En Costa Rica sobre los combustibles pesa un tributo creado con la Ley 8114, la cual establece un impuesto único, define los contribuyentes, las exenciones y el destino de los recursos recaudados.
A diferencia de otros impuestos, no se trata de un porcentaje, sino un monto fijo con colones por cada litro según el producto de que se trate ya sea gasolina regular, gasolina súper, diésel, etc.
Este monto puede ser variado periódicamente de conformidad la normativa que faculta al Poder Ejecutivo a actualizar el impuesto con base en variables como la inflación acumulada, el índice de precios al consumidor y otros indicadores macroeconómicos.

Así, el precio final del combustible que pagamos los consumidores se compone de varios factores, como el precio internacional del petróleo, el tipo de cambio (en tanto se pagan dólares para la importación de los productos), los márgenes de distribución (Recope, transportistas, estaciones de servicio) y el impuesto único que se fije para cada combustible.
Aunque el impuesto representa una parte importante del precio final, queda claro que no es el principal factor de variación, pues aunque suba el precio del petróleo, los impuestos a los combustibles no aumentan automáticamente.
En otras palabras, si el petróleo sube, los combustibles suben su precio final, porque el producto ahora cuesta más; pero el impuesto se mantiene igual por litro, al menos hasta que venga una nueva actualización por parte del Estado.
El diseño de este impuesto único tiene ventajas y desventajas. Como puntos positivos cabe indicar que otorga ingresos estables al fisco, pues lo que se paga por litro no depende de la volatilidad del precio del petróleo, lo cual facilita la planificación fiscal.
Del otro lado, el principal aspecto negativo para el consumidor es que cuando el petróleo baja, el precio final del combustible no baja tanto, porque el impuesto sigue el siendo el mismo por cada litro; lo cual provoca usualmente que el combustible en nuestro medio siga siendo caro en comparación con otros países.
Ahora bien, existen a nivel mundial otros sistemas para definir el impuesto a los combustibles, como el modelo porcentual de algunos países europeos y el modelo variables cuyo mejor ejemplo es México. ¿Nos conviene cambiar de modelo?