Irene Rodríguez. 6 noviembre, 2018
En Facebook es común encontrar sitios que cuestionan la efectividad y conveniencia de las vacunas.

“Las vacunas causan autismo”. “Les están inyectando cáncer a los niños, lo verán en unos años”. “Las compañías farmacéuticas solo buscan llenarse sus bolsillos a costa de crear nuevas enfermedades con las vacunas”.

Frases como estas se ubican fácilmente en redes sociales como Facebook y Twitter y son compartida en algunos grupos de Whatsapp. Aún sin fundamento científico, sí constituyen el cambio de pensamiento de personas que, movidas por estos mensajes, toman la decisión de no vacunar a sus hijos. Cuando esto ocurre, las coberturas de protección caen y como consecuencia aumenta el número de casos de ciertos padecimientos.

Este es uno de los factores que los especialistas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ve como desencadenante para el resurgimiento del sarampión en el mundo. Solo entre enero y junio del 2018 en Europa se registraron 41.000 casos y 37 muertes debidas a una enfermedad prevenible por vacunas.

El tema de cómo los antivacunas utilizan las redes sociales para “atemorizar a las familias” fue abordado la tarde de este lunes en el Congreso Médico Nacional, que se celebra esta semana en el Hotel Crown Plaza.

La pediatra infectóloga y exministra de salud María Luisa Ávila, quien se mantiene muy activa en redes sociales y hace conciencia en favor de los beneficios de la vacunación, expuso cómo, la información difundida en redes sociales por parte de estas agrupaciones viaja más rápido y causa más eco que los informes con contenido científico que prueban lo contrario.

“Las redes sociales son un arma de doble filo. Y en temas de salud el asunto puede ser muy peligroso. Por un lado pueden ser una gran herramienta de difusión para que las personas mejoren su salud, y por otro, la ignorancia y cosas sin el menor criterio científico pueden tener un eco muy grande, asustar a la gente y hacer que se tomen malas decisiones por ese miedo”, destacó Ávila.

“En este momento, gracias a las vacunas, es más posible que le caiga a uno un rayo que morirse por causa de tétanos, o fallecer al caerse de una cama que producto de las paperas”, agregó la especialista.

Lo virtual tiene impacto en lo real
Este es un perfil de Facebook relacionado con el movimiento antivacunas.

Los efectos de estos mensajes que infunden miedo son fuertes. El año pasado, una investigación del grupo de Inteligencia Aplicada y Análisis de Datos de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) analizó el alcance de diferentes temas de vacunación en redes sociales.

“Los cinco países donde hemos identificado que más se tuitea acerca de las vacunas (Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Canadá e Irlanda) han sufrido cambios notables en sus tasas de inmunización en los últimos diez años”, señaló a la prensa David Camacho, uno de los investigadores.

La hipótesis de los científicos era que, si en un país el tema se ha hecho muy relevante en los últimos años, sus coberturas de inmunización habrían cambiado. Con base en los tuits, ellos calcularon un factor de relevancia por países y crearon otro para medir la variación de las tasas de vacunación en la última década.

“Nos concentramos en los tuits más relevantes: los que hacen o reciben más retuits; o los más influyentes: los que conectan a más tuiteros y, por lo tanto, dejan fluir más información”, señaló Camacho en un comunicado.

El estudio mostró que Estados Unidos. es el país con más comentarios negativos, y es en donde más han caídos las tasas de vacunación. Por su parte, en Irlanda y Francia hay más comentarios positivos y la vacunación se ha mantenido alta.

Los principales movimientos antivacunas proliferaron en 1998, cuando el médico inglés Andrew Wakefield se basó en los supuestos casos clínicos de 12 niños que desarrollaron formas de autismo tras recibir la vacuna de sarampión, rubéola y paperas. Esto fue publicado en su momento por la revista médica The Lancet. No obstante, estudios posteriores –que involucraron a más de medio millón de menores– intentaron encontrar ese vínculo, sin éxito.

La licencia médica de Wakefield fue revocada y The Lancet se retractó de la publicación, pero el daño estaba hecho.

Ávila destaca que los grupos antivacunas se valen de personas famosas como el actor estadounidense Jim Carrey y su expareja la modelo Jenny McCarthy, quienes difunden el mensaje que Wakefield aún mantiene.

“Son personas que tienen muchos seguidores. Desafortunadamente un solo mensaje en redes sociales de ellos hace más eco que la evidencia científica y los mensajes de los médicos”, indicó

¿Por qué hay quienes le creen más a la celebridades? Un reportaje del medio estadounidense CBC News exploró justamente ese fenómeno.

“El estatus de celebridad produce un efecto de ‘halo divino’, es como si tuviera una ‘capa de confianza’ generalizada que se extiende a venderse como expertos. Los admiradores tienden a seguir cada paso que dan esas celebridades, y eso los puede llevar también a seguir sus recomendaciones de salud”, enfatizó Steven Hoffman, de la Universidad McMaster, en EE. UU., quien se ha dedicado a escudriñar el tema.

¿Qué hacer como lectores?

¿En qué tipo de difusiones se deben confiar cuando se trata de vacunas o temas de salud? Ávila pide a las personas no hacer caso a todo lo que dicen las celebridades, tampoco se deberían compartir mensajes enviados por Whatsapp o que alguien vio en Facebook si se desconoce su fuente.

“No crea lo primero que lee, busque en páginas y voces autorizadas, como los ministerios de salud de diferentes países, la Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud. Y si tiene dudas, pregúntele directamente a un médico, no a lo que ve en los foros de redes sociales”, apuntó la infectóloga.

En una entrevista anterior, Roberto Arroba, coordinador de inmunizaciones del Ministerio de Salud, habló del riesgo de no vacunar a la población: “hay quienes piensan en que es mejor crear inmunidad natural y dejar que el organismo cree sus propios anticuerpos. Sin embargo, está comprobado que, después de la potabilización del agua, las vacunas son la medida de salud pública que más vidas ha salvado".