
Abiyán, Costa de Marfil. A sus 45 años, Adèle Koue Sungbeu camina con determinación hacia su trabajo como partera en las afueras de Abiyán. Lo hace con la cabeza en alto y una sonrisa que no disimula su orgullo.
Acaba de someterse a una cirugía reparadora que le devolvió parte de lo que perdió en su adolescencia, cuando fue víctima de una mutilación genital.
Ella forma parte del grupo de 28 mujeres marfileñas que en abril pasado se beneficiaron de una intervención gratuita realizada en el hospital público de Treichville, al sur de la capital económica del país. La operación fue posible gracias a una misión del Fondo Muskoka, una iniciativa francesa creada tras la cumbre del G8 en 2010.
La doctora Sarah Abramowicz, reconocida especialista en reparación genital femenina en Francia, lideró las intervenciones. Su equipo trabajó bajo condiciones desafiantes: altas temperaturas, recursos limitados y una carga emocional que acompañó a cada paciente.
“Desde hace tiempo quería operarme, pero no sabía a quién acudir. Es una cirugía delicada, tiene que hacerse bien. ¡Luego nos enteramos de que venían blancos!”, cuenta Adèle, entre risas y lágrimas, todavía emocionada tras la intervención.
Aunque asegura que no enfrentaba problemas físicos graves, relata que la mirada de sus parejas la hacía sentir diferente.
“No decían nada, pero se notaba que no estaban cómodos. Cuando veía a otras mujeres, sabía que no era igual. Al abrir las piernas, todo era plano”, confiesa.
En la misma sala donde Adèle espera su revisión, otra mujer de 31 años aguarda su turno.
No quiso revelar su nombre, pero sí su historia: una partera la mutiló cuando tenía seis años. Años después, su esposo la abandonó por las consecuencias de esa práctica. Intentó operarse en Burkina Faso, sin éxito, pese a gastar 370.000 francos CFA (alrededor de $650).
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Acceso, formación y seguimiento
La misión no solo ofreció cirugía gratuita. También capacitó a personal médico de seis países africanos francófonos —Guinea, Benín, Senegal, Chad, Togo y Costa de Marfil—.
Diez cirujanos recibieron formación técnica y siete profesionales paramédicos, en su mayoría parteras, fueron entrenadas para dar apoyo psicosocial.
“Se repara bien cuando se repara de manera integral”, afirmó Abramowicz. “El objetivo es que estas mujeres se sientan completas nuevamente, tanto física como emocionalmente”, agregó.
El programa contó con un presupuesto cercano a los $67.000 y buscó, además, romper con el estigma que rodea tanto a la mutilación como a la reparación.
La meta es que más mujeres accedan a estas intervenciones en hospitales públicos y no solo en clínicas privadas.
Según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), más de 230 millones de niñas y mujeres en el mundo han sido sometidas a mutilación genital femenina, una práctica reconocida como una violación de derechos humanos.
En Costa de Marfil, una de cada tres mujeres ha sido víctima.
“Queremos que estas mujeres también se conviertan en portavoces. Hay algo profundamente político y liberador en decidir repararse. La lucha comienza ahí”, dijo la cirujana francesa, quien asegura que muchas de sus pacientes le envían fotos para mostrarle su evolución. “Están felices. Están orgullosas”, concluyó.
