Política Económica

Columna Competencia perfecta: Bicentenario

El reto de Costa Rica, después de 200 años de vida independiente, es no desentenderse de las decisiones que crearon un marco de convivencia exitoso.

Puestos a meditar acerca de los retos de la sociedad costarricense luego de 200 años de vida independiente, vale la pena hacerlo en clave de los elementos que han jugado un rol fundamental a la hora de definir la nación: la construcción institucional republicana y democrática y el marco de políticas públicas orientadas a construir espacios de bienestar e igualdad de oportunidades para la ciudadanía.

Desde muy temprano en su historia, Costa Rica hizo dos apuestas trascendentales y arriesgadas: una por un marco institucional y político basado en libertades –que trascendían las exclusivamente comerciales– y en una vibrante convivencia democrática como elemento de cohesión que iba mucho más allá de un simple esquema de representación y, la segunda, por un conjunto de políticas públicas en educación, salud y bienestar social, concebidas como instrumentos que permiten acceder en condiciones de igualdad a las oportunidades y no simples medidas asistenciales dirigidas a los más vulnerables.

De esta forma, a lo largo de décadas, con intensidades y velocidades distintas, a través de diferentes instrumentos, y con los matices y las tonalidades de los momentos históricos y de las concepciones del mundo, se avanzó en la construcción de un marco de convivencia exitoso –más allá de sensiblerías y chovinismos– basado en dichos pilares.

Pero al igual que los éxitos pueden atribuirse a tan arriesgada apuesta ancestral, las dificultades hoy son el resultado de desentenderse de esas mismas preocupaciones.

La crisis actual –que, por cierto, no es nueva pues acumula, por lo menos, cuatro décadas– es mucho más que una preocupación por la sostenibilidad presupuestaria o por el alcanzar un mayor ritmo de crecimiento de la producción, es el resultado de la inercia institucional y social que no ha permitido reformar y transformar el marco de convivencia política y el estado de bienestar para encarar los retos derivados de una realidad mucho más compleja y, por tanto, de demandas cambiantes en la ciudadanía.

Ahí radican los retos de los próximos años: el rescatar los espacios de libertades y de convivencia democrática hoy tomados por los enfrentamientos tribales y polarizadores que tanto favorecen a los intereses de ciertos grupos y que destruyen la capacidad de avanzar y de construir visiones comunes necesarias para imaginar los diferentes futuros; y el repensar y reformar profundamente las políticas públicas en educación, salud y bienestar social, entendiéndolas como parte de un tejido integrado y complejo de intervenciones orientadas, más allá de lo utilitario e individual, a recuperar la confianza de la ciudadanía en las instituciones.