
“Los hospitales están llenos de secuelas que se pudieron haber evitado”. Con esa frase, el director de la Red Integrada de Prestación de Servicios de Salud Central Norte de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), Wilman Rojas Molina, resumió el problema que enfrenta la institución por las amputaciones asociadas al pie diabético.
La afirmación quedó consignada en el informe de auditoría AS-ASALUD-0036-2026, emitido en abril de este año, sobre el abordaje integral de la diabetes mellitus y la hipertensión arterial en el primer nivel de atención —Ebáis y áreas de salud— y su incidencia en las amputaciones no traumáticas.
En el documento, el auditor Olger Sánchez Carrillo recoge una exposición realizada por Rojas a finales de mayo de 2025, en la que reveló que el Hospital San Rafael de Alajuela practicaba entre seis y diez amputaciones semanales a pacientes con diabetes. Para el funcionario, esa cifra representa un fracaso de la atención en el primer nivel.
Según explicó, los servicios de Salud Central Norte, que abarcan la provincia de Heredia y varios cantones de Alajuela —entre ellos Alajuela centro, Atenas, Grecia y Poás—, apenas logran captar al 48% de las personas con diabetes mellitus que deberían atender. Además, de ese grupo, solo la mitad mantiene un adecuado control de la enfermedad.
El problema ocurre mientras la cantidad de pacientes continúa en aumento. Para el 2025, el Ministerio de Salud proyectó que el país cerraría el año con 16.000 nuevos diagnósticos de diabetes. Al finalizar setiembre ya se contabilizaban 11.830 casos, equivalentes a más de 48 nuevos diagnósticos diarios.
“Logramos revisar 1800 expedientes, de los cuales 656 eran IRC (Insuficiencia renal crónica), solo el 14 % tenían un control óptimo. El total de los pacientes nunca estuvieron compensados en su vida. Estos pacientes no tenían seguimiento, ni controles, estos pacientes fueron captados en el hospital, no fueron captados en el primer nivel de atención”, detalló Wilman Rojas y posteriormente dio el dato de las amputaciones semanales que en ese momento se realizaban en el Hospital de Alajuela.
Rojas también señaló que la región Central Norte históricamente ha registrado los niveles más bajos de cobertura. Indicó que tras un informe de auditoría previo comenzaron a implementar mejoras, pero ese proceso coincidió con la eliminación de la herramienta PATON-PATONA, utilizada para identificar factores de riesgo del pie diabético. Aunque una norma institucional establece que debe aplicarse, Rojas aseguró que actualmente no se utiliza.
La doctora Alicia Juárez Nieto, de la Dirección de Salud Central Norte, coincidió en esa preocupación. “Se quitó la PATONA, pero se tiene que evaluar a pie, no está accesible en el énfasis del EDUS”, afirmó.
El enfermero podólogo Marvin Madrigal Chaves, con tres décadas de experiencia en el manejo del pie diabético, explicó que PATON-PATONA permite clasificar el riesgo de lesiones en los pies de las personas con diabetes. Sin embargo, señaló que dejó de utilizarse en los Ebáis por limitaciones de tiempo, ya que las consultas disponen de apenas 15 minutos por paciente.

20 pacientes amputados que no recibieron una “referencia oportuna”
La auditoría también revisó los expedientes de 20 pacientes atendidos en el Hospital San Vicente de Paúl, en Heredia, entre 2024 y 2025, que terminaron sufriendo una amputación luego de que lesiones inicialmente menores evolucionaron hasta convertirse en cuadros graves.
El informe concluye que estos casos evidencian la necesidad de fortalecer el seguimiento clínico, garantizar la referencia oportuna y reforzar la educación para el autocuidado.
Los pacientes, en su mayoría adultos mayores, no asistían regularmente a sus controles médicos ni se sometían a exámenes de laboratorio periódicos. Además, presentaban un mal control metabólico y obesidad.
La auditoría determinó que permanecieron más de dos años sin ser referidos oportunamente a un nivel de atención superior. Durante ese tiempo, las lesiones iniciales en los pies se agravaron hasta culminar en amputaciones y, en varios casos, acudieron tardíamente a los servicios de emergencias.
Para el auditor, estos hallazgos ponen de manifiesto la necesidad de fortalecer la promoción de la salud y el seguimiento sistemático de las personas con diabetes, pues la falta de monitoreo oportuno incrementa el riesgo de complicaciones graves, discapacidad y hospitalizaciones prolongadas.
Madrigal considera que muchas de estas lesiones comenzaron con deformidades como el denominado dedo en garra o con pequeñas heridas que posteriormente se ulceraron. Por ello insiste en que el primer nivel de atención debe revisar rutinariamente los pies de las personas con diabetes y remitir oportunamente a quienes presenten factores de riesgo.
“Esta consulta puede salvar cualquier cantidad de pies. Si ahorita la Caja está haciendo reforzamiento de primer nivel con enfermos y enfermas para atención de enfermedades crónicas, si uno tuviera día a la semana dedicado a la prevención del pie diábetico el riesgo de amputaciones disminuiría”
— Marvin Madrigal, podólogo
No obstante, el informe señala que el 90% de las 20 áreas de salud adscritas a la Red Central Norte carecen de clínicas especializadas en pie diabético. Durante las visitas realizadas para la auditoría en Heredia-Cubujuquí, Alajuela Central, Santo Domingo, San Rafael, San Isidro y Puerto Viejo de Sarapiquí no se encontró ninguna clínica de este tipo. Solamente el Área de Salud Belén-Flores ofrecía cinco horas semanales de atención preventiva para pacientes de bajo riesgo.
Como ejemplo de las consecuencias de esa situación, Madrigal relató el caso de un paciente que sufrió una pequeña herida cuando un tornillo atravesó su zapato. Debido a la pérdida de sensibilidad provocada por la diabetes, la lesión pasó inadvertida. Tras acudir al Ebáis fue remitido al hospital, donde recibió antibióticos y fue devuelto a la atención primaria. Posteriormente, le indicaron realizarse curaciones en su casa.
Dos días después buscó ayuda con el podólogo porque no sabía cómo atender la lesión. Para entonces ya presentaba gangrena y fue necesario amputarle la extremidad.
“Le dije que no podía hacer nada por él. Lo mandé al hospital. Eso se llama ataque de pie diabético”, relató el especialista, quien considera que el paciente requería hospitalización, control metabólico y estudios para valorar el grado de infección y el funcionamiento renal.
Madrigal sostiene que la prioridad debe ser captar más pacientes desde la atención primaria, capacitar a médicos y enfermeros en el uso de PATON-PATONA y desarrollar estrategias que eviten que personas con pies sanos o en riesgo evolucionen hacia un pie diabético.
La Nación consultó a la CCSS qué acciones adoptará para atender esta problemática, así como las razones por las cuales dejó de utilizarse la herramienta PATON-PATONA y la situación de las amputaciones reportadas en el Hospital de Alajuela. Al cierre de edición no se había recibido respuesta.
