
El mercado laboral costarricense registró en el IV trimestre de 2025 una reducción simultánea en ocupación y desempleo, junto con un aumento significativo de la inactividad. Así lo reveló un informe del Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas (IICE) de la Universidad de Costa Rica.
El análisis detalló que la tasa de ocupación cayó 1,7 puntos porcentuales respecto al mismo periodo de 2024. A la vez, la tasa de desempleo bajó 0,6 puntos porcentuales, lo que equivale a una disminución relativa del 8,7%. Sin embargo, la tasa de inactividad aumentó 2,2 puntos porcentuales, con un crecimiento interanual del 5,1%.
Este comportamiento refleja una salida de personas de la fuerza laboral, lo que influye en la reducción del desempleo. Según el informe, parte de la población dejó de buscar trabajo o no se encuentra disponible para trabajar, debido a factores como pensiones o cambios en la dinámica del hogar.
El estudio destacó como principal resultado positivo una reducción en las brechas de género en el mercado laboral. Al cierre de 2025, estas diferencias alcanzaron sus niveles más bajos en los últimos cuatro años.
Uno de los avances más relevantes se observó en la disminución de la brecha en la inactividad. Aunque las mujeres continúan con mayor nivel de inactividad que los hombres, la diferencia se redujo de forma sostenida.
Además, la brecha en la tasa de desempleo dejó de ser significativa entre hombres y mujeres. Esto indica que, una vez dentro del mercado laboral, ambos grupos enfrentan condiciones similares en la probabilidad de estar desempleados.
El informe atribuyó este resultado a mejoras reales en el acceso al empleo, y no a diferencias en educación, edad o ubicación geográfica.
No obstante, persisten retos en otras áreas, especialmente en la brecha salarial por hora, donde las mujeres continúan en desventaja frente a los hombres con perfiles similares.

Ingresos de hogares evidencian desigualdad
El estudio también analizó las fuentes de ingreso según condición socioeconómica y evidenció fuertes diferencias entre grupos de hogares.
En los hogares en pobreza extrema, cerca del 62% del ingreso provino de subsidios y transferencias, lo que refleja alta dependencia del apoyo estatal.
En contraste, en los hogares de clase media y alta, el salario representó entre el 61% y el 69% del ingreso total, lo que evidencia mayor vínculo con el empleo formal.
Los hogares en condición vulnerable mostraron un equilibrio entre ingresos laborales y otras fuentes, mientras que en pobreza no extrema la dependencia de subsidios disminuyó al 44%.
El informe subrayó la importancia de fortalecer el empleo formal como base de la estabilidad económica de los hogares. También resaltó el papel de las transferencias en la reducción de la pobreza extrema.
Estos resultados plantean retos para la política pública, en un contexto donde la reducción del desempleo debe analizarse junto con la caída en la participación laboral.