AFP. 30 agosto
Un policía registró las huellas dactilares de una venezolana que solicitó visa de residencia en Perú. El trámite se cumplió en las oficinas de Interpol en Lima, el miércoles 29 de agosto del 2018.
Un policía registró las huellas dactilares de una venezolana que solicitó visa de residencia en Perú. El trámite se cumplió en las oficinas de Interpol en Lima, el miércoles 29 de agosto del 2018.

Brasilia. El éxodo de venezolanos está generando tensiones sociales en los países vecinos y pone en evidencia la falta de coordinación de los gobiernos de América Latina para enfrentar la peor crisis humanitaria regional en tiempos de paz.

Según Naciones Unidas, 2,3 millones de venezolanos (7,5% de la población de 30,6 millones) vive en el exterior, de los cuales 1,6 millones se han ido desde el 2015, cuando arreció la crisis.

Alrededor un millón ha migrado hacia Colombia, según el Gobierno de Bogotá. Perú, Chile, Ecuador y Argentina también están entre los principales destinos.

En Brasil, donde los ingresos se dan principalmente por el paupérrimo estado amazónico de Roraima, más de 50.000 han solicitado refugio político o tramitado pedidos de residencia temporaria.

La falta de coordinación y de recursos para atender a los inmigrantes son los principales problemas apuntados por los expertos.

“Lamentablemente, los otros países latinoamericanos se han preparado poco para esta crisis gigantesca” y “carecen de recursos, organización o instalaciones de salud para brindar más que un mínimo apoyo a estos migrantes”, que en su mayoría llegan en condiciones precarias, consideró Peter Hakim, del centro de análisis Diálogo Interamericano, con sede en Washington.

“Cada país parece desarrollar su propia respuesta, sin el mínimo de cooperación”, añadió.

La odisea de los migrantes venezolanos

Brasil, que solo exige una cédula de identidad a los venezolanos que llegan a su territorio, instaló un puesto fronterizo donde el Ejército y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) censan a los inmigrantes y les ayudan con los trámites de regularización.

El presidente Michel Temer descartó rotundamente el cierre de la frontera, pero ordenó el uso de las Fuerzas Armadas para reforzar la seguridad en Roraima, escenario de episodios de violencia con la población local. El mandatario estudia la posibilidad de “distribuir números” para “organizar” el flujo migratorio.

Perú y Ecuador tampoco exigen pasaporte. Colombia sí o un permiso especial otorgado para permanecer en el país y recibir atención médica.

Prueba para gobiernos

La recepción de inmigrantes “implica un enorme desafío para sus gobiernos”, señaló David Smilde, miembro de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), una entidad de investigación y promoción de los derechos humanos.

“Si no los atienden, (los inmigrantes) pueden involucrarse con la delincuencia y en mercados ilícitos, generando xenofobia. Y si los atienden bien, también generan resentimiento en la población local, que muchas veces no recibe la atención adecuada por parte de sus gobiernos”, destacó.

El caso de Brasil resulta paradigmático: a pesar de ser el país que ha recibido menos venezolano, su llegada se produce por la única frontera terrestre entre ambos países, en una zona con múltiples carencias.

“El Brasil que recibe a los venezolanos se llama Roraima”, se quejó recientemente en una entrevista con la AFP el secretario de Gabinete Institucional del gobierno local, Marcelo Lopes.

Las cifras oficiales lo respaldan: actualmente hay más de 30.000 veneolanos viviendo en Roraima, un estado de 576.000 habitantes, según una estimación del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

“No me parece que Brasil sea más reticente que otros (países) a recibir inmigrantes. (El problema es que) la región específica por donde llegan es un área muy necesitada”, puntualizó Kai Kenkel, profesor de Relaciones Internacionales especializado en seguridad, de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-Rio).

Kenkel sostiene que "los refugiados no constituyen un riesgo" para la seguridad, pero que en vísperas de las elecciones para presidente, legisladores federales y gobernadores de los estados, los problemas asociados a la inmigración pueden ser utilizados "por discursos populistas para fomentar el miedo".

Habitantes de la ciudad brasileña de Pacaraima quemaron un campamento improvisado que albergaba a venezolanos, el sábado 18 de agosto del 2018.
Habitantes de la ciudad brasileña de Pacaraima quemaron un campamento improvisado que albergaba a venezolanos, el sábado 18 de agosto del 2018.

En Roraima, el ultraderechista Jair Bolsonaro tiene un 38% de intenciones de voto para las elecciones presidenciales de 7 de octubre, frente a un 21% del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, según una encuesta Ibope de la semana pasada. A escala nacional, Lula tiene 37% y Bolsonaro, 18%.

“Lo que se necesita desesperadamente es liderazgo, probablemente de parte de Colombia o Brasil, que permita empezar a trabajar en un acuerdo general sobre cómo enfrentar los desafíos de este éxodo masivo” en términos prácticos, regional e internacionalmente, consideró Hakim.

Quito convocó una reunión regional los próximos lunes y martes, mientras Bogotá y Lima decidieron compartir una base de datos de migrantes. Perú declaró además la emergencia sanitaria en su frontera con Ecuador.

Para Kenkel, es difícil imaginarse a Brasil liderando una respuesta regional, por lo menos a corto plazo, debido a la “parálisis electoral” del país