Sofía Chinchilla C.. 13 octubre
En el 2012, Aurora atravesó el embarazo de su bebé que se desarrolló con la pared abdominal abierta y sin ninguna posibilidad de vivir. Ahora, mantiene una queja abierta contra el Estado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Foto: captura de pantalla del documental Aurora.
En el 2012, Aurora atravesó el embarazo de su bebé que se desarrolló con la pared abdominal abierta y sin ninguna posibilidad de vivir. Ahora, mantiene una queja abierta contra el Estado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Foto: captura de pantalla del documental Aurora.

Aurora investigó el diagnóstico que le dieron los médicos y esperó un milagro que salvara a su bebé, pero cuando aceptó que no había posibilidades, pidió un aborto terapéutico para evitar el sufrimiento de ambos.

Él se desarrolló con la pared abdominal abierta y los órganos vitales expuestos, por lo que los médicos supieron desde las primeras semanas que no podría vivir. Y, pese a que la situación también representaba un riesgo grave para la salud mental de ella, el Estado se negó a interrumpir la gestación.

Eso ocurrió en 2012, por lo que Aurora llevó al Estado costarricense ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en procura de que el Poder Ejecutivo firme una norma técnica que regule el artículo 121 del Código Penal, el cual permite terminar los embarazos que pongan en riesgo la vida o la salud de las madres.

Aurora describió a La Nación el trato que recibió de parte del sistema de salud costarricense y explicó por qué considera tan necesario que el Estado permita que las mujeres sean quienes decidan, en situaciones como la que vivió ella.

-¿Cómo fue la atención que le dio la CCSS, a partir del momento en que recibe el diagnostico el problema de su embarazo?

"El señor del Calderón me dijo ‘si su bebé tiene lo que creo, se va a morir’. Estaba de ocho semanas, pero teníamos que esperar hasta la semana 12 para confirmar el diagnóstico. Yo le pregunté, ‘¿pero no se puede hacer nada?’ Y me dice que no. ‘¿Qué pasa si se confirma el diagnóstico?’ Me dice, ‘Esperar que se le venga o se muera dentro del vientre’. Esa fue toda su explicación.

"Empezaron a mandarme controles mensuales, nada más para ir viendo cómo se malformaba el bebé. Yo le decía, ‘¿es usual que duela tanto sentarse? me duele mucho la espalda, siento que el vientre se me inflama’. Y me dice que es normal.

"Después empezó a salir un liquidito. El doctor revisó y me dice ‘no te está saliendo nada’. Nunca revisé si lo anotó en el expediente. La cuestión era que el liquidito era del mismo color cuando rompí fuente, como verde. Después, leyendo, me di cuenta que era meconio.

“Pedimos que me mandaran a Psiquiatría, porque el jefe de Ginecoobstetricia dijo que si Psiquiatría daba indicación, entonces él intervenía”.

-¿En qué sentido?

Que interrumpía el embarazo. Esa psiquiatra me llamó a la casa, pidiéndome disculpas, porque no había podido. Que ella había tenido una reunión y que los médicos habían tomado la decisión, que eran los medicamentos.

-Cuando fue donde la psiquiatra, ¿le planteó su decisión, le pidió opciones?

Ella valoró la salud mental, y vio que había una gran amenaza de sufrir un estrés postraumático, que de cierta manera sí lo sufrí. Ella consideraba que definitivamente había que interrumpir el embarazo. Eso me lo dijo personalmente, pero nunca apareció escrito.

-¿Le recetaron medicamentos aunque el doctor le había dicho que iba a actuar según la valoración de la psiquiatra?

Sí, que es extraño, porque si ella se reunió con quién sabe quién, yo debía estar presente. Y nunca estuve presente. Te bailan para allá, te bailan para acá. Nadie quería decirme nada. Nadi. Era medio desesperante y frustrante.

-Y ustedes insistieron para que se le interrumpiera el embarazo.

Hasta el final.

-¿Qué respuestas les dieron? ¿Fueron argumentos médicos, o de qué tipo?

El jefe de Ginecoobstetricia dijo que en el país está prohibido el aborto eugenésico, que es para abortar bebés como síndrome de down y parálisis cerebral, pero es que yo no estaba pidiendo eso. Después pusimos el recurso de amparo y lo esperamos toda la vida, fue cuando se me vino el bebé en diciembre.

"En el Hospital Max Peralta una doctora intercedió, yo estaba en la sala de partos. Ella dijo que por favor no, que me dieran descanso, y me mandaron a recuperarme a Ginecología. Pero fue por ella.

"Llegué a las 10 a.m., botando líquido desde la madrugada y eran las 7 p. m. cuando esa doctora intercedió, que por favor me hicieran la cesárea. Fue por ella, porque no me la querían hacer. Esto me lo contaron años después. Los doctores estaban preguntando si yo era Aurora, y que si yo era Aurora, ellos no se metían en eso.

“Por eso, que yo le diga a usted que hubo gran apoyo, o que por lo menos la Caja te da algún trato, no. Usted es una más, aunque se sienta bien mal”.

-En el momento en que acceden a hacerle la cesárea, ¿hubo alguna consideración especial?

Lo único que no se me olvida es que la doctora, que fue la que más me ayudó, estuvo ahí conmigo. Me dijo ‘es lo más impresionante que he visto en mi vida’, como vio al bebé.

“Una de las consideraciones que tuvieron, no sé si fueron las enfermeras, fue que cuando ya me lo llegaron a enseñar, yo estaba sedada, apenas tengo algo muy borroso. Estaba envuelto, pero ya había muerto. Eso es lo que más agradezco”.

-¿Cómo fue el proceso en el que decidió que era mejor interrumpir el embarazo, qué criterios consideró?

Fui a visitar a otro médico, especialista en malformaciones. Le dije que por favor me explicara todo y me metí a ver todo, fotos... Ahí empecé a tomar la decisión, porque decía que ellos mueren de sufrimiento fetal. Y yo decía ‘no puede ser, mi bebé no puede morir así’. Decía que el mayor porcentaje mueren ahogados en meconio.

"Yo le decía al doctor ‘¿por qué no me hacen nada, por qué no me dicen nada, por qué simplemente me dicen tómese una ibuprofeno, tómese una acetaminofén', cuando son medicamentos que con una embarazada normal no lo hacen.

"Lo que quería era escuchar su explicación, que yo ya sabía. Y nunca la pudieron decir. El doctor me dijo que no sufría. ¿Cómo me va a decir usted que un bebé no sufre, si se le desarrolló el sistema nervioso?

"Son cosas que para mí seguirán siendo indignantes. El trato cruel e inhumano no fue conmigo, fue con él. Le digo él porque le pusimos Emanuel, que significa Dios con nosotros, pero no era el nombre que teníamos planeado y no tenía sexo, porque no se le desarrolló, pero había que enterrarlo con nombre.

Yo no quería que mi bebé muriera como murió, y eso es lo que el Estado me debe. Me debe no haberle dado una muerte digna”.

-¿Tampoco de los medicamentos le dieron mayor explicación? ¿Qué eran, qué hacían?

Fluoxetina y clonazepam fue porque yo me metí a ver, pero no, nunca les dio la gana. Ellos solo te lo mandan así. Yo sí lo cuestioné y nunca quisieron darme la razón.

-A partir de su experiencia, ¿qué elementos considera que debe contemplar una norma técnica?

Para mí, desde que usted llega, primero deben informarla, darle seguimiento, darle opciones. Que yo sea quien tome mi decisión, pero que sea una decisión informada. Inclusive, yo diría que tiene que contemplar el después de lo que pasa. Imagínese, es una pérdida, es triste.

“Sobre todo que sean realistas, que no tenga nada que ver lo religioso, porque ahí no cabe. Y si desea continuar, que se le den los mecanismos para darle seguimiento con embarazo o sin embarazo, para que no existan las secuelas que se dan. Que sean muy veraces, y que se olviden que los medicamentos son la solución”.

-A lo interno, cada persona lleva su proceso espiritual. ¿Cómo fue eso, en el caso de su familia?

Nosotros siempre hemos sido muy creyentes, hasta el día de hoy. Entonces, sí hay un encontronazo en el sentido de ¿cómo voy a pensar yo en quitarle la vida a mi bebé? Yo tuve que llegar a ser objetiva y contemplar los dos panoramas, qué pasa si continúo y cómo va a morir, y qué pasa si termino el embarazo. Y sobre todo, qué va a pasar conmigo y con mi bebé.

"Ahí es donde tuve que tomar mi decisión con mi familia, y explicarles qué era lo que iba a pasar. El proceso mío con Dios fue bravo, porque en la semana siete, cuando a mí me dijeron que podía ser un síndrome de down, yo dije que eso no importa. En la semana ocho, le pedía todo el día a Dios un milagro. Cuando llegó la semana 12 y vi que el milagro no ocurrió, yo me enojé.

"Hicimos pases el día que enterré a mi bebé. Son cosas que pasan y me tocó a mí. Pienso que si no hubiera sido por Él, que me permitió tener todo el apoyo y tantas oportunidades, yo no estaría aquí.

“Eso es lo que la gente no entiende. Creen que uno es una babosa usada por abortistas, y yo no soy ninguna babosa. Soy una persona que estudia mucho, que lee mucho, me informo y tengo un criterio propio. No estoy haciendo esto porque me da la gana sino porque le dieron una muerte demasiado terrible a mi bebé, y esa es mi lucha. Que no le pase a mi hija el día de mañana ni a ninguna mujer, porque es injusto”.

-¿Nota errores en el discurso de la gente sobre el aborto terapéutico, ahora que el tema está en la discusión pública, incluso de los diputados?

Los diputados, es algo indignante que sean tan ignorantes, no puede ser posible que una persona que está metida en la Asamblea Legislativa haga y diga las cosas que dicen. Es terrible, no es posible que ellos estén ahí diciendo que se está promoviendo el aborto, cuando hay una ley que lo prohíbe. Hablando que el aborto va a ser un portillo, cuando es una ley desde 1970 y especifica el asunto de la vida y la salud.

“El pecado más grande que están cometiendo es no informarse, tergiversar la información y usarla a conveniencia. ¿Sabe qué es lo peor? Que usan las cuestiones religiosas para malinformar al pueblo”.

-La expectativa ahora gira en torno a la promesa del presidente de firmar la norma técnica este año. ¿Qué cree que debe saber la gente en este momento?

Que es una situación que duele, que va a doler el resto de la vida y que nadie puede entenderlo.

"Soy una mujer con muchísimo criterio para tomar mis decisiones y para saber que por lo que estoy luchando es primero por mi bebé, y después porque ninguna mujer tenga que verse en una situación como la que yo pasé, de tener que ver cómo agarra todos los pedacitos y volver a reconstruir y salir adelante, porque no fue fácil.

"Para mí, el mensaje principal es para Carlos Alvarado. Que así como él habla de derechos humanos, entonces que dé la cara, que haga esa norma como tiene que ser, porque está exponiendo a Costa Rica a una segunda denuncia. Todas las mujeres que han tenido que pasar por esta situación, nos merecemos que hagan esa norma decente.

“Que no se olvide que Costa Rica nos falló, tuvimos que rehacer la vida en pedacitos, porque la vida de nosotras se fue al suelo, y porque somos mujeres valientes logramos estar ahorita donde estamos. Pero si no hubiéramos pasado por esa situación, siempre me pregunto dónde estaría yo. Posiblemente estaría mucho más alto de lo que estoy ahorita, pero ahí voy”.