Conflictos

Crónica: Alcalde ucraniano logró detener el avance de Moscú en una pequeña ciudad

Para defender del enemigo sus localidades, sean grandes o pequeñas, los alcaldes, de repente, pasaron a ser figuras centrales y, en algunos casos, heroicas

Vozenesenks. En un pueblo como el ucraniano, en el que todos los ciudadanos se han convertido en virtuales soldados para defender su patria de la agresión rusa, sepan o no manejar un arma, los alcaldes se volvieron figuras fundamentales y, en algunos casos, heroicas.

Para defender del enemigo sus localidades, sean grandes o pequeñas, los alcaldes, de repente, pasaron a ser figuras centrales. Al igual que los civiles, que se transformaron en miembros de las Fuerzas de Defensa Territorial, las autoridades municipales se pusieron uniforme, chaleco antibala y empuñaron un kalashnikov.

Y se convirtieron en “generales” o “comandantes en jefe” de sus tropas, que en algunos casos lograron vencer al enemigo en batallas épicas, que el día de mañana se volverán páginas de historia de la resistencia de David, Ucrania, contra Goliat, Rusia.

Es el caso de Evgennij Velichko, alcalde de Vozenesensk, una pequeña localidad agrícola a dos horas al norte de Mykolaiv, con poco más de 30.000 habitantes en tiempos normales, que saltó la fama porque, después de una feroz batalla de dos días, logró detener los planes militares de Moscú.

“Voznesensk es estratégica no sólo porque desde aquí hay menos de 400 kilómetros hasta Kiev, la capital, sino también porque desde aquí hay que pasar para llegar a Odessa, nuestro principal puerto, que queda en el mismo eje, sin contar que muy cerca hay una importante central de energía nuclear”, explicó Velichko.

De 33 años, jeans, zapatillas, chaleco antibala y gorro, para bloquear el avance ruso Velichko tomó una decisión sufrida pero esencial: como ya ocurrió en Kiev y otras ciudades, le pidió al Ejército que hiciera volar por el aire tres puentes. “¿Qué puede valer esta infraestructura, en comparación con las vidas de miles de familias y con la defensa de nuestra patria?”, se pregunta, mientras acompaña a esta enviada a uno de los puentes destruidos para que no pasara el Ejército ruso.

El alcalde se mueve custodiado por varios militares armados hasta los dientes. Aunque ganó una de las batallas más importantes de esta guerra que nadie sabe cuándo terminará, este padre de familia y empresario sabe que la guerra continúa, que las fuerzas rusas se están reorganizando y que podrían volver al ataque y que sigue siendo un objetivo. Sabe que podría ser secuestrado o asesinado, como ocurrió en varias otras localidades. “Para los rusos es importante secuestrar a los acaldes porque así intentan manipular a los locales”, explicó.

Llegar a Voznesensk desde la ciudad de Mykolaiv no es fácil. Más allá de los varios controles militares, después de la localidad de Novaya Odessa es imposible avanzar. Un puente sobre el río Bug oriental ha sido minado, como indican carteles rojos con calaveras. Hay que dar una vuelta enorme pasando por caminos de tierra y ripio que recuerdan a la geografía rural argentina.

En medio del polvo que levantan los autos que se ven obligados a atravesar el campo, también se ve un camión militar que lleva un tanque. Al volver a la ruta asfaltada, las barricadas están formadas por troncos directamente cortados con hachas de la arboleda que costea el asfalto, lo que obliga a avanzar en zigzag.

A 17 kilómetros de Voznesensk, otro puente resulta inaccesible porque, también, ha sido minado. Pese al feroz asalto ruso de dos días, esta pequeña ciudad ha quedado en pie, aunque ostenta varios edificios con paredes agujeradas, vidrios saltados por el aire, galpones dañados por las bombas.

“Lo peor es que los rusos se escondieron en las casas de los civiles, en algunos casos tratando de usarlos como escudos humanos”, denuncia el alcalde, que precisa que, de todos modos, el 40% de los habitantes ya había decidido irse al principio de la invasión.

Se fueron sobre todo mujeres y niños, como es el caso de la esposa del alcalde y sus dos hijos, un varón de 7 años y una bebé de 8 meses, cuya foto muestra en el celular. “Por seguridad no puedo decir dónde se fueron, pero se encuentran en un lugar seguro, dentro de Ucrania”, dice el intendente, que detalla que si bien la ciudad sigue en alerta —porque sólo una batalla ha sido ganada, no la guerra—, “la situación ahora es tranquila y mucha gente está comenzando a volver”.

El termómetro marca 21 grados y en un barrio de la ciudad que se levanta sobre una colina del lado del río al que llegaron los rusos, dos primos, Nikolai y Valeri, con guantes y palas, están contabilizando los daños de su vivienda. “Gracias a Dios a nuestras mujeres e hijos los mandamos a Polonia cuando estalló la guerra. Hubieran tenido mucho miedo porque los rusos disparaban como locos”, cuentan.

“Nosotros nos escapamos a la otra parte del río y entonces los rusos se metieron en nuestra casa, provocando daños con su blindado. También revolvieron todo porque buscaban comida”, agregan Nikolai y Valeri, que como trabajan en la construcción, dicen que no tendrán problemas en arreglar los daños.

Aunque no puede revelar cuántas personas murieron en la batalla, Velichko admite que hubo muchas bajas. “Creemos en Dios y justamente por eso, porque tenemos fe y somos cristianos recolectamos todos los cadáveres rusos, que después pusimos en las heladeras”, dice, hablando al lado de una estatua de la Virgen que queda a 100 metros de uno de los puentes que saltó por el aire. “Esperamos tres semanas que sus madres reclamaran sus cuerpos, pero no pasó nada, así que los enviamos a Kiev por ferrocarril”, precisa.

¿Qué piensa que va a pasar con esta guerra? “Es una pregunta imposible, pero vamos a ganar”, contesta el alcalde-héroe, sin triunfalismo. Es evidente que, como su población, ha sufrido y sabe que las cartas no están echadas. “Es fundamental que haya cielos cerrados y que los europeos nos ayuden con más armas y dinero. Nosotros no sólo estamos defendiendo nuestra tierra, también estamos defendiendo los valores europeos”, asegura, en una frase que, desde hace cinco semanas, repite como un mantra el presidente ucraniano, Volodímir Zelensky.

¿Tuvo miedo al resistir el asalto ruso? “Cuando comenzó la invasión nos dimos cuenta que teníamos que estar unidos. Además, establecimos tres corredores ‘verdes’ para evacuar a nuestros residentes, porque nos sentíamos responsables de ellos”, contesta.

¿Cómo se siente después de haber salvado a esta ciudad estratégica? “Luchamos para repeler al ejército ruso, lo logramos y ahora trabajamos para ver cómo reconstruimos la infraestructura. Pero los alcaldes no somos héroes, no somos Superman: lo único que hicimos fue pensar en nuestras familias, en nuestra gente”.

LE RECOMENDAMOS

En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.