidad artificial, aunque mucho menos populosa.

En las salas de abordaje, la mitad de las butacas están marcadas para prohibir su uso y así asegurar distanciamiento. En el avión, el asiento reservado en línea puede ser cambiado para mantener a los pasajeros separados.

El Boeing 737-800 salió a la mitad de su capacidad de pasajeros. Los asientos del medio en la mayoría de las filas estaban desocupados, salvo en casos de que los viajeros fueran de una misma burbuja.

Ya en el aire, las personas se descubrían la cara solo para tomar un sorbo de agua o comerse el minúsculo refrigerio en las cinco horas: dos bocadillos (uno dulce y uno salado) sellados en plástico grueso difícil de abrir.

Distintas reglas

A las 7:38 p. m. tocamos tierra en el aeropuerto internacional de Newark, con un impresionante atardecer color fuego. En los puestos de Migración, los trámites de ingreso fueron expeditos, y con pocas personas vigilando síntomas, pues la vigilancia se hace con cámaras sensibles al calor corporal.

En EE. UU., la responsabilidad de cuidarse para evitar contagios de covid-19 es más personal que en Costa Rica. Básicamente, ese país cuenta con que cada persona sea prudente y precavida, aunque no todos lo cumplen.

Dependiendo del estado donde uno se encuentre, las reglas son más o menos rígidas con respecto al uso de mascarillas en espacios donde se aglomera la gente. En New Jersey y Nueva York, casi todos usan cubrebocas (aunque bastantes personas dejan al descubierto su nariz) en todo momento y en todo lugar.

En Maryland, es requisito el cubrebocas para ingresar a cualquier lugar comercial, aunque menos personas lo hacen en público. En Ohio, el personal del hotel cerca de Columbus usaba los cubrebocas más como un accesorio personal que como una barrera contra el contagio.

En Missouri, la mitad de la gente usa cubrebocas en las calles y la otra mitad no, pero es requisito usar cubrebocas para ingresar a cualquier edificio federal y universitario.

La densidad de la población hace que se cumplan más estrictamente las reglas sanitarias. Es por ello que, en los centros urbanos más grandes de la costa este, las personas sean más conscientes de las reglas sanitarias que en la región central.

3.600 kilómetros de noticias sobre Trump

Los vuelos internos apenas están regresando a la normalidad en EE. UU. Viajar por avión a un estado de contagio alto significaría cuarentena obligatoria al regreso a Newark porque sabrían por el registro mi aeropuerto de embarque, lo cual sería muy costoso y prolongaría innecesariamente mi estadía en EE. UU. Viajar en automóvil sería más lento, más caro, pero más seguro, y la cuarentena no aplica para los recorridos por carretera si la permanencia en cada lugar es corta.

Aunque se haya elegido un asiento al hacer la reserva, la tripulación podría pedir un cambio, para garantizar distanciamiento entre los pasajeros.El Boeing 737-800 salió con apenas el 50% de su capacidad de personas. Foto: David Vargas
Aunque se haya elegido un asiento al hacer la reserva, la tripulación podría pedir un cambio, para garantizar distanciamiento entre los pasajeros.El Boeing 737-800 salió con apenas el 50% de su capacidad de personas. Foto: David Vargas

Así se inició un recorrido de 3.600 kilómetros desde la costa este de EE. UU. hacia el centro del país por carreteras.

Manejar por la interestatal I-95 al sur, a las I-70 al oeste durante 2 días para llegar al destino, y la misma receta se aplica para el regreso. Mi único compañero fue la radio, que me sirvió para seguir paso a paso el aviso del contagio de covid del presidente Donald Trump, su traspaso al hospital militar Walter Reed, el coctel de tratamientos experimentales que le aplicaron, y cómo afectaría su ausencia obligatoria a su campaña electoral a menos de un mes de las elecciones.

En Nueva Jersey, se puede realizar la prueba PCR de forma gratuita en muchos lugares. Este es en King's County Hospital. Foto: David Vargas
En Nueva Jersey, se puede realizar la prueba PCR de forma gratuita en muchos lugares. Este es en King's County Hospital. Foto: David Vargas
Disponibilidad de pruebas PCR

Cumplí la misión del viaje, pero falta cumplir los requisitos para regresar a Costa Rica. Nuestro país requiere de una prueba PCR negativa para ingresar al país sin tener que someterse a cuarentena.

Así que, “para no jalarle el rabo a la ternera”, desde el día uno en EE. UU. hice las averiguaciones de dónde puedo realizarme la prueba PCR cerca de Newark en preparación para mi regreso.

En el área metropolitana de la ciudad de Nueva York, el NYC Health + Hospitals, una red de centros de salud ofrece pruebas gratuitas a cualquier persona que quiera realizárselas. Otras cadenas farmacéuticas como CVS y Walgreens ofrecen también pruebas al minuto con cita. Los resultados se entregan de tres a cinco días de realizada la prueba.

Opté por hacer un ensayo con NYC Health + Hospitals, pues ofrecen la opción de hacerse pruebas sin cita. Una hora de fila y pude hacerme el hisopado nasal con solo dar mis datos personales y la dirección del hotel donde estaba. Tres días después pude ver los resultados de la prueba en línea accediendo a un sitio web. El sistema es eficiente, rápido y sin costo. Y ya ubiqué dónde realizar mi prueba PCR para regresar al país sin tener que entrar en cuarentena.

Epílogo del viaje. Escribo estas líneas en carretera, en el estado de Kentucky rumbo a Maryland, para una visita rápida a mis amigos (respetando todas las reglas sanitarias) antes de llegar a Newark a esperar la salida de mi vuelo este 18 de octubre. Logré el cometido del viaje sin mayores complicaciones.

Hacer viajes por carretera entre estados puede resultar más conveniente en algunos casos, puede los ingresos por aeropuertos pueden obligar a cuarentenas, si el estado de donde se proviene es de alto contagio. Foto. David Vargas
Hacer viajes por carretera entre estados puede resultar más conveniente en algunos casos, puede los ingresos por aeropuertos pueden obligar a cuarentenas, si el estado de donde se proviene es de alto contagio. Foto. David Vargas

Percibí que la sombra de la covid-19 no es tan marcada en Estados Unidos como lo es en Costa Rica. Siempre existe la preocupación del contagio y hay campañas que le recuerdan a la gente la importancia de usar la mascarilla y el distanciamiento para evitar la propagación del virus. Pero la vida continúa con más normalidad.

Cambiar de latitud y de ambiente pone en perspectiva la manera en que los gobiernos deciden cuál es la mejor forma de proteger a su población. ¿Cuál es la mejor? Eso dependerá de la cultura de cada país, y de los recursos disponibles para hacerlo.

Nota del editor: Fue corregido una de las fotografías, que correspondía a uno de los sitios para realizarse la prueba PCR en Nueva Jersey.