Política

Biden intenta recuperar el control de la narrativa sobre Afganistán

El presidente estadounidense se encuentra acorralado por las críticas sobre la gestión de la retirada de la tropas

Washington. Cuando se le preguntó a Joe Biden por la caída en picada de su popularidad en las encuestas, el presidente estadounidense mostró su amplia sonrisa. La salida de las tropas de Afganistán puede parecer desastrosa, pero el demócrata confía en que, al final, se le dará la razón.

“Creo que cuando esto termine, el pueblo estadounidense comprenderá claramente lo que hice”, aseguró el mandatario a periodistas este fin de semana. “Ese es el trabajo. Mi trabajo es tomar decisiones. Mi trabajo es tomar decisiones que nadie más puede o quiere tomar”.

Cuando los talibanes completaron su toma de poder en Afganistán al llegar a Kabul a mediados de agosto, el gobierno de Biden parecía acorralado.

El caos se apoderó de Kabul cuando afganos en pánico se agolparon en el aeropuerto buscando escapar, con horribles escenas de personas que murieron al intentar sujetarse de los aviones que despegaban.

En su país, Biden guardó silencio en los primeros momentos, provocando una ola de críticas por parte de republicanos e incluso de sus propios aliados.

El Pentágono y sus reportes diarios llenaron el vacío informativo que dejó la Casa Blanca al principio.

Ahora; sin embargo, la Presidencia está tratando de recuperar el control de la narrativa.

Biden, de 78 años, toma cada vez más la palabra con un mensaje que insiste en que los estadounidenses no están asistiendo a una debacle, sino a una retirada valientemente ejecutada de una guerra que tenía que terminar de todas formas.

Hasta ahora, este enfoque no está ayudando a la posición política de Biden, ya golpeada por el auge de la variante delta del coronavirus y una fuerte polémica sobre el uso de las mascarillas y las vacunas.

Una encuesta de la NBC publicada el domingo daba a Biden un 49% de aprobación, frente al 53% de cuatro meses antes. La desaprobación del demócrata se disparó del 39% al 48%.

En cuanto a su gestión de Afganistán, la desaprobación fue de un sorprendente 60%.

Sin embargo, Biden es un político cuya configuración por defecto es el optimismo.

Al ser confrontado por los periodistas sobre las oscuras cifras de las encuestas, se limitó a sonreír y reírse.

“No he visto esa encuesta”, aseguró.

El puente aéreo da esperanza

Si hay alguna instancia que está trabajando duro para reescribir el guión del criticado gobierno estadounidense, es el ejército, que montó un puente aéreo notablemente eficiente desde Kabul.

Las últimas cifras indican que los aviones estadounidenses han evacuado a más de 37.000 personas sólo desde el 14 de agosto y a 42.000 desde julio.

Biden, que en los primeros días de la evacuación se mostró inusualmente escueto, parece haber recuperado su afamada capacidad de expresar emociones, y la utilizó para elogiar el esfuerzo militar de Estados Unidos al tiempo que mostraba su empatía con los evacuados.

“Una operación increíble”, comentó el domingo. Pero mezclado con el patriotismo y la empatía hay un elemento más novedoso: el amor duro.

El argumento de Biden es que, sí, puede haber caos, pero el caos es inevitable cuando se sale de una guerra civil, y salir es el único objetivo que realmente importa.

“La evacuación de miles de personas de Kabul va a ser dura y dolorosa, independientemente de cuándo haya empezado”, dijo. “No hay forma de evacuar a tanta gente sin que haya dolor y pérdida, imágenes desgarradoras que se ven en la televisión. Es un hecho. Me duele el corazón por esa gente”.

Biden dice confiar en el resultado a largo plazo. Sin embargo, el tiempo puede no estar de su lado.

En el sentido más inmediato, está presionado para completar las evacuaciones masivas antes de la fecha límite del 31 de agosto acordada con los talibanes, quienes se han mantenido al margen para permitir la salida de su enemigo.

Asimismo, mientras el tiempo sigue corriendo, se agota la capacidad de Biden de dirigir el barco político en un país donde sus oponentes acechan y sus aliados están nerviosos.

Un par de gigantescos paquetes de gasto en infraestructuras que debían ser las joyas de la corona de la primera legislatura están ahora en suspenso mientras los líderes demócratas del Congreso siguen tratando de asegurar los votos suficientes en la muy dividida Cámara de Representantes.

Asimismo, un poco más lejos en el horizonte se vislumbra la prueba de las elecciones de mitad de mandato, en las que los demócratas podrían perder incluso las estrechas mayorías que ahora tienen en el Congreso.