Gustavo Arias Retana. 28 noviembre

En promedio, cada 25 horas, un hospital público egresó a una persona que fue atendida por heridas con armas de fuego, a lo largo del 2017. En total, fueron 344 pacientes.

Esa cifra es un 42% superior al registro de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) de hace 20 años, en 1997, cuando se reportaron 199 incidentes, es decir, un paciente fue atendido cada 44 horas.

De los 24 hospitales de la CCSS, el San Juan de Dios y el Rafael Ángel Calderón Guardia son los que presentaron una mayor incidencia por este tipo de casos.

Dichos centros médicos concentran el 42% de las atenciones, con 89 y 56, respectivamente. Esos datos son consonantes con las zonas que cubren, pues allí habitan más de 2,5 millones de personas.

Por ejemplo, la población adscrita al San Juan de Dios es de poco más de 1 millón de personas y cubre áreas como Desamparados, Puriscal, Pérez Zeledón y Golfito.

Mientras, el Calderón Guardia atiene a 1,5 millones personas de zonas de Cartago, Limón y San José, como Curridabat, Coronado, Guadalupe y Montes de Oca.

En los últimos 20 años, el pico de casos se presentó en 2010, cuando se registraron 495 egresos, 151 más que el año pasado, o bien, un 30% más.

Porcentualmente, el crecimiento más importante se presentó en el Hospital de Guápiles, que pasó de cinco casos en 1997 a 34 en 2017, es decir un incremento del 580%.

Al tiempo que crecen esas cifras, los decomisos de armas de fuego aumentaron en un 15% en el 2017 (1.995), con respecto al 2015, cuando hubo 1.728 confiscaciones.

En ese lapso de dos años, también se elevó en 54% el número de denuncias de víctimas del hampa, en las que se reportó el uso de una pistola, crecieron en un 54% entre 2015 y 2017, al pasar de 7.609 a 11.765.

Pacientes caros

El jefe de Emergencias del Hospital Calderón Guardia, Donald Corella, le explicó previamente a La Nación que la mayoría de heridos con armas de fuego presentan afectaciones en el tórax y el abdomen; por lo que su atención es “bastante cara”, especialmente porque casi siempre requieren de la sala de reanimación, una unidad cuyo uso ronda los ¢350.000 por hora.

Corella detalló que la atención básica de un herido de bala incluye dos médicos especialistas emergenciólogos, un cirujano general, un médico general, una enfermera profesional, dos auxiliares de enfermería, un asistente de pacientes, un técnico de rayos X y otro de laboratorio. Así como placas y medicamentos.

En muchos casos son necesarias, además, transfusiones de sangre y exámenes más complejos como tomografías.

Los heridos de tórax pasan internados en promedio dos semanas, mientras que los de abdomen mes y medio. El hígado, el bazo y los riñones son los órganos más afectados.

¿Quiénes son las víctimas?

En el 93% de las víctimas (320) del año anterior fueron hombres. Dentro de ese grupo, el rango etario en que más afectación hubo fue de los 20 a los 44 años, con 246 incidentes, es decir, el 77% del total de los varones afectados.

Hace 20 año, los masculinos atendidos en ese rango de edad fueron 113, por lo tanto, crecieron un 118%, durante ese lapso de tiempo.

El segundo grupo de hombres con mayor afectación es el que va de los 15 a los 19 años con 39 casos. En 1997, en ese rango se atendió a 27 personas, es decir 12 menos.

Durante 2017, solo se presentaron 24 casos en que la víctima era una mujer, un 7% del total nacional.

El grueso de incidentes de mujeres también se concentra en el rango etario de los 20 a los 44 años, con 17 casos (71%).