
Hablar del fenómeno de El Niño en Costa Rica inevitablemente conduce a dos años que permanecen en la memoria de los costarricenses: 1997 y 2015. Ambos episodios dejaron intensas sequías, pérdidas en el sector agropecuario y alteraciones en las lluvias que golpearon con distinta intensidad varias regiones.
Hoy, esos antecedentes vuelven a cobrar importancia ante un nuevo fenómeno que amenaza con poner otra vez a prueba a productores, ganaderos y comunidades expuestas a la escasez de lluvia.
Casi tres décadas después del episodio de 1997 y once años después del de 2015, Costa Rica enfrenta un escenario que comienza a mostrar señales particulares. El fenómeno actual todavía no alcanza el impacto que tuvieron aquellos eventos, pero las condiciones del océano Pacífico y las proyecciones para los próximos meses llevan al Instituto Meteorológico Nacional (IMN) a mantener una vigilancia sobre su evolución.
Rebobinar en el pasado de este escenario es importante para sectores como la agricultura y la ganadería, que históricamente figuran entre los más afectados por la disminución de las precipitaciones.
Los antecedentes muestran pérdidas en cultivos, menor disponibilidad de alimento para el ganado y condiciones favorables para algunas plagas. Para 2026, conocer con anticipación el comportamiento esperado de las lluvias puede ayudar a los productores a tomar decisiones antes de los meses más secos.
Daniel Poleo, meteorólogo del IMN, explicó en entrevista con La Nación que El Niño comenzó oficialmente en mayo de este año y las condiciones observadas en el océano Pacífico ya permiten establecer diferencias importantes respecto de los grandes episodios que afectaron al país en décadas anteriores.
“La temperatura del océano Pacífico en junio alcanzó la máxima de los últimos 30 años para ese mes. Si lo comparamos con cualquier otro junio, la región donde se desarrolla el fenómeno de El Niño, este ha sido el que registra la temperatura más alta en el océano. Pero, a pesar que tiene la temperatura más alta, no tiene o no ha tenido el impacto que tuvo el fenómeno de El Niño en 2015”, señaló Poleo.

No obstante, el meteorólogo aclaró que esa intensidad no significa automáticamente que Costa Rica experimentará los mismos efectos observados en otros años y que este aspecto es diferente al impacto que el país puede recibir del fenómeno.
Aunque ambos conceptos suelen confundirse y van de la mano, el especialista del IMN aclaró que la intensidad y el impacto de un fenómeno de El Niño no son sinónimos. La intensidad se determina por el grado de calentamiento del océano Pacífico, mientras que el impacto depende de cómo ese calentamiento interactúa con otros factores climáticos. Por esa razón, un evento puede ser muy intenso desde el punto de vista oceanográfico, pero generar efectos menos severos sobre las lluvias, las temperaturas o la sequía en Costa Rica.
1997: el fenómeno que puso a prueba al sector agropecuario
Hasta antes del episodio de 2015, el fenómeno de 1997 era considerado uno de los más intensos registrados en el país.
Los archivos periodísticos de La Nación muestran que aquel evento provocó una fuerte reducción de las lluvias. Esteban Brenes, entonces titular de Agricultura, señaló que las regiones Norte, Huetar Atlántica y Chorotega figuraron entre las más afectadas. La sequía perjudicó la producción de frijoles, arroz y hortalizas, además de actividades como la ganadería y la pesca.
Las autoridades también advirtieron sobre un adelanto de la estación seca y un aumento en el riesgo de incendios forestales, condiciones que terminaron afectando gran parte del continente.
Hasta diciembre, cifras oficiales aún parciales contabilizaban 345 personas fallecidas y 421.000 damnificados a causa del fenómeno, según informó la agencia AFP.
Para el IMN, aquel episodio se convirtió en uno de los principales referentes históricos de El Niño en Costa Rica. Poleo recordó que su intensidad solo estuvo precedida por la registrada en 1983: “El fenómeno de El Niño en 1997 fue, después del año 83, el más intenso que nosotros tuvimos en la región”.
2015: la peor sequía desde 1930
Más de 15 años después llegó un fenómeno que terminó por superar muchos de los registros de 1997. El episodio de 2015 dejó la peor sequía en el país observada desde 1930. El fenómeno de El Niño, agravado por el cambio climático, provocó un déficit de lluvias tan severo que en agosto la capital apenas registró dos aguaceros.
En ese momento, el IMN explicó que en 1930 llovió 1.093 milímetros (mm) , para un déficit de 760,4 mm (41%) , mientras que en lo que iba del 2015 habían llovido 1.388 mm para un déficit preliminar de 466 mm, lo que significa un 25%, según reportajes de este diario.

¿Por qué 2026 todavía luce diferente?
El especialista señaló que el comportamiento del actual fenómeno de El Niño muestra diferencias respecto a eventos anteriores, especialmente en la forma en que se ha desarrollado su intensidad y sus efectos iniciales en comparación con el año 2015.
“Este año ha sido diferente porque prácticamente hemos tenido casi 30 mm de acumulado (lluvia), o sea, que en algunos sectores sí llovió menos, pero se puede decir que el inicio del fenómeno de El Niño del 2015 fue mucho más intenso que este en cuanto a impacto. Pero este inicio, en cuanto a temperatura del océano Pacífico, está por encima de todos los fenómenos que se han presentado en los últimos 45 años”, según Poleo.
El meteorólogo considera que el mayor impacto del fenómeno todavía está por venir. También detalló que se espera que agosto y setiembre sean meses muy secos en la región del Pacífico y Valle Central.
“A partir de ahora sí vamos a estar teniendo un incremento en el impacto tanto en la sequía como en las temperaturas. Va a notarse mucho más”, señaló el especialista del IMN.
Por otro lado, los efectos de este fenómeno no se limitan a la sequía, la agricultura o los incendios forestales. Las condiciones previstas para los próximos meses también podrían representar riesgos para la salud, principalmente por un posible aumento de casos de dengue, asma y alergias, explicó Poleo.
Según el último boletín ENOS de la institución, el episodio se encuentra en una categoría fuerte, con temperaturas superiores en más de 1,5 °C a lo normal. El IMN prevé que esa intensidad se mantenga al menos hasta setiembre y aumente a “muy fuerte” a finales de 2026.
Para el periodo entre agosto y octubre, el IMN estima un déficit de lluvia del 60% en el Pacífico norte, la reducción más alta prevista para las regiones climáticas del país. Además, las temperaturas podrían ubicarse entre 1,5 °C y 2 °C por encima de lo normal.
El Pacífico central, Pacífico sur, Valle Central y zona norte occidental también enfrentarían un escenario más seco, con un déficit de precipitación del 40%. La situación sería distinta en el Caribe norte y Caribe sur, donde el instituto proyecta un 15% más de lluvia entre agosto y octubre.
Si el calentamiento del Pacífico se mantiene durante los próximos meses y las condiciones del Atlántico evolucionan como proyectan los modelos climáticos, Costa Rica podría enfrentar uno de los episodios de El Niño más importantes de las últimas décadas.
¿Está Costa Rica más preparada que en 1997 y 2015?
Costa Rica enfrenta el fenómeno de El Niño de 2026 con más herramientas de prevención y monitoreo que durante los episodios de 1997 y 2015. Los avances tecnológicos permiten detectar incendios forestales prácticamente en tiempo real, mientras los pronósticos especializados ayudan a las instituciones y a los sectores productivos a tomar decisiones antes de que se intensifiquen los efectos, explicó el meteorólogo del IMN.
“Ahorita estamos mucho más preparados y posiblemente los impactos vayan a ser menores, en el sentido de que tenemos mucho más mayor certeza de qué va a ocurrir. El fenómeno de El Niño en el 97, no teníamos las herramientas de este momento; había mucho menos tecnología, teníamos menos boyas en el océano Pacífico y, obviamente, eso hacía que el impacto fuera mucho mayor”.
Uno de los principales cambios se encuentra en el monitoreo de incendios forestales. Actualmente el país utiliza información satelital para detectar quemas sin depender únicamente de los reportes de las personas.
La agricultura tampoco queda exenta de los efectos. Los antecedentes de 1997 y 2015 demostraron que las altas temperaturas y la falta de lluvia pueden reducir la producción de granos y leche, afectar la disponibilidad de alimento para el ganado y favorecer la aparición de algunas plagas.
El meteorólogo recalcó que disponer de mejores herramientas no elimina el riesgo. El país todavía podría enfrentar pérdidas agrícolas, disminución de la producción ganadera e incendios forestales. La diferencia respecto de décadas anteriores radica en que las instituciones y los productores disponen de más información para anticipar los escenarios y tomar medidas antes de que se presenten los periodos más críticos.
Recomendaciones ante los efectos de El Niño
Ante la reducción de las lluvias y las altas temperaturas previstas para los próximos meses, Poleo recomendó a la población adoptar desde ahora algunas medidas para reducir los posibles impactos de El Niño. Entre las principales acciones mencionó el uso racional del agua y la electricidad, la prevención de incendios y la eliminación de depósitos de agua que puedan favorecer la reproducción de mosquitos.
El meteorólogo puso especial énfasis en el ahorro de agua, debido a que la disminución de las precipitaciones podría reducir su disponibilidad durante la época seca. Entre las acciones que pueden aplicarse en los hogares mencionó evitar duchas prolongadas y no utilizar agua para barrer.
En los hogares también será importante eliminar recipientes, charcos y depósitos con agua que puedan convertirse en sitios para la reproducción de mosquitos.
