AP. 28 abril, 2018

Managua. Decenas de miles de nicaragüenses participaron el sábado en Managua en la marcha “Por la Paz y la Justicia” convocada por la Iglesia católica, la segunda manifestación multitudinaria en menos de una semana después de las protestas.

Miles de personas se congregan fuera de la Catedral de Managua durante una marcha masiva convocada por la Iglesia Católica como un día de oración en Managua, Nicaragua, el sábado 28 de abril de 2018. Después de las mayores protestas, Nicaragua ha visto en al menos 40 años el gobierno del presidente Daniel Ortega ha quedado debilitado pero aún tiene el control de todas las palancas del gobierno y tiene el monopolio del uso de la fuerza.
Miles de personas se congregan fuera de la Catedral de Managua durante una marcha masiva convocada por la Iglesia Católica como un día de oración en Managua, Nicaragua, el sábado 28 de abril de 2018. Después de las mayores protestas, Nicaragua ha visto en al menos 40 años el gobierno del presidente Daniel Ortega ha quedado debilitado pero aún tiene el control de todas las palancas del gobierno y tiene el monopolio del uso de la fuerza.

Estas manifestaciones tuvieron como saldo un número impreciso de muertos que varía de 37 a 60, según datos de organismos de derechos humanos que no han sido ni confirmados ni rechazados por el gobierno del sandinista Daniel Ortega. También se contabilizan 15 desaparecidos y centenares de heridos,

En la peregrinación convocada por la Conferencia Episcopal de Nicaragua estuvieron representantes del sector privado –organizadores de la marcha del lunes–, campesinos que se oponen a la construcción de un canal interoceánico en el país y estudiantes –que lideraron las primeras protestas provocadas por la reforma a la ley del seguro social

“Que se sume el pueblo, que no tenga miedo (..) cuando el pueblo se levanta no hay” quien lo detenga, dijo Francisca Ramírez, líder de los campesinos anticanal, al entrar en Managua al frente de una caravana de camiones y vehículos que hacían sonar fuertemente sus bocinas.

Es la primera vez que los campesinos que se oponen a este proyecto marchan de manera pacífica, sin la represión a la que se han enfrentado en el centenar de manifestaciones que han protagonizado en los últimos cuatro años, y que han dejado varios heridos en sus filas.

Justicia y paz

“Vamos a marchar por la paz, porque haya justicia, los nicaragüenses necesitamos un mejor país y lo vamos a conseguir”, dijo Silvio Báez, obispo auxiliar de la arquidiócesis de Managua, al canal 100%Noticias al inicio de la marcha.

“¡Bienvenidos a Managua hermanos campesinos nicaragüenses! Los esperamos con los brazos abiertos, orgullosos de ustedes, solidarios con sus demandas. ¡Gracias por estar aquí! ¡Viva Nicaragua!”, había señalado previamente a través de Twitter.

Una caravana que transporta campesinos del norte de Nicaragua llega a Managua para participar en una marcha masiva convocada por la Iglesia Católica como un día de oración, en Managua, Nicaragua, el sábado 28 de abril de 2018. Después de las protestas más grandes que Nicaragua ha visto en al menos 40 años, el gobierno del presidente Daniel Ortega se ha visto debilitado pero todavía tiene el control de todas las palancas del gobierno y tiene el monopolio del uso de la fuerza.
Una caravana que transporta campesinos del norte de Nicaragua llega a Managua para participar en una marcha masiva convocada por la Iglesia Católica como un día de oración, en Managua, Nicaragua, el sábado 28 de abril de 2018. Después de las protestas más grandes que Nicaragua ha visto en al menos 40 años, el gobierno del presidente Daniel Ortega se ha visto debilitado pero todavía tiene el control de todas las palancas del gobierno y tiene el monopolio del uso de la fuerza.

Ramírez, líder del movimiento de campesinos anticanal, explicó que quisieron participar en la marcha porque “es momento de que (el presidente) Daniel Ortega entienda que no va a seguir haciendo con este país lo que quiera... Ya ha sido suficiente, queremos paz pero con justicia por los asesinatos”.

Los campesinos salieron en camiones desde lugares recónditos del país desde el viernes para poder llegar a Managua a mediodía del sábado.

También se realizaron peregrinaciones en ciudades como León –en el oeste del país– y Matagalpa (norte), y en todas las manifestaciones la exigencia de justicia fue una constante.

“Vine porque los muchachos que murieron merecen que les rindamos un tributo, que marchemos por la paz del país, por la justicia y porque vuelva la democracia que está secuestrada por este gobierno”, indicó Marlene Álvarez, una joven de 26 años que trabaja en un laboratorio de la capital.

Las protestas se tornaron violentas el 18 de abril cuando un grupo de nicaragüenses en contra de la reforma al seguro social fue reprimido por miembros de la Juventud Sandinista y de la Policía. Las acciones se repitieron durante los siguientes cinco días.

El presidente decidió entonces derogar dicha reforma pero para entonces ya había un saldo de al menos 30 muertos, la mayoría estudiantes, junto con dos policías y un periodista.

Fieles católicos marchan hacia la Catedral Metropolitana de Managua para participar en una misa por el fin de la violencia en el país, el sábado 28 de abril.
Fieles católicos marchan hacia la Catedral Metropolitana de Managua para participar en una misa por el fin de la violencia en el país, el sábado 28 de abril.

Ortega convocó después a un diálogo nacional y pidió a la jerarquía católica como testigo y garante del mismo. El sector privado, los estudiantes y otros sectores sociales aceptaron el diálogo pero exigieron una investigación por las muertes y los abusos cometidos por las autoridades.

Comisión investigadora

El viernes el presidente de la Asamblea Nacional de Nicaragua, Gustavo Porras, anunció la creación de una “Comisión de la Verdad” para conocer y analizar lo ocurrido en los enfrentamientos que tuvieron lugar en el país durante las manifestaciones.

La Comisión estaría formada por juristas, intelectuales, religiosos, jóvenes, personalidades de reconocido prestigio y algunas organizaciones pero grandes sectores de la población no están de acuerdo con la misma porque rechazan a Porras a quien vinculan con la represión ejercida contra los universitarios.

“Esta comisión deberá investigar, condenar y sancionar a todos los responsables intelectuales y materiales de los crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco de la represión”, señalaron los estudiantes en una declaración pública, en la que agregan que tal comisión debe ser “independiente y creíble” y tener respaldo internacional.

La procuradora de Derechos Humanos, Corina Centeno, dijo que ellos harán las investigaciones de las muertes y lo harán con seriedad y objetividad auxiliándose de la policía, lo que tampoco convence a la sociedad escéptica ante una pesquisa en que los investigados son los mismos que investigan.

Organismos internacionales como Human Rights Watch, Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos han pedido al presidente Daniel Ortega que cese la

represión, considerada por analistas e historiadores nicaragüenses como la más violenta y sangrienta en los últimos 40 años, desde la dictadura de Somoza.

¿Renunció Granera?

Varios diarios nicaragüenses informaron este sábado de la supuesta renuncia de la jefa de la Policía Nacional, Aminta Granera. Así lo informaron La Prensa y El Confidencial, La Prensa dijo que la noticia era extraoficial y que se confirmaría el lunes.

Jubilado y estudiante comparten reclamos en Nicaragua

Por su parte, el diario El País, de España, aseguró que la jefa policial había sido asediada por las críticas en el manejo de la crisis y la represión ordenada contra miles de manifestantes que exigen el fin del régimen de Ortega.

Según el diario español, Granera, que se se mantenía en su cargo desde 2006, ha sido señalada por casos de corrupción, uso excesivo de la fuerza y complicidad en la entrega del control total de la institución al presidente Ortega, a quien ella llamó “líder supremo de la Policía”.

El diario afirma que Granera logró aumentar en esos años su patrimonio personal y que pasó de tener una casa de clase media en la capital, a contar con varias propiedades de lujo y pasar a formar parte de la “burguesía orteguista”.