Agencia AFP. 2 marzo

La Esperanza, Honduras. Cientos de personas conmemoraron este sábado el tercer aniversario del asesinato de la ambientalista hondureña Berta Cáceres, exigiendo castigo para los autores intelectuales del crimen.

Activistas ambientales participaron de una ceremonia en vísperas del tercer aniversario del asesinato de la ecologista hondureña Berta Cáceres en La Esperanza, 110 kilómetros al este de Tegucigalpa. Foto: AFP
Activistas ambientales participaron de una ceremonia en vísperas del tercer aniversario del asesinato de la ecologista hondureña Berta Cáceres en La Esperanza, 110 kilómetros al este de Tegucigalpa. Foto: AFP

"Donde vayan los buscaremos, donde se metan los encontraremos. Por Berta justicia ya”, decía una manta amarilla y negra desplegada entre eucaliptos en un centro social del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh), en las afueras de la comunidad de La Esperanza, a unos 110 kilómetros al oeste de Tegucigalpa.

Más de 400 personas, entre indígenas y negros de ocho etnias hondureñas, activistas de derechos humanos y ambientalistas llegados de una decena de países de América y Europa, tributaron un homenaje a la coordinadora del Copinh, asesinada a los 44 años en la medianoche del 2 de marzo del 2016.

La ambientalista había denunciado que ejecutivos de la empresa hondureña Desarrollos Energéticos S.A. (DESA) la amenazaban de muerte por detener con movilizaciones indígenas la construcción de una hidroeléctrica en el río Gualcarque, en territorio del pueblo amerindio lenca.

Siete personas, incluido un ejecutivo de DESA, fueron condenadas por el asesinato, cometido por pistoleros que entraron a la casa de Cáceres en La Esperanza.

Los jueces ‘condenaron a los gatilleros pero faltan los autores intelectuales que no han sido capturados’, denunció Austra Berta Flores, de 86 años, madre de Cáceres.

Según ella, hay pruebas de que el presidente ejecutivo de DESA, David Castillo, y grandes empresarios socios de la compañía pagaron por el asesinato.

Castillo está preso pero no ha sido condenado.

En la sentencia los jueces establecieron que ejecutivos de la empresa pagaron cerca de 4.000 dólares y dieron la pistola a los sicarios.

“Aquí la justicia no quiere castigar a los autores intelectuales; están protegidos por el gobierno dictatorial y el imperio que viene a imponer bases militares para proteger a los saqueadores de los recursos naturales”, afirmó Flores.

“Berta vive, la lucha sigue, sigue”, gritaron los asistentes al homenaje, convocado por familiares de Cáceres y el Copinh, dirigido ahora por Berta Zúniga, la hija de la activista asesinada.

Los asistentes se comprometieron con discursos y aplausos a seguir “el camino de Berta”, una visión “anticapitalista, antirracista”, antipatriarcal" y en defensa de la naturaleza y de la vida.

El director de los jesuitas de Honduras, Ismael Moreno, destacó en un discurso que Cáceres era la hondureña “más universal”, reconocida internacionalmente por sus luchas en favor de los “pueblos oprimidos y de la naturaleza”.

Francisco Montes, excombatiente del guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador, relató por su parte que Cáceres había entrado como brigadista al grupo rebelde para atender a heridos.

Durante una incursión en San Salvador el 11 de noviembre de 1989, “fuimos sometidos por fuego de artillería y bombardeos de aviones. Se requiere voluntad, coraje y valor, y Berta no se achicó”, contó Montes a la AFP.

El chileno Roberto Barra mencionó la lucha solidaria que Cáceres había librado con los rebeldes zapatistas mexicanos en 1994, así como con las mujeres kurdas.

Durante la conmemoración fue presentado el libro “Las revoluciones de Berta, conversaciones con Claudia Korol”, que en 256 páginas recoge vivencias de la asesinada dirigente indígena.

Korol expone que después de una reunión con el papa Francisco en Roma, en octubre del 2014, Cáceres afirmó: “Aun sin tener demasiadas expectativas creemos que hay importantes debates mundiales de los cuales es importante participar y que se relacionan con grandes problemáticas del mundo como la guerra, la justicia, los derechos humanos”.

Más tarde, el 15 de abril del 2015, al recibir el máximo galardón de los ambientalistas, el premio Goldman, en San Francisco, California, Cáceres alertó sobre las consecuencias del modo de vida occidental.

“Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de solo estar contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal” de los recursos naturales, avisó.