María Luisa Madrigal. 26 mayo
En enero del 2009 nació una nueva moneda. Surgió en el mar del Internet, sin nacionalidad ni frontera.
En enero del 2009 nació una nueva moneda. Surgió en el mar del Internet, sin nacionalidad ni frontera.

En enero del 2009 nació una nueva moneda. Surgió en el mar del Internet, sin nacionalidad ni frontera.

El bitcoin (código BTC) fue la primera de las criptomonedas en surgir. Su historia comenzó con una transacción en la que un programador de apellido Finney recibió 10 BTC de Satoshi Nakamoto, el seudónimo que usó el creador de la divisa.

Diez años más tarde, el bitcoin sigue vivo. Nakamoto está desaparecido de la esfera pública y su identidad real sigue siendo un misterio.

El bitcoin en aquella primera transacción no tenía ni siquiera valor simbólico. Pero en dos años alcanzó la paridad con el dólar estadounidense, entre febrero y abril del 2011. Desde entonces, no ha parado de moverse entre burbujas y caídas.

La criptomoneda creció en valor y también en popularidad. A su lado aparecieron otras unidades de cuenta digitales que buscaron emularla, sin embargo, el bitcoin sigue siendo la mayor de todas. En consecuencia, también aumentaron los devotos.

Miles de personas alrededor del mundo decidieron dar el salto e invertir en la moneda del futuro. Con muchos, la moneda –y la suerte, compañera inseparable del especulador– fue benevolente. A otros les hubiera valido más guardar su dinero en una caja de zapatos.

El movimiento del bitcoin ha sido errático, pero casi siempre al alza. En menos de 10 años pasó de valer literalmente nada, a superar los $19.000 por una sola unidad.

El precio histórico del Bitcoin

En 2017 la criptomoneda alcanzó su máximo valor, al superar los $19.000

FUENTE: Coin Market Cap.    || E.E. INFOGRAFÍA / LA NACIÓN.

Subidas y bajadas

La primera de las burbujas del bitcoin ocurrió en el 2011. Unos meses después de alcanzar la paridad con el dólar, las transacciones hicieron subir su valor hasta los $31. Meses después cayó de golpe y se cotizó en apenas $2.

Desde entonces no ha vuelto a bajar tanto. Una vez que superó el valor de la moneda estadounidense, no se ha dejado empatar.

Las transacciones de la moneda virtual también se multiplicaron en medio de burbujas y caídas, hasta que llegó el 2017. Entonces sucedió el boom más grande que ha tenido el bitcoin desde su creación.

En cuestión de meses, pasó de costar $3.700 a superar los $17.000. Para diciembre, ya había pasado los $19.000 y las personas, cual fiebre del oro, empezaron a comprar y a hacer minería con el sueño de alcanzar la riqueza en la siguiente burbuja.

Como en toda especulación, existe un riesgo. En el caso del bitcoin el costo fue muy alto para los perdedores.

En cuestión de meses, la moneda pasó de valer $3.700 a superar los $17.000. Para diciembre, ya había rebasado los $19.000 y las personas, cual fiebre del oro, empezaron a comprar y a hacer minería con el sueño de alcanzar la riqueza en la siguiente burbuja.
En cuestión de meses, la moneda pasó de valer $3.700 a superar los $17.000. Para diciembre, ya había rebasado los $19.000 y las personas, cual fiebre del oro, empezaron a comprar y a hacer minería con el sueño de alcanzar la riqueza en la siguiente burbuja.

No había terminado el 2017 y la moneda se había devaluado en más de 100%. Aunque se mantuvo en un precio alto ($6.200 en febrero del 2018), el golpe fue demasiado fuerte para los inversionistas que entraron tarde en el juego.

Y como en todo boom del Internet, igual que un video viral o un reto de YouTube, Costa Rica no fue la excepción. Los inversionistas ticos fueron parte de los inicios de las burbujas y también de sus estallidos.

El bitcoin ahora –mayo de 2019– equivale a poco más de ¢3.300.000. Pero en el 2014, cuando Otto Mora y otros entusiastas ticos hicieron las primeras transacciones de la criptomoneda, los precios estaban muy por debajo de ese valor.

Entonces era posible procesar las bitcoins en las computadoras caseras. Hoy es un proceso complejo y costoso, porque requiere de equipo más robusto.

De esos primeros curiosos ticos, muchos se fueron asustados con las primeras caídas de la moneda. Otros se mantuvieron firmes en el experimento y se volvieron a reunir en el 2016. La mayoría eran ingenieros en sistemas, ingenieros eléctricos y algunos abogados. Lo que tenían en común era el interés de probar una moneda alternativa.

“Éramos sin mentir cinco gatos”, declaró Mora quien es parte de Asoblockchain y consultor del tema en la firma EY.

Desde entonces, la comunidad sigue activa y en crecimiento, porque cada vez que la moneda sube, aumenta el interés de la gente.

Ticos probaron el agridulce del bitcoin

Al igual que hay comunidades de fanáticos de las motos, o seguidores de una serie, o coleccionistas de billetes antiguos, también hay en Costa Rica una asociación de usuarios de bitcoin.

La necesidad de formar una comunidad de costarricenses alrededor del bitcoin se presenta porque el dinero es algo social, según Mora. Estar rodeados de otras personas que también creen y compran bitcoins les permite negociar entre ellos.

Y al igual que pasó en el resto del mundo, la burbuja del 2017 atrajo a más curiosos a la comunidad.

Aunque muchos tenían bitcoins desde antes, en medio del boom hubo costarricenses que aprovecharon el pico y lograron vender a muy buen precio su inventario. Otros se aferraron a sus monedas y las siguen conservando, pero también hubo otros –los menos afortunados– que compraron casi en el tope de precio y pagaron hasta miles de dólares, según recuerda Mora.

“Se vio incluso a personas que compraron bitcoins en el pico del precio con tarjetas de crédito. Montos por arriba de los $10.000” declaró Otto Mora.

Con la posterior caída, muchos vieron cómo sus inversiones resultaban fuertemente afectadas. Algunos otros tuvieron que vender sus equipos para minar, porque no resultaba estable la actividad en el país –entran en juego el precio de los equipos y el costo de la electricidad–.

Sin embargo, el movimiento bitcoin se mantiene y parece que se encamina hacia otra etapa de alza, tal vez inclusive otra burbuja.

Ante esto, el consejo de Mora para cualquier nuevo curioso es simple: “No se puede invertir más dinero del que se puede perder. No hay ganancias aseguradas, así funciona la especulación.”

La experiencia dicta que lo más importante es investigar, usar únicamente dinero ocioso y bajo ninguna circunstancia endeudarse para comprar criptomonedas.

Si al final decide invertir en la moneda, hay diversas páginas web en las que puede comprar y eventualmente vender. Incluso, en Costa Rica hay un cajero automático activo en el que se puede cambiar efectivo en dólares o colones, por bitcoins. Curiosamente, está frente al Banco Central, en San José.

Después de 10 años, la tendencia del bitcoin es al alza. Aunque ha tenido sus tropiezos, nunca ha caído tan estrepitosamente para dejar de ser atractiva. Sin embargo en esos tropiezos no ha tenido reparo en llevarse consigo a más de un especulador.