Mediante llamadas telefónicas y entrevistas cara a cara, una encuestadora contactará a unos 6.000 empresarios de todo el país para identificar las necesidades de capacitación y formación profesional de sus trabajadores.
Con esa información solicitada por encargo del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), se determinará en qué medida la oferta de carreras y cursos que ofrece esa entidad responde a los requerimientos del sector empleador y, sobre todo, en cuánto se deben cambiar.
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Desde el 12 de marzo se inició la consulta con las especialidades de Comercio y Servicios, Industria Gráfica y Salud, Cultura y Artesanías. Esta se extenderá hasta el 20 de junio.
Para llevarla a cabo, fue contratada la empresa Aula Abierta, que resultó adjudicada en una licitación por ¢70 millones. Sin embargo, preparan la contratación de otra firma para que realice la medición en otras especialidades.
El estudio se divide en dos etapas explicó Roberto Mora, Jefe de la Unidad de Planificación y Evaluación del INA.
En la primera, se aplica un cuestionario universal que responde a objetivos comunes de todos los sectores, con el fin de obtener información suficiente para que por cada sector productivo se extraiga una muestra en cada región.
En la segunda etapa, que se aplica de forma simultánea, se recaba información de carácter cualitativo acorde a la naturaleza del sector productivo, para la cual se diseñan cuestionarios según objetivos específicos. Además, esa consulta se realiza a empresas seleccionadas por expertos en el área.
"El trabajo se dividió en cuatro bloques con tres sectores productivos cada uno, actualmente se está aplicando el trabajo de campo del primer bloque, a saber: Salud, Cultura y Artesanías, Industria Gráfica y Comercio y Servicios, los cuales implican la aplicación de más de 6.000 entrevistas", dijo Mora.
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Se espera que todo el análisis esté terminado a finales de diciembre.
Evidencias
Desde el 2007, el sector privado ha pedido al Gobierno modernizar y reestructurar los cursos que imparte el INA para ajustarlos a las necesidades empresariales.
Entre sus peticiones específica están, por ejemplo, universalizar la enseñanza del inglés y de la informática, así como mejorar las capacidades matemáticas de los estudiantes.
Otro síntoma de la necesidad de hacer modificaciones en la oferta curricular, es la baja empleabilidad de los graduados pues solo el 25% logra conseguir trabajo en la especialidad estudiada.
Además, según las estadísticas del mismo Instituto, en el 2016, se egresaron 40% menos estudiantes que en el 2009, aunque en ese mismo periodo el presupuesto creció un 45%, lo que representó ¢130.000 millones.
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La Auditoría Interna del INA publicó dos informes, en el 2016, en los que evaluó el diseño y ejecución de la oferta curricular del Instituto, así como su relación con los estudios de identificación de necesidades de formación profesional en el mercado laboral.
Ambos análisis concluyeron que los controles que existían en ese tiempo no garantizaban que las carreras y programas del INA fueran una respuesta adecuada a las necesidades del mercado.
El año pasado, las cámaras empresariales reiteraron su inconformidad con la oferta de la institución. Uno de cada tres empresarios estimó que las carreras del INA no responden a las necesidades del sector productivo. Así lo reveló la encuesta Pulso Empresarial para el II trimestre del 2017, que consultó a 400 empresarios, presidentes, gerentes generales y gerentes financieros de las principales compañías del país.
Nuevamente, el año pasado la Contraloría señaló, en su informe N° DFOE-EC-IF-00028-2017, que los patronos estaban incurriendo en gastos extra por la deficiente formación de técnicos, al tiempo que criticó la oferta de carreras y programas.
