Interés Humano

Malaria: Flagelo en África a pesar de nueva vacuna

El 95% de los casos y el 96% de las muertes por malaria que se registran en la actualidad ocurren en África, en particular en Nigeria, República Democrática del Congo, Tanzania y Mozambique

Causado por un parásito transmitido por los mosquitos, el paludismo sigue siendo un flagelo, sobre todo para los niños africanos, a pesar de la reciente llegada de una vacuna.

La malaria (otro nombre del paludismo), cuyo día mundial es el lunes 25 de abril, causó la muerte de 627.000 personas en todo el mundo en el 2020, según una estimación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El número de muertes aumentó un 12% en 12 meses, principalmente debido a las “interrupciones” en el acceso a la asistencia, relacionadas con la pandemia de covid-19.

La mitad de la población mundial corre el riesgo de contraer la malaria. En el 2020 se registraron 241 millones de casos de esta enfermedad en todo el mundo, según la OMS. El Mediterráneo Oriental, el Pacífico, las Américas y el Sudeste Asiático son zonas de riesgo.

En junio del 2021, la enfermedad fue declarada oficialmente erradicada de China después de cuatro años sin ningún caso autóctono, frente a los 30 millones de casos anuales que reportaba en la década de 1940.

Actualmente, la gran mayoría de los casos (95%) y muertes (96%) se producen en África: esta región “soporta una parte grande y desproporcionada de la carga mundial de la malaria”, lamentó la OMS.

Más de la mitad de los casos del mundo se dan en cuatro países africanos: Nigeria (31,9% de los casos en el 2020), República Democrática del Congo (13,2%), Tanzania (4,1%) y Mozambique (3,8%).

“Los niños menores de cinco años son el grupo más vulnerable afectado por el paludismo”, señaló la organización. En el 2020, los menores de cinco años representaban el 80% de las muertes por malaria en el continente africano.

El paludismo es una enfermedad de la que se tiene constancia desde la antigüedad, y se manifiesta con fiebre, dolor de cabeza y dolores musculares, seguidos de ciclos de escalofríos, fiebre y sudoración.

Un total de cinco especies de parásitos del género Plasmodium, todos ellos transmitidos por picaduras de mosquitos, son responsables de esta enfermedad. Plasmodium falciparum es la especie más patógena y es responsable de los casos mortales. Se encuentra en zonas tropicales de África, América Latina y Asia.

Existen varios tipos de tratamientos preventivos y curativos. El diagnóstico y el tratamiento tempranos reducen la intensidad de la enfermedad, evitan muertes y limitan la transmisión.

Según la OMS, “el mejor tratamiento disponible, especialmente para el paludismo por Plasmodium falciparum, es la terapia combinada a base de artemisinina”.

También se recomienda tratamientos preventivos para las mujeres embarazadas y los bebés que viven en zonas de alto riesgo y para quienes viajan a las regiones más afectadas. El “control de vectores” contra el mosquito transmisor es también una respuesta importante a la enfermedad, con el uso, recomendado por la OMS, de mosquiteros tratados con insecticida.

Una vacuna, desarrollada por el grupo farmacéutico británico GSK, la “RTS,S” se enfoca en la especie más amenazante de Plasmodium, el P. falciparum. Tras el éxito de los ensayos realizados en Malaui, Ghana y Kenia, la OMS recomendó en octubre del 2021 el “amplio uso” de esta vacuna en niños que viven en zonas de alto riesgo, principalmente en África.

Según la organización, la vacuna “ha demostrado reducir significativamente la mortalidad por malaria en niños pequeños”. En los próximos años podrían desarrollarse otras vacunas, entre ellas una de la Universidad de Oxford, Matrix-M, que en los ensayos demostró una eficacia muy elevada.

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