AFP. 8 julio, 2018
Los grupos paramilitares ingresaron en los barrios La Competencia, Cruz de Guadalupe y Dulce Nombre, en la ciudad de Jinotepe, este domingo 8 de julio del 2018.
Los grupos paramilitares ingresaron en los barrios La Competencia, Cruz de Guadalupe y Dulce Nombre, en la ciudad de Jinotepe, este domingo 8 de julio del 2018.

Managua. La violencia continuaba campeando en Nicaragua, donde al menos 14 personas -civiles y fuerzas de gobierno- murieron este domingo como resultado de la incursión de antimotines y paramilitares en dos ciudades del suroeste, con lo cual ya son más de 240 las víctimas fatales en casi tres meses de protestas.

“Esto ha sido un horror. Tenemos mínimo 14 muertos, pero pueden ser más. Se incluyen al menos un antimotín, un paramilitar y dos policías”, dijo la presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Vilma Núñez.

Hombres de civil, con capuchas negras y fuertemente armados, entraron con la policía a las seis de la mañana a las localidades de Jinotepe y Diriamba en el departamento de Carazo, derribando barricadas que habían levantado opositores, entre un fuerte tiroteo, denunciaron testigos y grupos de derechos humanos.

“Esto parecía un ejército de ocupación. Barrieron con todas las barricadas. Hay más muertos que no hemos podido confirmar su identidad. Hay una cantidad de presos y heridos. Un desastre”, agregó Núñez.

Palas mecánicas desmontaron las barricadas y habilitaron el tránsito a más de 350 furgones de carga centroamericanos que estaban varados desde hacía más de un mes en el bloqueo de la carretera en Jinotepe.

En un comunicado, la Policía responsabilizó de la muerte de sus efectivos a “terroristas con armas de fuego”, que les dispararon cuando los efectivos “restablecían el orden” levantando los bloqueos de vías.

El diario La Prensa informó el domingo en su edición en Internet que los fallecidos ascendía a siete e indicó que hubo violencia en las ciudades de Diriamba, Jinotepe y Dolores, todas en el departamento de Carazo.

Ortega descarta adelantar elecciones en Nicaragua

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dijo el domingo que la situación era “grave” y “requiere una atención muy especial de parte de la comunidad internacional”, manifestó el secretario ejecutivo, Paulo Abrão, al canal 100% Noticias.

Es necesario que cese “la represión, muy especialmente que se puedan desmantelar estos aparatos represivos progubernamentales que están actuando” , agregó.

Ante tal situación, la Iglesia católica, mediadora en el diálogo entre el gobierno y la Alianza Cívica para la Justicia y la Democracia (opositora), anunció que analiza “seriamente” si seguirá cumpliendo ese papel.

“La Conferencia Episcopal va a valorar seriamente la continuación en el diálogo (...) No podemos seguir sentándonos con los representantes de un gobierno que miente, que no acepta su responsabilidad y continúa atacando y masacrando a la población”, expresó el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez.

Ambiente tenso

La situación en Diriamba y Jinotepe continuaba tensa, con enfrentamientos a tiros entre fuerzas del gobierno y manifestantes. Había heridos y una veintena de detenidos, según los grupos locales humanitarios.

“Desde las seis de la mañana entró un ejército de antimotines, paramilitares y turbas (...) hicieron un anillo en torno al departamento de Carazo”, relató Juan de Dios, vicario de Carazo.

Según Vivian Zúñiga, representante del Cenidh en Carazo, las fuerzas combinadas progubernamentales tenían la basílica de San Sebastián de Diriamba “rodeada para impedir que abran la puerta a los heridos”.

El Cenidh en Carazo y la Asociación Nicaragüense pro Derechos Humanos (ANPDH) aseguraron que paramilitares y antimotines también tomaron los hospitales de Diriamba, a 45 km de Managua, y de Jinotepe, a 40 km.

Medios oficialistas celebraron que las vías de esa zona estaban despejadas y circulaban ya más de 350 furgones de carga centroamericanos que estaban varados desde hacía más de un mes en el bloqueo de la carretera en Jinotepe.

“Hay un ataque desmedido de las fuerzas del gobierno, que está acarreando derramamiento de sangre, más muerte y luto en nuestro país. La represión de fuerzas combinadas es desproporcionada”, declaró el secretario ejecutivo de la ANPDH, Álvaro Leiva, quien no descartó que haya más muertos.

Ortega, quien reapareció el sábado en un multitudinario acto de seguidores, tras más de un mes de no comparecer en público, insistió en que los manifestantes son “asesinos” y “delincuentes” que tienen bajo caos al país.

El gobernante descartó la posibilidad de un adelanto de las elecciones presidenciales -previstas para noviembre del 2021-, como lo propusieron la Iglesia católica y la oposición

Las protestas comenzaron el 18 de abril contra una reforma a la seguridad social, pero ante la fuerte represión policial se ampliaron para exigir la salida de Ortega, a quien acusan de instaurar con su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, una dictadura marcada por la corrupción y el nepotismo.

Llamado de obispos

Los obispos pidieron a los pobladores de Jinotepe y Diriamba proteger sus vidas y al gobierno a detener la “represión”.

“Estamos viviendo una situación muy difícil, dolorosa. Le pido al presidente, a doña Rosario (...) que por favor paren esto (para ) no llevar más dolor, más tristeza” a los nicaragüenses, manifestó el cardenal Leopoldo Brenes.

“Lo que se le presentó fueron los sentimientos que salieron del diálogo, de un adelanto de las elecciones (...) Seguimos apostando” por la negociación, agregó Brenes, presidente de la Conferencia Episcopal.

Para aumentar la presión contra Ortega, la Alianza Cívica llamó a una marcha el próximo jueves y a un paro nacional el 13 de julio, el segundo convocado en la crisis, luego de uno el 14 de junio con gran acogida de empresarios y trabajadores.