La almidonada raíz de la mandioca ha sido por largo tiempo un importante ingrediente en todo, desde el pudín y el helado de tapioca hasta papel y alimento para animales.
Sin embargo, el año pasado, 98% de las frituras de mandioca exportadas desde Tailandia, el mayor exportador de este tubérculo el mundo, fue a un solo lugar y casi todo era para un solo propósito: a China para producir biocombustible.
Impulsadas por la nueva demanda, las exportaciones tailandesas de frituras de mandioca han aumentado casi 400% desde el 2008, en tanto su precio casi se duplicó.
Pero, con los marcados aumentos de precios en los últimos meses, muchos expertos están haciendo llamados dirigidos a los países para que reduzcan su impetuosa carrera hacia el desarrollo de combustible verde, argumentando que la combinación de ambiciosos objetivos del biocombustible y mediocres cosechas de algunos cultivos crucialescontribuye a los altos precios, hambre e inestabilidad política.
Este año, la Organización de Alimento y Agricultura de Naciones Unidas, la FAO, informó de que su índice de precios de la comida era el más alto en sus más de 20 años de existencia. Los precios subieron 15% tan solo de octubre a enero, con el potencial de “orillar a la pobreza a otras 44 millones de personas en países de ingresos bajos a medios”, informó el Banco Mundial.
En meses recientes, la pronunciada alza de precios del alimento ha ocasionado disturbios o contribuido a la conmoción política en una diversidad de países pobres, incluidos Argelia, Egipto y Bangladesh, donde el aceite de palma, ingrediente común del biocombustible, proporciona crucial nutrición para una población desesperadamente pobre.
Durante la segunda mitad de 2010, el precio del maíz se disparó –73% en Estados Unidos–, aumento que el Programa Mundial de Alimentos de la ONU atribuyó, parcialmente, al mayor uso de maíz estadounidense para el bioetanol.
Cada año, un porcentaje mayor de los cultivos del mundo – mandioca y maíz, azúcar y aceite de palma– está siendo desviado para la producción de biocombustibles, a medida que países industrializados aprueban leyes que obligan a un mayor uso de combustibles no fósiles y conforme fuerzas en surgimiento como China buscan nuevos recursos de energía para mantener en funcionamiento sus automóviles e industrias. La mandioca es una adición relativamente nueva al arroyo del biocombustible.
“El hecho de que la mandioca esté siendo usada para biocombustible en China, que en Europa se use colza o rapé, y caña de azúcar en otras partes, definitivamente está creando un cambio en las curvas de la demanda”, notó Timothy D. Searchinger, académico en la Universidad de Princeton que investiga el tema. “Los biocombustibles están contribuyendo a precios mayores y mercados más escasos”.
Cuotas rígidas. En Estados Unidos, el Congreso ya ordenó que el uso de biocombustibles debe alcanzar 36.000 millones de galones (136.260 millones de litros) anuales para el 2022. La Unión Europea estipula que 10% del combustible para transporte debe venir de fuentes renovables como el biocombustible o la energía eólica para el 2020. Países como China, India, Indonesia y Tailandia también ya adoptaron objetivos para el biocombustible.
Muchos factores contribuyen a incrementar el precio de la comida, incluido el mal clima que arruina la producción , y altos precios del petróleo que vuelven costoso el transporte. El año pasado, por ejemplo, clima inusualmente severo destruyó cosechas de trigo en Rusia, Australia y China, al tiempo que una plaga de insectos redujo la producción tailandesa de mandioca.
Olivier Dubois, experto en bioenergía por la Organización de Alimentos y Agricultura en Roma, dijo que era difícil cuantificar el grado hasta el cual el desvío de biocombustibles había impulsado aumentos de precios.
“El problema es complejo, así que es difícil generar extensas declaraciones en las que se diga que los biocombustibles son buenos o malos”, dijo. “Sin embargo, lo que sí es seguro es que los biocombustibles están jugando una parte. ¿Acaso es 20, 30 o 40%? Eso depende del modelo que se tenga”.
Si bien nadie está insinuando que los países deben abandonar los biocombustibles, Dubois y otros expertos alimentarios sugieren que estos deberían revisar y corregir sus políticas, para que las rígidas órdenes sobre el combustible puedan suspenderse cuando las reservas de alimento desciendan o los precios suban demasiado.
“La política debe ser que el alimento es primero”, dijo Hans Timmer, director del Grupo de Prospectos de Desarrollo del Banco Mundial. “Ocurren los problemas cuando se fijan objetivos para biocombustibles que no prestan atención a los precios de otros productos”.
Timmer dijo que el creciente aumento en los precios del crudo probablemente incrementaría la demanda de biocombustibles.
Transmisión a los precios. Puede ser engañoso predecir cómo afectará la nueva demanda del sector de biocombustible a la oferta y precio del alimento. A veces, al igual que con el maíz o la mandioca, la competencia directa entre compradores genera aumentos de precios de los ingredientes del biocombustible. En otros casos, puede darse una escasez o inflación de precios debido a que los agricultores que solían cultivar cosechas como vegetales para consumo ahora plantan diferentes cultivos que pueden usarse para combustible.
El desarrollo de biocombustibles en naciones más ricas ya demostró que tiene un potente efecto sobre los precios y el cultivo de cosechas. Con el estímulo de subsidios nacionales al biocombustible, casi 40% del maíz cultivado en Estados Unidos se destina actualmente a la producción de combustible, al tiempo que los precios del maíz en la Casa Mercantil de Chicago aumentaron 73% de junio a diciembre del 2010.
Este tipo de aumentos de precios también inciden en distantes lugares, destacan expertos en seguridad alimentaria. “¿Cuánto influye el precio del maíz en Chicago al precio del maíz en Ruanda? Resulta que existe una correlación”, dijo Marie Brill, prominente analista estratégica en Action Aid, grupo internacional de desarrollo. El precio del maíz en Ruanda aumentó 19% el año pasado.
“Para los estadounidenses, pudiera equivaler a unos cuantos centavos adicionales por una caja de cereal. Sin embargo, ese tipo de aumento pone el maíz fuera del alcance de la gente pobre”, resaltó Brill.
Los aumentos de precios también dan como resultado que grupos como el Programa Mundial de Alimento pueda comprar menos comida para alimentar a los hambrientos del mundo.
Desarrolladores europeos de biocombustibles están comprando grandes tramos de lo que llaman “tierra marginal” en África, con el propósito de cultivar cosechas para biocombustible, particularmente el arbusto de buena madera conocido como jatrofa. Algunos defensores dicen que la promoción del jatrofa para la producción de biocombustibles tiene escaso impacto sobre las reservas de alimento.
Sin embargo, parte de esa tierra es usada por gente pobre para la agricultura de subsistencia o la recolección de alimentos, como nueces silvestres.
“Tenemos que alejarnos del pensamiento de que la producción de una cosecha para obtener energía no compite con el alimento”, comentó Dubois, de la FAO. “Lo hace casi inevitablemente”, agregó.
© 2011 The New York Times News Service