Rebeca Madrigal Q.. 20 agosto
Helio Fallas en la comisión de Control de Ingreso y Gasto Público. Atrás, la legisladora Franggi Nicolás, del PLN. Fotografía: Jose Díaz/Agencia Ojo por Ojo
Helio Fallas en la comisión de Control de Ingreso y Gasto Público. Atrás, la legisladora Franggi Nicolás, del PLN. Fotografía: Jose Díaz/Agencia Ojo por Ojo

El exvicepresidente y exministro de Hacienda, Helio Fallas, negó tener responsabilidad alguna por el gigantesco hueco que el gobierno actual detectó en el Presupuesto Nacional del 2018, en la partida para pagar deuda pública.

También, rechazó culpa alguna por no informar a la Asamblea Legislativa, antes de dejar el cargo en mayo, de que faltaban unos ¢800.000 millones para devolver el capital invertido a los compradores de bonos soberanos que vecían este año.

Más bien, optó por culpar a los mandos medios de Hacienda, ante consultas de legisladores como Roberto Thompson y Franggi Nicolás, del PLN.

Según reveló La Nación, el Ministerio de Hacienda subestimó, el año pasado, el presupuesto para cubrir la amortización de deuda de corto y largo plazo en 2018. Lo hizo confiado en que sortearía el pago de ¢300.000 millones mediante canjes de deuda que no se concretaron.

El canje consiste en cambiar a inversionistas títulos a punto de vencer por unos nuevos de largo plazo, con lo que se posterga la devolución inmediata del capital. Sin embargo, el gobierno anterior fracasó en ese objetivo.

Además, en los últimos meses del año pasado y también bajo la dirección de Helio Fallas, Hacienda colocó ¢927.000 millones en bonos de corto plazo, más del doble de lo que el Congreso había autorizado para pagar este año: ¢448.000 millones.

Y, en vez de informar al Congreso de la necesidad de incrementar la partida, en marzo de este año firmó un decreto para mover ¢413.000 millones de la partida para pagar títulos de largo plazo a la de corto plazo, dejándole un enorme hueco al gobierno actual en la primera.

Ante los diputados de la Comisión de Control de Ingreso y Gasto Público, el exvicepresidente admitió que el Presupuesto para pagar deuda se calculó con ¢300.000 millones menos porque se supuso que se lograría canjear la deuda. Agregó que también esperaban la aprobación del plan fiscal, la cual tampoco fructificó durante la administración de Luis Guillermo Solís.

¿Por qué no avisó al Congreso y al país que urgía un presupuesto extraordinario para tapar los faltantes?

Fallas reconoció que estaba al tanto de las dificultades para colocar deuda. Sin embargo, alegó que no conocía la magnitud porque la encargada de la colocación era la tesorera nacional, Marta Cubillo, quien a la vez era su viceministra de Hacienda.

Argumentó que, para pedir un presupuesto extraordinario, era necesario saber y argumentar técnicamente el monto y que, antes de dejar el cargo, no conocía con exactitud esos datos. Dijo que, esas revalorizaciones se hacen entre junio y julio de cada año.

El exjerarca alegó que los responsables de advertir del faltante eran los directores de Crédito Público, Presupuesto Nacional y Tesorería Nacional.

Según Fallas, esa información no la tuvo y conoció el tamaño del faltante por las declaraciones de la actual ministra de Hacienda, Rocío Aguilar, quien se vio obligada a pagar deuda de largo y corto plazo sin contenido presupuestario.

El diputado de Restauración Nacional, Eduardo Cruickshank, le preguntó qué haría él si hoy fuera ministro de Hacienda y el ex vicepresidente respondió: “¡Dios me libre!”.

Según el exministro, los ingresos tributarios fueron menores y eso empeoró las proyecciones iniciales. Insistió en que esa situación se agravó también por la dificultad que tuvo Tesorería Nacional para colocar la proyección del canje de deuda.

Ese canje de deuda fue declarado infructuoso antes del 15 de marzo y, pese a ello, Fallas les dijo a los diputados que no se vio la necesidad de enviar un presupuesto extraordinario porque Hacienda se encontraba en medio de un proceso de negociación.

Además, justificó su actuación porque todavía tenía confianza en la aprobación de una reforma fiscal, lo cual no ocurrió tampoco.