Irene Rodríguez. 19 mayo
Aún cuando estamos descansando, nuestro cerebro procesa y genera información social. Imagen: freeimages.com
Aún cuando estamos descansando, nuestro cerebro procesa y genera información social. Imagen: freeimages.com

No importa si estamos profundamente dormidos. Nuestro cerebro se mantiene en vida social. Un grupo de científicos del Darmouth College, en Estados Unidos, indica que este órgano tiene obsesión con la vida social, al punto de que en períodos de descanso guarda y procesa información relacionada a nuestra vida con otros.

¿Cómo lo saben? Los investigadores analizaron dos zonas cerebrales: la corteza media prefrontal y la unión temporoparietal. Estas áreas han sido relacionadas con nuestra integración social y con nuestra habilidad para evaluar las personalidades, los estados mentales y las intenciones de otras personas.

El objetivo era averiguar cuán activas son estas regiones durante los diferentes períodos de descanso.

"Desde hace tiempo sabemos que las regiones asociadas con el pensamiento social se mantienen activas durante casi todo el día, pero queríamos explorar más a fondo y tratar de entender por qué. Este estudio sugiere que hay una función detrás de esta actividad nocturna: la actividad de estas regiones durante el descanso nos permite aprender sobre nuestro ambiente social", explicó en conferencia de prensa Meghan Meyer, coordinadora de la investigación.

Para el estudio, publicado en la revista Cerebral Cortex, se enroló a 19 personas saludables y con un desarrollo cerebral normal. A todos ellos se les pidió realizar actividades "sociales" y "no sociales". La tarea social consistió en mirar fotografías de personas, se les pidió describir qué hacía la persona (ej. doctor, constructor, chofer) y que dijeran dos características de cada persona. Después se les pidió evaluar la competencia y la calidez que veían de cada persona en una escala de 1 a 100.

Las tareas no sociales consistían en también mirar fotografías, pero esta vez de lugares. Las personas también debían dar dos características de cada lugar y colocar en una escala de 1 a 100 cuán agradable veían dicho sitio. En total, se completaron 60 "tareas sociales" y 60 "no sociales".

Justamente después de cada tarea se le pidió a los participantes estar en reposo completo durante 8,4 minutos en donde podían pensar acerca de cualquier cosa, siempre y cuando se mantuvieran despiertos.

Una vez terminadas las tareas, se les hizo un test sorpresa en un cuarto aislado y sin ruido. Allí se les volvieron a presentar las fotografías anteriores y se les pidió identificar la descripción y las características que habían dicho de las fotografías.

Los investigadores observaron que cuando los participantes veían las fotos con personas tenían mayores niveles de conectividad de estas dos regiones, y también lo hacían en los períodos de descanso, pero esto no sucedió cuando se les enseñaron las fotografías de lugares, no se veía actividad en estas zonas ni cuando veían las imágenes ni cuando descansaban.

En una segunda fase del proyecto, se citó a los participantes una semana después, para ver cómo funcionaban estas áreas mientras se duerme. La primera noche se les enseñaron imágenes de personas diferentes a las vistas en la primera sesión. Su cerebro fue monitoreado por resonancia magnética tanto al ver las fotografías como al dormir. Al día siguiente se les hizo un examen sobre las fotografías vistas.

Lo mismo se hizo durante la siguiente noche y mañana, esta vez con imágenes de lugares. Una vez más: solo se registró actividad cuando la imagen humana aparecía en las fotos, y los recuerdos fueron mejores cuando se asoció a otras personas.

Para los investigadores, esto quiere decir que, cuando descansamos, nuestro cerebro prioriza la información que nos permite relacionarnos con otros.

"Cuando nuestra mente se toma un break para el descanso, le da mayor importancia a lo que aprendemos de nuestro ambiente social", concluyó Meyer.