“¿Vieron al gringo que me desayuné hoy? ¿Está celosa de no haberse encontrado uno así para usted?”.
Con esas palabras, Ivannia Montiel hizo carcajearse a más de una y uno junto a la fuente de la plaza de la Cultura.
Y es que la confisgada, en cuestión de cinco minutos, abordó ayer por la mañana a un desconocido y le zampó tres suculentos besos.
Se trataba de Andrés Dick, turista estadounidense quien caminaba tranquilamente por el bulevar de la avenida central josefina y a quien Montiel detuvo en seco para decirle: “¿Un beso para un casting ?”. Ante la pregunta, sin mucho titubear, él respondió: “ Sure, no problem (Claro, no hay problema)”.
Y así, tres besos después, él gringo simplemente se fue, pero a ella le hizo el día. Y ella, a todos los demás, pues la felicidad era notoria.
Este no fue el único beso público de ayer. Decenas se reunieron, convocados por la Revista Dominical de La Nación, para una especie de “besatón”, que no era tal.
Este fue más bien un primer ejercicio que, sin tinte político, ideológico y más bien científico, busca indagar en la historia y las reacciones biológicas y químicas de este gesto animal y, por ende, también humano.
No consistió en un estudio clínico. Tampoco fue una manifestación o protesta. Participaron 60 parejas. “Esta es una actividad muy simpática, que debe recordarle a la gente que no debe temer a mostrar sus sentimientos en público”, dijo Rolando Pérez, tras besar a su esposa. Su hija Mónica, de 19 años, celebró: “Me encanta que mis papás se besen en público, me siento orgullosa. Yo, por ejemplo, nunca vi a mis abuelos besarse”.
Más que besos, lo que abundó ayer fue la malicia, las risas cómplices y la curiosidad típica de los ticos –por no decir que las ganas de vinear–.
Durante la jornada abundaron los casados. Curiosamente, los jóvenes se mantuvieron, más bien, alejados de los flashazos . “Esto de los besos en público es lindo, es diferente. Es desmitificar la cultura de que los besos son prohibidos y malos. Son muestras de afecto”, dijo Adriana Floriam, de Puntarenas.
La pregunta que quedó en el aire es: ¿Y cuándo la repiten para conseguirme a alguien? Y es que parece que todos (besucones y no) coincidieron en que a veces solo falta un beso para alegrarse el día. ¿Ya fue por el suyo?
Más información sobre la historia y los beneficios para la salud del beso, así como del fenómeno conocido en redes como #foreveralone (por siempre solo) y sobre la adicción al amor serán abordados en profundidad en la edición del 10 de febrero de la Revista Dominical.