
PEKÍN. “A medida que se acelera la transformación del siglo y el panorama internacional atraviesa cambios y turbulencias, el mundo ha llegado a una nueva encrucijada. ¿Pueden China y Estados Unidos superar la ‘trampa de Tucídides’ y establecer un nuevo paradigma para las relaciones entre grandes potencias?”, dijo Xi.
La llamada “trampa de Tucídides”, mencionada por el presidente chino, Xi Jinping, durante su encuentro con Donald Trump, reapareció de esta manera como una advertencia sobre el peligro que implica la competencia entre una potencia emergente y otra ya consolidada.
El término se emplea para impulsar la teoría de que, cuando la hegemonía de una gran potencia es disputada por una potencia emergente, existe una gran probabilidad de que estalle una guerra entre las dos potencias.
La teoría intenta explicar uno de los fenómenos más delicados de la historia internacional: el momento en que un país en ascenso comienza a desafiar el liderazgo de otro que domina el escenario global.Según esta visión, ese proceso suele generar una combinación de temor, desconfianza y tensión estratégica que puede erosionar la estabilidad internacional y abrir la puerta a conflictos mayores.
El concepto moderno fue desarrollado por el politólogo estadounidense Graham T. Allison, exasesor de Defensa de gobiernos republicanos y demócratas, desde la presidencia de Ronald Reagan hasta la de Barack Obama.
Allison tomó como base las reflexiones del historiador ateniense Tucídides, autor de “La Guerra del Peloponeso”,una de las obras clásicas más influyentes sobre los conflictos entre potencias.
En ese relato histórico, Tucídides analizó el enfrentamiento entre Atenas y Esparta en el siglo V a. C.
Según su interpretación, el conflicto se volvió prácticamente inevitable debido al crecimiento del poder ateniense y al miedo que ese ascenso provocó en Esparta, que hasta entonces ocupaba la posición dominante en el mundo griego.
Allison retomó esa lógica histórica y la transformó en una teoría aplicada a las relaciones internacionales contemporáneas. Su planteo sostiene que cuando una potencia emergente comienza a acercarse al nivel de una dominante, el sistema global entra en una etapa de creciente fragilidad.
La potencia establecida observa el progreso de la otra como una amenaza directa, mientras que la emergente busca ampliar su influencia económica, militar y política.
Para numerosos analistas, ese esquema puede verse reflejado actualmente en la relación entre Estados Unidos y China. Washington continúa siendo la principal potencia global desde el final de la Guerra Fría y la desaparición de la Unión Soviética, pero observa con creciente inquietud el avance sostenido de Pekín en múltiples áreas estratégicas.
El crecimiento económico chino de las últimas décadas, sumado a su expansión tecnológica, militar y geopolítica, alimentó la percepción de que el país asiático podría disputar el liderazgo mundial estadounidense. Esa competencia se expresa en ámbitos tan diversos como el comercio internacional, la inteligencia artificial, la producción industrial, las rutas marítimas y la influencia diplomática.
La teoría ganó todavía más notoriedad a partir del “Thucydides Trap Project”, impulsado por la Universidad de Harvard. El estudio analizó 16 episodios históricos ocurridos en los últimos 500 años en los que una potencia emergente desafió a otra dominante.
Las conclusiones del trabajo llamaron la atención de académicos y estrategas internacionales, dado que en 12 de 16 casos, la rivalidad terminó derivando en un conflicto armado. Entre los ejemplos citados aparecen las guerras napoleónicas frente al dominio británico y también las dos guerras mundiales del siglo XX, utilizadas como antecedentes históricos de los peligros asociados a las transiciones de poder global.
Ryan Swan, experto en relaciones entre China y Estados Unidos del Centro Internacional de Estudios de Conflictos de Bonn (Alemania), interpretó el uso reiterado del concepto por parte de Xi como parte de un esfuerzo diplomático más amplio de Pekín para presentarse como una “gran potencia responsable” capaz de coexistir pacíficamente con Estados Unidos.
Desde que asumió el cargo en 2012, Xi ha presionado a Estados Unidos para que trate a China en igualdad de condiciones y no se oponga a Pekín en su propio entorno, una validación que, según funcionarios chinos, propiciaría una coexistencia más estable.
“China considera la Trampa de Tucídides no como un modelo predictivo, como se ha utilizado ocasionalmente en círculos occidentales, sino como una amenaza que puede y debe evitarse”, afirmó Swan.


