En respuesta, las autoridades reforzaron la presencia de las fuerzas de seguridad y restringieron el acceso a internet, una medida que, según activistas, busca ocultar la magnitud de la represión.
El Instituto para el Estudio de la Guerra, con sede en Estados Unidos, considera que la ofensiva estatal ha “probablemente sofocado el movimiento de protesta por ahora”, aunque advirtió que el despliegue masivo de fuerzas de seguridad es insostenible a largo plazo, lo que podría permitir una eventual reanudación de las manifestaciones.
Las cifras de víctimas son alarmantes. La organización Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega, contabiliza al menos 3.428 manifestantes muertos, aunque no descarta que el número real sea mayor.
Su director, Mahmood Amiry-Moghaddam, acusó al régimen liderado por el ayatolá Alí Jamenei de cometer “uno de los crímenes más graves de nuestra época”, al citar ejecuciones en la vía pública, uso de armas de guerra y disparos contra manifestantes que intentaban huir.
Human Rights Watch también denunció “masacres sin precedentes” en el país. Videos verificados muestran cuerpos alineados en la morgue de Kahrizak, al sur de Teherán, y familias desesperadas buscando a sus desaparecidos.
De acuerdo con la organización Netblocks, los iraníes llevan más de 180 horas sin acceso a internet, un corte más prolongado que el registrado durante las protestas masivas del 2019.
En el plano internacional, la tensión entre Irán y Estados Unidos parece haber disminuido.
Según un alto funcionario saudí, aliados del Golfo como Arabia Saudita, Catar y Omán han persuadido al presidente estadounidense Donald Trump para que otorgue a Teherán “una oportunidad” antes de considerar una acción militar.
La Casa Blanca confirmó contactos con Israel y aseguró que “todas las opciones siguen sobre la mesa”, mientras anunció nuevas sanciones económicas contra funcionarios iraníes vinculados con la represión.
Pese al repliegue de las protestas, activistas sostienen que el descontento persiste.
En el Consejo de Seguridad de la ONU, la periodista iraní-estadounidense Masih Alinejad afirmó que “los iraníes están unidos” contra el sistema clerical.
Irán, por su parte, acusó a Washington de explotar las protestas con fines geopolíticos, mientras el país permanece bajo una tensa calma marcada por el miedo y la censura.