
Bogotá. Cuando era profesor de filosofía, Iván Cepeda encontró baleado a su padre en una vía de Bogotá. A pocos pasos del cadáver, con asombroso aplomo, dio una entrevista en televisión: “Acabo de ver esa cosa tan terrible. Le pido a quienes tienen que ver con la justicia que hagan algo en contra de esta ofensiva contra los dirigentes de izquierda”.
Era su primera aparición pública. Treinta años después, ese mismo hombre está a una segunda vuelta de convertirse en presidente de Colombia.
El 21 de junio, Cepeda —senador de 63 años, defensor de derechos humanos y arquitecto del proceso de paz de 2016— enfrentará en balotaje al abogado de ultraderecha Abelardo de la Espriella, en lo que se perfila como uno de los duelos electorales más polarizados en la historia reciente del país.
El padre de Cepeda, Manuel Cepeda, fue uno de los más de 5.700 militantes de la Unión Patriótica asesinados en una sistemática campaña de exterminio. Agentes estatales aliados con paramilitares lo acribillaron en 1994. Ese crimen definió la trayectoria del candidato para siempre. Pero la persecución no comenzó con ese asesinato.
Desde los tres años, Cepeda vivió en el exilio: Checoslovaquia, Cuba y Bulgaria fueron sus hogares durante la infancia, mientras su padre enfrentaba la violencia política en Colombia.
Al regresar al país, eligió ponerse del lado de las víctimas. Otras muertes lo marcaron en el camino: la de su madre, fallecida a los 37 años por un tumor cerebral, y el asesinato de Bernardo Jaramillo Ossa en 1990, su padrino político y entonces candidato presidencial.
“He sobrevivido al genocidio, a la estigmatización y a la persecución implacable. Y aquí sigo, de pie”, dijo en campaña.
El estratega de la izquierda
Cepeda es casi el opuesto temperamental de su aliado Gustavo Petro. Mientras el presidente saliente es, según su amigo León Valencia, “el caudillo, el rupturista que caza peleas todos los días”, Cepeda es “una persona más estratégica que está pensando en el largo plazo” y “nadie lo saca de casillas”.
Cuida tanto sus palabras que escribe minuciosamente cada discurso antes de pronunciarlo.
Habla checo y ruso. Admira a Gandhi, al filósofo marxista italiano Antonio Gramsci y ha escrito libros sobre Sigmund Freud y Michel Foucault. Practicó hockey sobre hielo durante su exilio europeo. Decidió no tener hijos y disfruta de la compañía de su esposa y tres perros chow chow. En un país profundamente católico, no fue bautizado.
Aunque vivió en países del bloque soviético, rechaza los modelos tradicionales de esa tradición y se define como “progresista”, apostando por un “capitalismo productivo y diverso”. Sus detractores, sin embargo, insisten en llamarlo marxista, etiqueta que él rechaza con igual insistencia.
Su ascenso a la candidatura presidencial no se explica sin un largo duelo jurídico con Álvaro Uribe, el expresidente más influyente de la derecha colombiana.
En un proceso judicial que se extendió por más de una década, Cepeda logró demostrar que Uribe había sobornado a paramilitares encarcelados, lo que derivó en una condena a 12 años de prisión domiciliaria para el exmandatario, aunque posteriormente un juez revocó esa sentencia.
Ese enfrentamiento lo convirtió en el símbolo de la izquierda y en el candidato natural para suceder a Petro. Juntos protagonizaron históricos debates en el Congreso denunciando los nexos entre el paramilitarismo y poderosos sectores políticos.
Entre el cáncer, la paz y la polémica
Cepeda superó con quimioterapia un cáncer de colon y otro de hígado. En 2022 admitió haber tenido “miedo de morir”; hoy asegura estar bien de salud. Su resistencia física parece espejo de su resistencia política.
Sus críticos lo señalan como “heredero de las FARC” por la relación de confianza que construyó con los jefes rebeldes durante el proceso de paz de 2016, y como uno de los arquitectos de la “Paz Total”, la política de Petro para negociar con todos los grupos armados, que no logró extinguir la violencia.
Cepeda responde que nadie ha presentado pruebas ante la justicia de supuestos nexos suyos con actividades ilegales.
Su propuesta de gobierno es la continuidad profundizada: promete acelerar las reformas sociales de Petro y hacerlas “irreversibles”.
“Venimos a profundizar las reformas y acelerar las transformaciones sociales que el país clama con urgencia”, declaró ante una plaza repleta de seguidores.
El 21 de junio, Colombia decidirá si ese proyecto tiene un segundo tiempo.
