
Austin, Estados Unidos. Se suponía que los centros de datos serían un beneficio. En ciudades de todo Estados Unidos, cada vez más alcaldes los tratan como un problema.
Con la temporada de elecciones de mitad de mandato acercándose, la promesa de las grandes tecnológicas de una lluvia de empleos e ingresos fiscales ha dado paso a discursos sobre turbinas de gas contaminantes, redes eléctricas sobrecargadas y la creciente sensación de que la revolución de la IA se está construyendo a costa de los ciudadanos de a pie.
El asunto ha cobrado tal importancia que ha llegado a la Casa Blanca, donde el presidente Donald Trump reunió este mes a las grandes empresas tecnológicas para exigirles que asuman el exorbitante costo de alimentar los nuevos centros de datos que están surgiendo en comunidades de todo el país.
“La mayoría de las conversaciones han sido: ‘esto es el futuro, esto es desarrollo económico, tenemos que ir tan lejos y tan rápido como podamos”, dijo a la AFP Tim Kelly, el alcalde de Chattanooga, Tennessee, al margen de la conferencia South by Southwest (SXSW) en Austin, Texas.
“No diría que necesariamente estoy en desacuerdo con eso, pero creo que ahora empieza a ponerse interesante”, añadió.
En la mente de muchos está xAI, la empresa de Elon Musk, que es la que más lejos ha llegado, y a una velocidad vertiginosa, en la construcción de infraestructura de IA en Memphis y el vecino estado de Misisipi.
Para satisfacer sus enormes necesidades de energía, xAI ha estado operando al menos 18 turbinas de gas metano en su emplazamiento en el sur de Memphis -a veces sin permisos-, acusada de emitir contaminantes en barrios mayoritariamente de población negra ya golpeados por la contaminación industrial.
Esta semana, el regulador ambiental de Misisipi dio luz verde a un sitio de generadores de gas pese a la férrea resistencia local.
Microsoft, Google, Meta y Amazon también recorren el país en busca de sitios donde levantar estas extensas estructuras de hormigón sin ventanas, impulsadas por las insaciables necesidades de computación de la IA.
Phoenix se ha convertido en un destino codiciado gracias a generosos incentivos fiscales, baja regulación y la construcción de nuevas plantas de semiconductores.
Pero la alcaldesa Kate Gallego afirma que la población local está cansándose de ver cómo se multiplican los centros de datos en sus comunidades, presionando suministros de agua y una red eléctrica que ya están al límite.
“Cuando de repente tienes equipos de transmisión delante de tu casa, para mucha gente eso no vuelve el lugar más atractivo”, dijo ante el público de SXSW.
Su frustración con el sector va más allá de las líneas eléctricas.
La mayor compañía de servicios públicos de Arizona, APS, afirma que no puede atender toda la demanda: si se aprobaran todos los centros de datos que quieren instalarse en su área de servicio, la demanda de electricidad alcanzaría los 19.000 megavatios, más del doble del pico histórico de la red.
“Estamos en una batalla constante con nuestro proveedor de servicios públicos”, dijo Larry Klein, el alcalde de Sunnyvale, en el corazón de Silicon Valley, en California.
No estamos aquí
Gallego dijo que a menudo se entera de que una empresa tecnológica ha llegado a la ciudad solo al revisar la lista más reciente de los mayores clientes de la compañía eléctrica, resultado de acuerdos de confidencialidad que dejan a los ciudadanos en la oscuridad hasta que ya es demasiado tarde.
“Hay toda una gama de empresas: algunas están orgullosas de ser tus socias, y otras preferirían que ni siquiera reconocieras que están ahí”, afirmó, señalando a Microsoft y Google como operadores más transparentes.
Los alcaldes advierten que el problema de los centros de datos se está convirtiendo en un símbolo de las crecientes dudas de los estadounidenses sobre la IA en general.
Una encuesta de NBC News publicada este mes reveló que el 57% de los votantes registrados considera que los riesgos de la IA superan sus beneficios, frente a solo un 34% que opina lo contrario.
