Monserrath Vargas L.. 21 noviembre, 2013

Las mujeres con el hábito de irse a la cama a la misma hora, y despertar en idéntico horario, tienden a tener menor cantidad de grasa corporal.

Así lo sugiere una investigación publicada por el American Journal of Health Promotion.

 Las mujeres que dormían entre 8 y 8,5 horas tenían un índice de grasa corporal óptimo. | MARVIN CARAVACA.
Las mujeres que dormían entre 8 y 8,5 horas tenían un índice de grasa corporal óptimo. | MARVIN CARAVACA.

Los patrones de sueño, según el estudio, deben tener una medida justa, pues dormir menos de seis horas y media o más de ocho horas y media también aumenta la grasa corporal.

El profesor Bruce Bailey es el encargado principal del estudio realizado por Brigham Young University .

Bailey evaluó a 300 estudiantes de las principales universidades estadounidenses durante una semana.

Las jóvenes se encontraban en edades entre 17 y 26 años.

Las muchachas se evaluaron al comenzar el estudio y, posteriormente, se registró el movimiento o actividad física que realizaban durante el día, así como sus patrones de sueño en la noche.

Según Bailey, el principal hallazgo del estudio es que las mujeres con idéntico horario para acostarse y levantarse, eran más propensas a conservar bajos niveles de grasa corporal. La situación cambiaba para quienes tenían una variación de hasta 90 minutos en sus horarios semanales para acostarse y despertar.

Este último grupo tendía a mayor grasa corporal, en comparación con quienes apenas tenían una diferencia de 60 minutos en sus horas para ir a la cama y salir de ella en las mañanas.

Sueño y grasa. ¿Por qué el sueño y la grasa corporal están relacionadas? El investigador Bailey lo explica con la higiene del sueño: “Alterar este factor puede influir sobre los patrones de actividad física de las personas y afectar hormonas relacionadas con el consumo de alimentos, lo que contribuye al exceso de grasa corporal”.

En ese sentido, otros estudios, como el publicado en 2012 por la revista Canadian Medical Association Journal (CMAJ), confirman el punto de Bailey.

La investigación aplicada a 1.000 canadienses-que intentaban bajar de peso -demostró que dormir menos estimulaba el deseo de comer más y afectaba las hormonas que regulan el apetito.

Pero ese trabajo aseguraba que lo recomendable es dormir entre seis y 10 horas al día.