
Tumbler Ridge, Canadá. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, rindió homenaje a las víctimas de la matanza en Tumbler Ridge, que dejó ocho muertos, la mayoría niños, y traumatizó a todo el país.
Carney encabezó en la noche una vigilia por las víctimas frente a la alcaldía de esta remota localidad minera, de 2.300 habitantes y situada en las Montañas Rocosas, en la provincia de Columbia Británica.
“Sé que nada de lo que pueda decir traerá a sus hijos de vuelta. Sé que ninguna palabra mía ni de nadie podrá llenar el silencio de sus hogares esta noche”, dijo.
“Queremos que escucharan que los canadienses están con ustedes, y siempre estaremos con ustedes”, agregó.
El primer ministro arribó en la tarde a Tumbler Ridge acompañado de los líderes de todos los partidos de la oposición, en un gesto de solidaridad nacional tras uno de los estallidos de violencia más mortíferos en la historia canadiense.

Poco antes de su intervención, líderes indígenas locales recitaron oraciones en forma de cantos tradicionales.
Los asesinatos
El primer ministro depositó en la tarde un ramo de flores en un altar improvisado cerca de la escuela donde el martes una joven de 18 años, mató a disparos a cinco niños de 12 y 13 años y una educadora de 39 años.
Canadá “está de luto”, dijo a la AFP Pierre Poilievre, líder de la oposición y quien también estuvo presente en la vigilia.
“Estamos más unidos que nunca”, agregó el conservador.
La atacante también mató a su madre y a su hermanastro en su casa antes de dirigirse a su antigua escuela. Después se quitó la vida.
Tres días después, la policía sigue preguntándose por el móvil del ataque, que también dejó 25 heridos y provocó conmoción en Canadá, país vecino de Estados Unidos pero poco acostumbrado a matanzas de este tipo.

La policía dijo el viernes que Van Rootselaar estaba “cazando”, pero no buscaba apuntar a nadie en particular.
“Estaba preparada y se enfrentaba con cualquiera que se le cruzara”, explicó la Real Policía Montada de Canadá (RPMC) para la provincia de Columbia Británica.
La RPMC difundió una foto de la autora de los disparos, quien estaba diagnosticada por su salud mental. En ella aparece vestida con una sudadera con capucha color caqui, con el cabello largo y el rostro serio.
El padre de la atacante, separado de la madre y residente en una provincia vecina, Justin Van Rootselaar, presentó sus condolencias por un “acto de violencia insensato e imperdonable”, en un comunicado enviado a la cadena pública CBC.
“Como padre biológico de la responsable, llevo un dolor difícil de expresar con palabras”, declaró.
‘Todo parece irreal’
Al día siguiente del ataque, Mark Carney denunció ante el Parlamento un acto de “crueldad inaudita”. El primer ministro llamó a los canadienses al “reencuentro” y prometió “sacar lecciones” de lo ocurrido.
Desde el miércoles, también son muchos los que han acudido a depositar flores, velas o peluches al pie de un árbol cerca del centro escolar donde tuvo lugar gran parte de la matanza.

Los residentes parecen poco a poco retomar la normalidad. Cerca del centro comunitario, varios niños jugaban hockey el viernes en la tarde.
En ese mismo centro, la madre de una víctima, Sarah Lampert, se dirigió el jueves por la noche a los medios de comunicación para hablar por su hija de 12 años, Ticaria, que tenía “una hermosa voz fuerte que fue silenciada”.
“Llevaba luz a todo lo que tocaba, a todos los que encontraba”, declaró Sarah, con lágrimas en los ojos.
Zoey Benoit, de 12 años, es otra de las víctimas.
“Era tan resiliente, vibrante, inteligente, atenta y la niña más fuerte que uno pueda conocer”, declaró su familia en un comunicado.
El nieto de 13 años de Peter Schofield, Ezekiel, estaba entre los estudiantes asesinados. “Todo parece irreal. Las lágrimas no dejan de caer”, publicó en Facebook.
