Silvia Artavia. 31 enero
Gustavo Román Jacobo es asesor político del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). Foto: Rafael Pacheco.
Gustavo Román Jacobo es asesor político del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). Foto: Rafael Pacheco.

¿Estaría expuesta Costa Rica a un episodio como el recién asalto al Capitolio, en Estados Unidos?

“Claro que puede pasar y el germen que lo facilita es la desinformación”. Así de contundente fue Gustavo Román Jacobo, asesor político del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).

En su criterio, ningún país está exento de protagonizar un pasaje como el ocurrido el pasado 6 de enero, en ese país norteamericano.

Ese día, adeptos del hoy expresidente estadounidense Donald Trump irrumpieron en la sede del Congreso para interrumpir una sesión conjunta con el Senado, en la cual se contaba el voto del Colegio Electoral, acto que iba a certificar a Joe Biden como nuevo mandatario de EE. UU., de previo a su investidura el 20 de enero.

Incitados por el llamado hecho por el mismo Trump —de no aceptar los resultados— y azuzados por movimientos extremistas en internet, civiles abatieron a la fuerza los controles de seguridad y tomaron el edificio.

“Esa gente que ingresó al Capitolio estaba convencida de que les habían robado la elección. Por eso es tan importante que nos tomemos muy en serio este tema de la desinformación”, insistió Román.

Según el abogado y doctor en Sociedad de la información y Análisis Crítico del Discurso, “sería erróneo o muy ingenuo asumir el discurso de la excepcionalidad costarricense, de que somos pacíficos, democráticos, civilistas y decir que no nos va a pasar esto de ninguna manera”.

Recientemente, el informe Perfil País de las Cibertropas Globales: Costa Rica, publicado por el Instituto del Internet de la Universidad de Oxford, reveló que políticos, troles y organizaciones civiles emplean estrategias rudimentarias, pero efectivas, para manipular a los costarricenses mediante la difusión de noticias falsas.

En adición, iniciativas de verificación de datos como #NoComaCuento, de La Nación, reportan regularmente la existencia de plataformas de desinformación que han potenciado su alcance gracias a la pandemia y, ahora, se enfocan en las elecciones presidenciales de 2022 y en particular, en el accionar del TSE.

“Yo creo que no es alarmista, sino que es una perspectiva bastante probable, que haya estrategias o discursos de desinformación, específicamente, respecto del proceso electoral y respecto del organizador —el Tribunal electoral— que van dirigidos a poner en duda su neutralidad o su imparcialidad, que vayan dirigidas a crear ideas erróneas sobre cómo se lleva a cabo el proceso electoral”, explicó Román.

Agregó que si bien existe una cantidad importante de diferencias entre Costa Rica y Estados Unidos, “no deberíamos creer, de ninguna manera, que somos inmunes” a situaciones como la acontecida en el Capitolio.

Por ello, apuntó que, como país, estamos obligados a reforzar la educación, no solo desde el TSE, sino también desde los medios de comunicación.

En su opinión, “dependemos más de la altura de la ciudadanía costarricense que de lo que puede depender una sociedad que reprime a sus ciudadanos con un ejército”.

Prudencia política

Varias han sido las ocasiones en que ciudadanos, de diferentes ideologías, han especulado sobre supuestos fraudes electorales, en Costa Rica.

No obstante, ante esos acontecimientos, siempre ha primado la cautela por parte de las élites políticas, destacó Román.

“Sí, ha habido cuestionamientos frente al resultado de una elección. Ha habido desde elevación de tono, digamos, un discurso pasional, fuerte, antes de las elecciones, y luego, después de las elecciones ha habido cuestionamientos.

“Sin embargo, al menos los rostros visibles, los candidatos, en el momento definitivo, en la hora en la que ha correspondido hacerlo, han reconocido el resultado.

“No hemos tenido casos de situaciones como la que ocurrió en Estados Unidos, en la que un candidato que llega a una instancia final se niegue a reconocer el resultado”, detalló Román.

Cuidarnos de una ‘situación traumática’

“Esa prudencia, esa tradición cívica de las élites políticas, creo, le han permitido al país evitarse una situación traumática”, afirmó el asesor político del Tribunal.

A ello sumó otros dos componentes: la credibilidad de los costarricenses en el TSE y el papel de la prensa.

“Cuando los discursos se han querido salir de esa senda correcta, de ese riel de tradición cívica costarricense, ha habido siempre una prensa responsable que les ha puesto un límite. Eso es muy saludable”, dijo Román.

Las normas no escritas de la democracia

En opinión del experto, si bien hay elementos que están establecidos en la Constitución Política y en el Código Electoral, como la prohibición de la reelección inmediata o la existencia del TSE, hay una serie de factores que no están escritos en ninguna parte, pero que son indispensables en la cultura política.

“Por ejemplo, que el candidato que pierde, llama al ganador y lo felicita, y le dice que le vaya bien, y se pone a sus órdenes. Eso no está establecido en ninguna ley. No hay nada que obligue a un candidato a hacer eso. Son normas no escritas de la democracia”, argumentó.

Así lo consignaron también Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, profesores de la Universidad de Harvard, en su libro Cómo mueren las democracias.

Sobre ese punto, de las normas no escritas de la democracia, reiteró, la necesidad de contar con una sana relación entre los candidatos presidenciales y la prensa.

En Costa Rica, en las últimas campañas electorales, las nacionales de 2018 y las municipales de 2020, ha sido usual que algunos aspirantes a la Presidencia o líderes partidarios, se nieguen a dar declaraciones a determinados medios de comunicación.

“El papel de la prensa es central en una democracia y, aunque no haya ninguna norma que establezca que un candidato tiene que estar abierto a la prensa y a responder preguntas, no me cabe la menor duda de que es, democráticamente, deseable y saludable que lo hagan.

“Un principio democrático por excelencia es el de rendición de cuentas y el de someterse al escrutinio público. Eso se realiza, sobre todo, a través del enfrentamiento directo o de la comparecencia directa frente a un periodista”, puntualizó.

A la negativa de algunos políticos de no atender consultas de los medios, se añade la nueva práctica de realizar transmisiones en vivo, por redes sociales, donde se limita las posibilidades de cuestionamiento.

“Por supuesto que en redes sociales yo me puedo poner a contestar preguntas, pero ahí yo tengo a mi disposición herramientas para filtrar lo que quiero que me pregunten o lo que quiero contestar. Como pasa, por ejemplo, en las ruedas de prensa en las que yo escojo que solo fulanito y menganito me van a hacer preguntas, o solo voy a admitir dos preguntas. Estas cosas no pasan en dictaduras; pasan en democracias.

“Por ejemplo, no hay ninguna ley que obligue al TSE a hacer conferencias de prensa, pero entendemos que es una norma no escrita de la democracia.

“Si en el caso del Tribunal es saludable, pues con mucha más razón lo es en el caso de una persona que, aunque no sea funcionaria pública, como un candidato, su participación en la contienda reviste un indudable interés público. Eso, a su vez, crea una obligación de moral política, de estar abierto al escrutinio ciudadano a través de la prensa”, concluyó.