Irene Rodríguez. 11 abril
Las vacunas son una de las medidas de salud pública que más vidas ha salvado. Fotografía: Shutterstock
Las vacunas son una de las medidas de salud pública que más vidas ha salvado. Fotografía: Shutterstock

Abril es el mes mundial de la vacunación. Este año el objetivo fundamental de los especialistas y organizaciones de la salud es desmitificar las ideas erróneas que existen en relación con estos productos. La Nación conversó con farmacéuticos, médicos y revisó estudios científicos para ahondar sobre mitos y verdades.

1- Las vacunas están relacionadas con el autismo

Este es uno de los mitos más desmentidos, una y otra vez, y, sin embargo, continúa siendo de los más difundidos. Numerosos estudios, publicados en los últimos años en revistas científicas, han mostrado que la vacuna contra sarampión, rubéola y paperas (SRP) no aumenta el riesgo de autismo, tampoco “activa” el autismo en niños susceptibles y no está asociada con “encapsular” un autismo que pueda liberarse años después de la vacunación.

¿De dónde surge esta idea? En febrero de 1998 un documento sin ningún sustento científico publicado en la revista médica The Lancet sugería un vínculo entre el autismo y la vacuna contra el sarampión, rubéola y paperas.

Andrew Wakefield, un médico británico, afirmaba que 12 menores sufrieron ese padecimiento tras ser vacunados contra sarampión, rubéola y paperas. De acuerdo con el autor, el llamado “timerosal”, una sustancia conservante (con base en mercurio), era la que causaba estos padecimientos.

Esto hizo que miles de padres de familia dejaran de vacunar a sus hijos por miedo a estas secuelas. El sarampión comenzó a resurgir con brotes, primero en Inglaterra y luego en otros países europeos.

En el 2010, la revista The Lancet se retractó del estudio y Wakefield perdió su licencia médica. No obstante, el daño a la salud pública ya estaba hecho, pues a la fecha hay agrupaciones antivacunas que se amparan en aquel texto de Wakefield.

2- El cuerpo tiene defensas ‘naturales’ que le ayudan con la lucha contra enfermedades

Esto no aplica en el caso de las enfermedades que las vacunas buscan evitar. Sí es cierto que nuestro sistema de defensas (o inmunidad innata) es bastante eficiente, pero para las infecciones causadas por determinados virus no lo es y por eso se hace necesaria la vacuna para reforzar las defensas.

Las vacunas trabajan con algo llamado memoria imunológica. La primera vez que un microorganismo potencialmente dañino se pone en contacto con el sistema inmune se produce una respuesta primaria. Tras un segundo encuentro la respuesta no es solo más rápida, sino que es también más intensa.

“La vacuna es un medio de protección que genera anticuerpos o defensas. Es agarrar al virus, quitarle la parte más virulenta, aplicarlo, que el sistema inmunitario lo identifique y genere anticuerpos para evitar la enfermedad”, manifestó la farmacéutica Ana Zhen.

Su colega Larry Ramírez agregó: “es un medicamento, pero a diferencia de la mayoría lo que busca no es curar si no prevenir”.

3- No necesitamos todas las vacunas que están en el esquema

Uno de los argumentos más comunes de los grupos antivacunas en los últimos años es decir que ellos no están en contra de todas las vacunas, si no, de la “gran cantidad de dosis que se reciben". Buscan esquemas más pequeños y piden “vacunas más seguras”.

Hay quienes afirman que no es necesario repetir dosis o revacunarse, por ejemplo, contra el tétano. Mas esto sí es necesario.

“Hay vacunas que solo se requieren una vez en la vida, pero las que requieren más de una es porque se necesitan. La tendencia sí es de que cada vez haya menos dosis para tener protección completa, y hacia ahí va encaminada la investigación, pero se debe tener comprobado. Un tico con su esquema de vacunación completa está seguro, pero con solo que le falte una estaría más expuesto", puntualizó Ramírez.

“No es posible que una persona se muera por enfermedades que pueden prevenir las vacunas”, agregó.

Zhen complementó: “lo que nos da la pauta sobre cuántas dosis, en qué momento y para qué poblaciones, son estudios científicos, no es algo antojadizo”.

4- Las vacunas tienen ciertos ingredientes inseguros, algunos de ellos podrían estar implicados con el desarrollo de cáncer

No. Este es uno de los enunciados más pronunciados por los grupos antivacunas en los últimos meses, en los que piden vacunas seguras.

“Para que una vacuna llegue a aprobarse pasan años de pruebas para determinar eficacia y seguridad, y aún después de aprobadas se siguen monitoreando de cerca los efectos secundarios”, expresó Zhen.

La mayoría de los efectos secundarios son leves e incluyen dolor y comezón en el sitio de la inyección, dolor de cabeza, dolor de cuerpo y en algunos casos un poco de fiebre.

“Sí hay efectos secundarios, pero no tan graves como algunos los quieren hacer ver. Lo mismo pasa con cualquier otro medicamento", destacó Ramírez.

Zhen agregó: “pero si a usted se le presenta un efecto diferente, sí es necesario que lo comente con su médico para que sea reportado, es parte del seguimiento que se le confiere a una vacuna cuando ya es parte de un sistema de salud”, apuntó Zhen.

5- La vacuna contra el papiloma es insegura

La inoculación que más está en la picota en estos días es la que se aplica contra el virus del papiloma humano (VPH), ya que hay quienes temen por posibles efectos secundarios.

En febrero pasado, la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) indicó que esta vacuna es es segura, eficaz y una medida contundente y necesaria en la lucha contra el cáncer de cérvix.

De acuerdo con el ente internacional, adscrito a la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se diagnostican unos 570.000 tumores de este tipo en el mundo y ocurren 310.000 muertes, la mayoría en países en desarrollo. Si esto no se controla, para el 2040 los fallecimientos anuales ascenderán a 460.000.

“Rumores infundados hacia la vacuna contra el VPH continúan impidiendo o retrasando innecesariamente la vacunación, la cual es crítica para prevenir el cáncer cervical”, evidenció en dicho comunicado Elisabete Weiderpass, directora de la IARC.

Dentro de los rumores está una situación sucedida en Colombia, donde un grupo de niñas aseguró que esa vacuna les generó lesiones que van desde dificultad para caminar hasta parálisis total.

En abril pasado, una costarricense también denunció que la misma vacuna la tiene con parálisis desde hace un año.

"El Comité Asesor Global de Seguridad de las Vacunas (SAGE, por sus siglas en inglés) sigue recomendando su uso. En muchos casos son problemas de salud que coinciden con el tiempo en el que se hizo la vacunación, pero no quiere decir que sea la vacuna la que haya causado esos males”, destacó el médico costarricense Rolando Herrero, coordinador de la Sección de Detección Temprana y Prevención del IARC y jefe de la Grupo de Investigación de Trabajo en el Iniciativa de Eliminación del Cáncer de Cérvix de la OMS.

6- Siempre que me vacuno contra la gripe, me da gripe

Primero debe tenerse clara la diferencia entre una gripe o influenza y el catarro o resfrío común. No, no son sinónimos. Mientras el resfrío (originado por los llamados rhinovirus) suele ser inofensivo, la gripe (que es causada por el virus de la influenza) es un mal de cuidado. A diferencia de la gripe, el resfrío rara vez se manifiesta con fiebre y dolor de cabeza. Además, en muy pocas ocasiones “vuelca” en cama al paciente, cosa que sí pasa con la influenza.

En otras palabras, el catarro o resfrío se caracteriza por estornudos, tos y mucosidad, la persona tal vez sienta un poco de debilidad, pero sigue su vida normalmente.

La influenza postra a la persona en la cama con fiebre, debilidad, escalofríos y dolores de cabeza y cuerpo mucho más fuertes. En personas muy vulnerables como niños, adultos mayores, embarazadas, o pacientes con enfermedades crónicas, este virus puede complicarse con infecciones respiratorias serias, neumonía e incluso la muerte. Por este tipo de secuelas se hace necesaria una vacuna, especialmente en las poblaciones de más riesgo.

“Es saber contra qué nos estamos protegiendo y tener claras las diferencias. La vacuna no previene catarros ni mocos, si no neumonía, infecciones respiratorias. La reacción usualmente pueden ser síntomas similares a los del catarro, pero lo que quiere prevenirse son las infecciones serias”, destacó Zhen.

Por otra parte, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la inmunidad contra el virus de la influenza tarda dos semanas en desarrollarse, así que la persona podrían haber contraído influenza justo antes o después de ponerse la inyección. Por lo que esta era una infección ya en ciernes.

¿Por qué la vacuna de la gripe debe replicarse todos los años y no es tan “definitiva” como las otras? Porque los virus que circulan no siempre son los mismos y pueden mutar y cambiar, y con esto, pierde la eficacia de la vacuna del año anterior.

7- Nada pasa si me salto una dosis y el esquema no está completo

Cada dosis tiene una razón de ser, cada dosis es necesaria para obtener la inmunidad necesaria.

“Pasa mucho con la vacuna contra el tétano. Muchas personas no entienden por qué debe ponérsela cada diez años, pero es necesario para obtener la inmunidad contra la bacteria”, aseguró Ramírez.

En una entrevista anterior, el médico Alexánder Romero recordó: “nos ha pasado ver llegar gente con una punzada en la piel por un clavo, con un accidente automovilístico o con un accidente laboral y el no tener la vacuna ha complicado su tratamiento”, señaló Romero.

Una infección por tétanos puede causarle espasmos en todo el cuerpo y llevar a un “bloqueo” de la mandíbula, lo que le impide a la persona tragar.

8- El cuerpo no pierde inmunidad contra los virus causantes de enfermedades

En algunos casos sí lo hace, pero como hay gran cantidad de personas vacunadas, no hay problema mayor de una infección. A esto se le conoce como efecto rebaño, donde toda la población vacunada protege a quienes no pueden ser vacunados o a quienes si van perdiendo inmunidad.

Tal vez el caso más documentado de cómo se pierde inmunidad es con las paperas o parotiditis. En marzo del 2018, un estudio de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, publicado en la revista Science Translational Medicine, mostró que la vacuna pierde eficacia en promedio 27 años después de aplicada.

Varios países del mundo han registrado aumentos de esta enfermedad, y los investigadores recomendaron un refuerzo de esta vacuna a los 18 años de edad, pero la OMS no se ha pronunciado sobre ello.

9- Se puede dar una 'sobredosis’ si me vacuno muy seguido

Cada vacuna es diferente, pero, al estar formadas por porciones del virus o bacteria que no causan la enfermedad, si no que es este microorganismo atenuado o más bien proteínas de dicho patógeno, hace que sea seguro. Si por error una persona se aplica más de una dosis o el tiempo que transcurra entre una dosis y otra sea menor, esto –en la gran mayoría de los casos– no implica una sobredosis ni efectos secundarios mayores.

10- Todas las personas pueden ser vacunadas sin problema

No. Hay quienes no pueden recibir vacunas y por eso las personas sanas deben vacunarse, para proteger así a esta población de las enfermedades (efecto rebaño, explicado anteriormente).

Dentro de los grupos que no pueden recibir vacunas están los recién nacidos, personas con algunas enfermedades graves, algunos pacientes con VIH, gente que tiene el sistema inmunitario deprimido por algún padecimiento o quienes recibieron un órgano y deben tomar medicamentos que debilitan sus defensas para no rechazar el órgano.

En el caso de los individuos con alergias muy graves al huevo, se recomienda que no reciban la vacuna contra la influenza, pues esta es cultivada en huevos de pollo y para eso se extrae la proteína.

Sin embargo, la ciencia ha logrado que muchas personas que antes no podían recibir vacunación ahora sí puedan hacerlo. Lo mejor siempre será consultar al médico.