
Oyner Gerardo Vargas Morales, un costarricense de 33 años, lleva casi tres meses detenido en Estados Unidos bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), mientras espera ser deportado a Costa Rica. Su familia asegura estar preocupada por su salud, pues afirma que se ha deteriorado durante la espera.
Su hermana, Erika Vargas Morales, explicó a La Nación que Gerardo se encuentra actualmente en un centro de detención en Luisiana y que ya firmó los documentos para su deportación voluntaria. Sin embargo, asegura desconocer cuándo podrá regresar al país.
“Nosotros tenemos casi tres meses de estar en esa lucha con mi hermano”, relató Erika. Según explicó, ha mantenido comunicaciones con el consulado costarricense y asegura que allí le indicaron que el proceso podría prolongarse hasta nueve meses.
Costarricense fue detenido en Ohio
Gerardo, vecino de Pérez Zeledón, vivió aproximadamente dos años en Estados Unidos y trabajaba en Ohio antes de ser detenido, según el relato de su hermana. En Costa Rica permanecen su esposa, sus tres hijos y sus padres, quienes son adultos mayores.
Erika señaló que el estado emocional y físico de su hermano se ha deteriorado. La mujer aseguró que Gerardo atraviesa una depresión, “llora mucho y casi no come”, y relató que en algún momento de la detención presentó una infección.
Según indicó, desde el consulado le advirtieron que su hermano debía procurar no enfermarse, pues una complicación de salud podría implicar su ingreso a otro proceso de atención y retrasar su regreso a Costa Rica.
Erika afirmó que su madre también ha sufrido afectaciones emocionales y ha requerido atención médica durante estos meses. Explicó que padece de neunomía y que lo ocurrido a su hermano ha empeorado su situación de salud.
“Yo pienso que a ella le afecta más que él esté allá y que no nos den una respuesta”, manifestó.
La familia tampoco cuenta con un abogado para llevar el caso debido, según Erika, a que no dispone de los recursos económicos necesarios. También enfrenta dificultades para mantener una comunicación constante con él debido al costo de las llamadas.
Familia preocupada por otros casos
La incertidumbre aumentó en los últimos días después de la muerte de Carlos Josué Marchena, costarricense de 37 años que permanecía bajo custodia del ICE en Luisiana.
El tico permaneció detenido desde el 14 de enero, por lo que acumulaba cerca de nueve meses detenido. Durante ese periodo pasó por centros en Michigan, California y finalmente Luisiana.
La víspera de su fallecimiento, el costarricense todavía pudo comunicarse con una amiga de la familia, a quien le indicó que tenía dolor en el pecho. Posteriormente, la molestia disminuyó y se fue a dormir.
Horas después, los parientes fueron informados de que el costarricense fue encontrado desvanecido y trasladado para recibir atención médica, donde se determinó que no presentaba signos vitales.
La familia de Gerardo también tiene presente el caso de Randall Gamboa, el costarricense que fue deportado en condición crítica desde Estados Unidos en setiembre de 2025 y falleció posteriormente en Costa Rica.
Erika mencionó ambos casos durante la conversación con este diario y aseguró que las noticias sobre otros costarricenses detenidos han incrementado la preocupación de la familia.
“Eso es lo que a mí más me preocupa, por todo eso que está pasando”, expresó.
Erika espera que el caso de su hermano se visibilice y que el Gobierno costarricense pueda intervenir para agilizar su regreso al país.
Su principal temor, explicó, es que Gerardo atraviese una situación similar a la de otros costarricenses que han sufrido complicaciones de salud mientras permanecían bajo custodia migratoria en Estados Unidos.
