
Costa Rica llegó al límite de su generación hidroeléctrica sin haber promovido fuentes alternativas, lo que ahora coloca al país en una situación vulnerable ante una eventual falla, en momentos en que los fenómenos climáticos se tornan más extremos y crece la demanda.
Así lo expuso el ingeniero eléctrico Salvador López, exdirector del Centro Nacional de Control de Energía (Cence) del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), quien sostiene que el país debió promover un fuerte crecimiento de la energía solar y que el ICE tomó una decisión equivocada cuando desmanteló plantas térmicas en el 2022.
“Llegamos a la frontera hidroeléctrica porque, sea por el impacto del cambio climático y el ambiental, hacer más hidroeléctricas es impensable”, dijo.
Por eso, insistió, “la decisión correcta” en el corto plazo es reforzar el respaldo térmico mientras se acelera la incorporación de otras tecnologías.
En esa transición, López ve espacio claro para la energía solar y el almacenamiento. Si Costa Rica instala al menos 300 MW solares de generación adicionales (en abril había apenas 17 MW, según datos del ICE) y desarrolla baterías u otras soluciones, se podría trasladar parte de la energía captada en el día a horas nocturnas cuando el sistema se queda sin aporte solar directo.
El ingeniero advirtió de que Costa Rica construyó por décadas un sistema con logros reales, pero, cuando la generación solar empezó a volverse más competitiva, el país no se movió con la misma velocidad.
Ese es el punto en el que López enlaza sus advertencias técnicas con la discusión política sobre el proyecto de ley de armonización eléctrica, el cual ayudó a redactar y que permitiría a empresas públicas y privadas participar en ventas y compras mayoristas de energía sin que el ICE controle el mercado.
Para el exdirector del Cence, una reforma política sería útil si permite a sectores privados, cooperativas y empresas participar con mayor rapidez en la construcción de plantas solares, sistemas de almacenamiento y otros proyectos de despliegue ágil, sin desmontar el papel del ICE, pero sí corrigiendo la rigidez con que el sistema respondió a los cambios tecnológicos y los climáticos.
Exministro de Ambiente y Energía coincide
Carlos Manuel Rodríguez Echandi, ministro de Ambiente y Energía (Minae) y expresidente del Fondo Mundial Ambiental (GEF por sus siglas en inglés), coincidió con López en que la generación hidroeléctrica, “como la hemos conocido”, llegó a su límite.
“Hay una serie de variables que hace que deje de ser atractiva económicamente. Posiblemente, el mejor ejemplo fue lo que pasó con el proyecto de Reventazón, en donde se estableció una proyección, un presupuesto y el proyecto llegó a costar cuatro veces más que eso.
“Hay un elemento que antes no era computado, que son las implicaciones del cambio climático. Una de las grandísimas ventajas del sistema hidroeléctrico es que el agua se almacena y se usa cuando no hay, en el verano. Ahora, con el tema de cambio climático, hay menos lluvia, menos agua acumulada y, por lo tanto, estamos pasando lo que pasó en el 2024, donde hubo un faltante de agua”, dijo Rodríguez.
El exministro también calificó de mala la decisión del ICE de no extender algunos contratos de compra de energía al sector privado, pues “tener plantas ociosas no es bueno”. Hizo ver que, más bien, ahora el Instituto busca construir una nueva planta térmica, que generaría electricidad con hidrocarburos.
“El futuro está asociado a un nuevo modelo eléctrico donde el ICE no sea juez y parte”, agregó Rodríguez, quien estimó que el Minae podría encargarse de la rectoría sin necesidad de crear una nueva institución.
Cámara de Industrias pide no satanizar generación térmica
Por su parte, Carlos Montenegro, director ejecutivo de la Cámara de Industrias de Costa Rica, afirmó que no hay estudios para determinar que la capacidad hidroeléctrica se agotó.
“En España, por ejemplo, hay plantas hidroeléctricas que usan el agua, la vuelven a reciclar y la vuelven a subir a una represa y la vuelven a utilizar”, citó.
Añadió que no se debe satanizar la inversión en generación térmica porque un modelo de energía renovable necesita un respaldo, debido a que sus fuentes son variables, como el agua, el viento y el sol. “Lo más caro para los usuarios es que no haya servicio”, dijo.
Montenegro añadió que la mejora de las baterías puede ayudar a aumentar el aporte de la energía solar.
La Nación solicitó, para este artículo, una reacción al presidente ejecutivo del ICE, Marco Acuña. Al cierre de edición, no se había recibido respuesta.
Prueba de resistencia del verano del 2027
Para Salvador López, el debate del modelo eléctrico no ocurre en abstracto, sino que se someterá a una prueba de resistencia en el verano del 2027.
Según él, si el embalse Arenal, el principal reservorio del país, no llega a ese verano en una condición óptima, Costa Rica repetiría, con mayor intensidad, “el susto del 2024”, cuando estuvo al borde de racionamientos por la caída de reservas de agua.
En mayo del 2024, el ICE anunció un plan de racionamientos en medio de la peor sequía en décadas, atribuida por el ICE a una severa falta de lluvias, lo que agravó la presión sobre el sistema. Al final, ese escenario no ocurrió y no hubo problemas con el suministro; ayudaron las importaciones de energía desde Centroamérica.
No obstante, para López Alfaro, aquel episodio fue una señal de fondo.
“En el 2024 estuvimos a punto de racionamientos porque no se habían incorporado plantas térmicas a tiempo”, recordó, al explicar que las unidades de alquiler llegaron en marzo, cuando varios embalses estaban agotados.
Según su lectura, este 2026 el ICE intenta corregir esa reacción tardía planificando la entrada de otras plantas térmicas, con lo que el respaldo térmico disponible podría elevarse hasta 600 megavatios (MW) de potencia instalada.
Datos históricos
La serie histórica de 1992 al 2025 ayuda a poner esa advertencia en perspectiva.
En casi todos los años, el aporte hídrico osciló entre 70% y 80% del consumo, siempre como fuente dominante.
A su vez, la demanda eléctrica anual se triplicó entre 1992 y el 2025 al pasar de de 4.144.386 a 12.995.443 megavatios-hora (MWh).
En esa misma serie histórica, el aporte hídrico subió de 3.559.511 MWh a 10.098.594 MWh (un 183% de aumento).
La demanda creció de manera sostenida por tres décadas gracias a una base fuertemente hidroeléctrica.
Ese patrón confirma, en números, lo que López describe como una inclinación histórica del ICE a la generación con agua, mientras la térmica (con hidrocarburos) opera como respaldo cuando las fuentes principales no cubren la demanda completa.
Esta advertencia la lanzó primero el exministro de Ambiente y Energía (Minae) Édgar Gutiérrez, en el 2016 cuando dijo que Costa Rica debía replantear su matriz de generación para prevenir la dependencia a la fuente hidroeléctrica.
Ante patrones de lluvia cambiantes y mayor consumo de energía, Gutiérrez consideró entonces injustificado que no hubiera más aporte de fuentes solares.
Diez años después, según López Alfaro, el problema se agrava porque el modelo de generación evidencia su fragilidad cuando las condiciones climáticas cambian.
El resultado, dijo, es una matriz que puede verse muy renovable en el papel, pero dependiente de una variable cada vez más incierta: la lluvia.
Necesidad de fuente térmica
La vulnerabilidad no está solo en la alta proporción hidroeléctrica, sino en la ausencia de respaldo suficiente cuando falta el agua.
López recordó que en el 2007 hubo apagones en un contexto de escaso soporte térmico, y afirmó que el problema reaparece cada vez que llega un verano con menos agua de la necesaria.
La crisis del 2024 dejó expuesto otro componente: los errores de cálculo del ICE, según López.
Roberto Quirós, entonces gerente de Electricidad, afirmó que el sistema afrontaba el fenómeno climático “más agresivo en la historia” y culpó también a contratistas privados por atrasos en la entrada de plantas térmicas que reforzarían el suministro aquel verano.
Años antes, en agosto del 2022, Marco Acuña Mora, desde entonces jerarca del ICE, anunció la salida de operación definitiva del 47% de las plantas térmicas que tenía el Instituto.
En declaraciones a diputados en la Asamblea Legislativa dijo: “El respaldo térmico está hoy apagado y solo se enciende uno o dos meses al año.
“Es como tener un carro estacionado en la casa que nadie usa, pero usted tiene que pagar marchamo, mantenimiento, cambiar aceite, etcétera”.
Para López, “eso no fue bien planificado, fue lo contrario y luego fue evidente, en el 2023, que era necesaria más generación térmica”.
López apuntó que años abundantes en lluvia, entre el 2021 y finales del 2023, postergaron el problema y llevaron incluso a pensar que podían retirarse plantas térmicas, cuando en realidad el sistema seguía necesitando ese respaldo y más diversidad de fuentes para enfrentar años secos.
La crisis del 2024 dejó al descubierto un reto estructural. Si el sistema eléctrico de Costa Rica tiene una dependencia tan alta de las hidroeléctricas, cualquier error en la lectura hidrológica, en la activación del respaldo térmico o en el ingreso de nueva capacidad puede traducirse en una situación crítica en cuestión de semanas.


