
Un objeto compacto ubicado a 11.700 millones de años luz podría ayudar a responder una de las grandes preguntas de la astronomía moderna: cómo crecieron tan rápido los agujeros negros supermasivos del universo temprano.
El hallazgo fue publicado en la revista The Astrophysical Journal Letters por investigadores del Max-Planck-Institut für Astronomie, Princeton University y otras instituciones internacionales.
El equipo estudió una fuente llamada X-Ray Dot (XRD), un objeto extremadamente compacto ubicado en un corrimiento al rojo de 3,28, es decir, observado cuando el universo tenía apenas una fracción de su edad actual.
Este objeto llamó la atención porque comparte características con los llamados little red dots o “pequeños puntos rojos”, una población descubierta por el telescopio espacial James Webb que intriga a los astrónomos desde 2024.
Estos little red dots son fuentes pequeñas, muy brillantes y rojizas, que muestran señales de agujeros negros activos, pero no encajan del todo con los modelos tradicionales. Aunque parecían ser núcleos galácticos cubiertos por polvo, muchos no emiten los rayos X ni la radiación infrarroja intensa que normalmente se espera en esos casos.
El XRD sí presenta varias de esas señales típicas: un brillo rojo parecido al de un cuerpo caliente con temperatura cercana a 6.400 kelvin, líneas amplias de hidrógeno y una emisión infrarroja débil. Sin embargo, hay una diferencia clave: este objeto sí emite una gran cantidad de rayos X.
Los investigadores probaron primero la explicación más común: que se tratara de un agujero negro rodeado de polvo espeso. Pero los modelos no lograron reproducir bien la combinación observada entre el brillo óptico rojo, la débil emisión infrarroja y la intensidad de los rayos X, a menos de asumir condiciones extremas poco probables.
Por eso exploraron otra posibilidad. Según esa hipótesis, el objeto estaría envuelto no principalmente por polvo, sino por una capa muy densa de gas caliente y opaco. Esa envoltura actuaría casi como una atmósfera estelar alrededor del agujero negro y explicaría el color rojo y otras señales observadas.
En esa etapa, llamada por algunos modelos black hole star (estrella de agujero negro), los rayos X suelen quedar atrapados. Pero si esa envoltura comienza a dispersarse, pueden abrirse pequeñas líneas de visión por donde la radiación escapa. Eso podría ser exactamente lo que ocurre con el XRD.
El estudio propone que este objeto sería una fase de transición entre los little red dots y los cuásares brillantes más conocidos: una especie de puente evolutivo entre ambos.
Si esa interpretación se confirma, ofrecería evidencia directa de que los little red dots sí están impulsados por agujeros negros supermasivos en rápido crecimiento, una pieza clave para entender cómo aparecieron tan temprano en la historia del cosmos.
Los autores señalan que futuras observaciones, especialmente en longitudes de onda submilimétricas, permitirán comprobar mejor esta hipótesis y entender cuánto gas y polvo rodea realmente al objeto.
